¿Qué es el copón y por qué es uno de los objetos más sagrados de la Misa?
El copón es uno de los vasos sagrados más importantes de la Iglesia. Descubre su historia, significado y función en la Eucaristía.
En cada celebración de la Santa Misa hay objetos litúrgicos que, aunque muchas veces pasan desapercibidos para los fieles, poseen una enorme importancia espiritual y simbólica. Uno de ellos es el copón, el recipiente sagrado destinado a contener las hostias consagradas, es decir, el Cuerpo de Cristo.
La Iglesia Católica considera al copón uno de los vasos sagrados más importantes dentro de la liturgia eucarística, porque en él se conserva la Santísima Eucaristía para la comunión de los fieles y para la adoración en el Sagrario.
¿Qué es el copón?
El copón —también llamado ciborio— es un vaso sagrado parecido a un cáliz, pero con tapa, utilizado para guardar las hostias consagradas. Su función principal es reservar la Eucaristía después de la Misa dentro del Sagrario y distribuir la Comunión a los fieles.
La Instrucción General del Misal Romano (IGMR) incluye al copón entre los vasos sagrados destinados a recibir las hostias, junto con la patena, el ostensorio y el portaviático.
Aunque hoy suele tener forma de copa con base, tallo y tapa, su diseño ha evolucionado a lo largo de los siglos conforme crecieron la devoción eucarística y las necesidades litúrgicas de la Iglesia.
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¿Cuál es el origen e historia del copón?
En los primeros siglos del cristianismo, la Eucaristía se reservaba en recipientes sencillos, muchas veces pequeñas cajas de madera, marfil o metal llamadas “turres” o píxides, que servían sobre todo para conservar las hostias destinadas principalmente a los enfermos y moribundos.
Con el paso del tiempo y el fortalecimiento de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la Iglesia comenzó a utilizar recipientes más dignos y elaborados. De este modo, hacia el siglo XI apareció la píxide con tapa y, posteriormente, entre los siglos XV y XVI, surgió la forma actual del copón, semejante a un cáliz cubierto.
Cabe destacar que la evolución del copón estuvo profundamente ligada al desarrollo de la adoración eucarística y a la práctica de reservar el Santísimo Sacramento dentro del Sagrario.
¿Para qué se utiliza el copón?
El copón tiene varios usos litúrgicos fundamentales, como:
- Contener las hostias que serán consagradas durante la Misa.
- Distribuir la Comunión a los fieles.
- Reservar la Eucaristía dentro del Sagrario.
Durante la celebración eucarística, las hostias pueden colocarse en una patena amplia o directamente en copones más pequeños, especialmente cuando participan numerosos fieles. Mientras el copón contenga la Eucaristía debe permanecer tapado, salvo cuando se utiliza para dar la Comunión. Después de la Comunión, las hostias consagradas que permanecen se reservan cuidadosamente dentro del copón y se colocan en el Sagrario.
Por esa razón, el copón no es considerado un recipiente ordinario, sino un objeto destinado exclusivamente al culto divino.
¿Cuándo se utiliza?
El copón se utiliza especialmente cuando, durante la celebración Eucarística, se consagran numerosas hostias para la Comunión de los fieles. Estas se colocan dentro del copón antes de iniciar la Santa Misa para ser llevadas en la presentación de los dones y, una vez transubstanciadas, contienen verdaderamente el Cuerpo del Señor, que es distribuido sacramentalmente a los fieles.
El copón cuenta siempre con una tapa, generalmente abombada y coronada por una pequeña cruz, la cual protege las hostias eucarísticas y manifiesta la reverencia debida al Santísimo Sacramento.

¿De qué materiales debe fabricarse y por qué?
La Iglesia establece normas muy precisas sobre los materiales de los vasos sagrados. La IGMR, en su numeral 329, señala que el copón debe fabricarse preferentemente de metal noble. Si se utiliza un metal oxidable o menos noble que el oro, debe dorarse por dentro, precisa el numeral 328.
También pueden emplearse otros materiales sólidos y dignos —como ciertas maderas duras— siempre que sean aprobados por las conferencias episcopales y la Santa Sede, y que no se rompan ni deterioren fácilmente.
La razón de estas normas es profundamente teológica: el copón contiene el Cuerpo de Cristo. Por ello, la Iglesia pide que sea fabricado con materiales nobles, resistentes y bellos, que expresen reverencia hacia la Eucaristía.
Además, algunos documentos litúrgicos han prohibido el uso de recipientes comunes o frágiles, como vasos de vidrio ordinario, barro o materiales de escaso valor artístico, porque no manifiestan adecuadamente la dignidad del Sacramento.
¿Cuáles son las partes del copón?
Aunque existen distintos estilos artísticos según las regiones y épocas, tradicionalmente el copón posee las siguientes partes:
- Copa: recipiente donde se colocan las hostias consagradas.
- Tapa: sirve para proteger y cubrir el Santísimo Sacramento.
- Nudo o perilla: parte central que facilita sostenerlo.
- Tallo: une la base con la copa.
- Base o pie: proporciona estabilidad.
Cabe destacar que muchos copones también incluyen ornamentación litúrgica, grabados religiosos, cruces o símbolos eucarísticos, siempre con la finalidad de resaltar el carácter sagrado de estos objetos litúrgicos.

¿Qué significado espiritual tiene el copón?
El copón posee un profundo significado dentro de la fe católica porque está íntimamente relacionado con el misterio de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
No se trata solamente de un objeto litúrgico decorativo, sino de un vaso sagrado que custodia aquello que la Iglesia reconoce como el verdadero Cuerpo de Cristo. Por ello, el copón expresa:
- La reverencia hacia la Eucaristía.
- La dignidad del sacrificio eucarístico.
- La permanencia de Cristo entre su pueblo.
- La comunión de la Iglesia reunida alrededor del altar.
Por esta razón, el copón debe bendecirse antes de utilizarse en la liturgia y recibir un trato especialmente cuidadoso. Esta bendición, que se lleva a cabo con la fórmula del “Benediction tabernaculi”, señala el sitio Liturgia Papal, la puede realizar el obispo o cualquier presbítero. Es de destacar el hecho de que el copón solo lo manipulan ministros autorizados según las normas de la Iglesia.
En muchas iglesias, además, el copón permanece cubierto con un pequeño velo llamado cubrecopón o capillo, como signo adicional de veneración hacia el Santísimo Sacramento.
Así, detrás de este objeto aparentemente sencillo se encuentra uno de los mayores tesoros de la fe católica: la presencia viva de Cristo en la Eucaristía. Por ello, su cuidado, su dignidad y su uso adecuado son expresión de la fe de la Iglesia en el misterio eucarístico y del culto de adoración debido al Señor presente en el Santísimo Sacramento del altar.




