¿Por qué orar por los difuntos y no solo recordarlos?
Orar por los difuntos los ayuda espiritualmente. Te explicamos por qué la Iglesia lo recomienda y qué dice el Catecismo.
La Iglesia católica recomienda orar por nuestros difuntos porque lo considera como un acto de caridad que ayuda a las almas que se encuentran en el purgatorio a acelerar su purificación a fin de que puedan entrar en la presencia de Dios.
Esta práctica se basa en la fe que los católicos tienen en la vida eterna, la comunión de los santos y la creencia de que la oración intercesora puede beneficiar a quienes han fallecido y están en enfrentando un proceso de purificación.
Según la enseñanza de la Iglesia católica, cuando una persona muere su alma se separa del cuerpo y de inmediato experimenta un “juicio particular” ante Dios, por lo que dependiendo de su estado de gracia su alma se va al cielo, al experimentar una unión eterna con el Señor; al purgatorio, para afrontar un proceso de purificación final; o al infierno, para enfrentar una condenación eterna.
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¿Por qué debemos orar por los difuntos?
El padre Salvador Barba Maldonado, sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México explicó que no sólo debemos recordar a nuestros difuntos, sino que también debemos orar por ellos porque la oración es considerada una obra de misericordia y un deber porque por medio de ella buscamos su descanso eterno, la gloria y la salvación de su alma.
“La iglesia recomienda orar por los difuntos, y no solo recordarlos, porque somos hombres de fe y confiamos en la resurrección y en la vida. Además, orar por los difuntos es un mandato que está enmarcado en las obras de misericordia, específicamente orar por el descanso eterno de los difuntos para que participen y alcancen la gloria y la salvación”, indicó.
La importancia de esta oración, añadió en entrevista con Desde la fe, radica en el hecho de que se recuerda que se caminó junto a ellos en el amor, y por amor, por lo que debemos ser solidarios con su salvación y su descanso eterno, lo que incluye a las ánimas del purgatorio, “para que pasen a la patria celestial y a la gloria del cielo”.
“La oración por los difuntos es importante por la nostalgia en el amor, fruto del amor, y en la certeza de que el Señor dio su vida para redimirnos, sacarnos del pecado, vencer a la muerte y darnos la vida eterna, la resurrección y el gozo pleno. Se ora para que los difuntos no queden en la muerte ni en el purgatorio, sino que alcancen la plenitud de la resurrección y de la vida”, afirmó el padre Barba.
¿Qué significa “orar por los difuntos”?
No se trata de recordar simplemente a las personas que amamos, sino de elevar intenciones a Dios por ellos, confiando en la misericordia divina, así esta oración se vive especialmente en la Santa Misa, donde la Iglesia intercede dirigiendo a Dios su súplica por todos los fieles difuntos, de acuerdo con el Canon Romano:
“Acuérdate, Señor, de tus hijos que nos han precedido en el signo de la fe y duermen el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, te rogamos les concedas el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
“Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron con la esperanza de la resurrección y de todos los que han muerto en tu misericordia; admitelos a contemplar la luz de tu rostro”.
Este gesto litúrgico es expresión de esperanza cristiana, porque proclamamos que Cristo ha vencido la muerte y que todos los que mueren en su amistad participarán de la vida eterna.
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¿Qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre orar por los difuntos?
El Catecismo de la Iglesia Católica señala en su numeral 1030 que quienes mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. Dicha purificación final, explica, se lleva a cabo en el purgatorio.
En el numeral 1032 señala que “desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos”.
Así, para orar por nuestro difuntos, indicó el padre Salvador Barba Maldonado, ex encargado de Pastoral Litúrgica de la Arquidiócesis de México, “podemos reunirnos en familia para orar juntos, tomar las lecturas de la Misa del día, leerlas y meditarlas, rezar el Santo Rosario y la Coronilla de la Misericordia”.
“También podemos incluir oraciones que tengamos y sepamos, no importa tanto la forma, sino la oración sincera que surge del corazón, de poner nuestra confianza en Dios que da la resurrección a quienes se nos han adelantado”, puntualizó el sacerdote.
¿Qué otras acciones ayudan a los difuntos?
Además de la oración constante, la Iglesia propone otras formas para apoyar a las almas de nuestros difuntos que han partido:
- Ofrecer la Santa Misa por los difuntos: La Eucaristía es la oración más poderosa de la Iglesia, uniendo el sacrificio de Cristo con nuestras súplicas por los fieles difuntos.
- Indulgencias, limosnas y obras de penitencia: El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que obras de caridad, penitencia y limosnas pueden ofrecerse por las almas del purgatorio, demostrando amor y solidaridad espiritual.
- Visitar cementerios y rezar el Rosario: Especialmente en el mes de noviembre, la Iglesia anima a los fieles a visitar los lugares de descanso de los difuntos y a rezar por ellos, manifestando fe en la vida eterna.
- Testimonio de vida cristiana: Vivir según el Evangelio, participar en los sacramentos y buscar la santidad no sólo glorifica a Dios, sino que une a los vivos con los que han partido en la esperanza de la resurrección.
Es importante recordar que la oración por los difuntos no es sólo un recuerdo emocional, sino una acción de fe, esperanza y caridad, por ello la Iglesia, respaldada por la tradición y la doctrina católica, nos invita a orar por quienes han partido, confiando en la misericordia de Dios y en la comunión que nos une como Cuerpo de Cristo.



