¿Qué es el demonio del mediodía y qué tiene que ver con la crisis de los 40?
La crisis de la mediana edad no solo tiene una dimensión psicológica. Desde hace siglos, la tradición cristiana habla de la acedia o "demonio del mediodía", una tentación que lleva al desánimo y a la pérdida del sentido de la vida. Especialistas explican cómo reconocerla y enfrentarla.
Hay un momento en la vida en que muchas personas comienzan a hacerse preguntas que nunca antes habían formulado con tanta intensidad: ¿He aprovechado mi vida? ¿Soy realmente feliz? ¿Todavía puedo cambiar? ¿Qué pasará conmigo en los próximos años?
No siempre ocurre exactamente a una edad, pero suele aparecer cuando la juventud deja de sentirse infinita. Las primeras canas, los cambios físicos, los hijos que crecen, los padres que envejecen o la sensación de que algunos sueños quedaron atrás pueden desencadenar una etapa de profundas dudas que la psicología conoce como crisis de la mediana edad (conocida popularmente como la crisis de los 40).
Sin embargo, desde hace siglos la tradición cristiana ya había descrito una experiencia muy parecida. Los antiguos monjes hablaban de la “acedia”, también llamada el demonio del mediodía: una tentación que aparece justamente cuando la vida parece estar en su plenitud y que lleva al desánimo, a la pérdida del sentido y al abandono de aquello que realmente vale la pena.
¿Existe relación entre la conocida “crisis de la mediana edad” y el “demonio del mediodía”? Especialistas en psicología y espiritualidad coinciden en que, aunque no son exactamente lo mismo, la crisis de la mediana edad puede convertirse en un terreno fértil para que aparezca la acedia si la persona pierde la esperanza y deja de cuidar su vida interior.
¿Qué es la crisis de la mediana edad y cómo se manifiesta?
Ana Gertrudis Segundo Mejía, psicóloga, maestra en tanatología y facilitadora de CEFALAE, explica que todas las personas vamos a entrar en una crisis llamada “crisis de la mediana edad”, o “crisis de los 40”. Este término es una propuesta que hizo el psicólogo Elliot Jacques en 1965.
Ana explica que todas las personas, independiente de su situación personal, pueden pasar por esta crisis, pues implica cambios biológicos. De hecho, en las mujeres infiere mucho lo hormonal, por lo que llegan a sentirse más tristes, decaídas o angustiadas. Por otro lado, los hombres no son tan expresivos emocionalmente, pero pueden llegar a verse más molestos, irritables e inquietos.
“Esta crisis se da porque la persona siente que su vida está cambiando físicamente y empieza a cuestionarse situaciones en torno a lo social”, menciona.
Una persona alrededor de los 40 años, además de darse cuenta de cambios físicos como las canas, la presencia de arrugas, también empieza a notar que su entorno está cambiando:
“Empieza a hacer comparaciones y eso lo hace vulnerable”, comenta Ana. “Es algo que provoca afectaciones por aspectos culturales: se exalta la juventud, a lo nuevo se le da más valor y también la persona llega a cuestionarse cuántos años le quedarán de vida”.
¿Cómo afecta la crisis de los 40?
Las afectaciones pueden variar dependiendo de las herramientas emocionales con las que cuente la persona, como la salud de su autoestima e incluso el acompañamiento con el que cuente en esta etapa (familia, amistades, espiritualidad, etc.).
La vulnerabilidad puede provocar que una persona que no cuente con un acompañamiento sano, desee hacer cambios en su vida, tomando decisiones drásticas que pueden ir en contra de su salud.
“Es importante notar si la persona se siente demasiado deprimida. La crisis de la mediana edad tiene periodos depresivos o de ansiedad que se manifiestan en que ya no puede continuar con sus actividades cotidianas”, explica Ana.
TE RECOMENDAMOS:
¿Tienes ansiedad? Descubre cómo entregarla a Dios
Crisis del diablo: cuando se va al extremo
Cuando una persona se abandona a sí misma, puede verse tentada a tomar decisiones que afecten su vida de manera drástica en todas las dimensiones: la psicológica, la biológica, la social y la espiritual.
Por este motivo, algunos psicólogos conocen la crisis de la mediana edad como la “crisis del diablo”. “Esto se debe a que algunas personas se van a los extremos en relación con la toma de decisiones, ir hacia el mal sin importar a quién o a qué afectan”, explica Ana.
La edad de los 40 es una forma de decir que estamos a la mitad de la vida. “Nos damos cuenta de que ya no estamos tan jovencitos y nuestra vida ya no va a ser tan larga”, comenta Ana.
Esto puede provocar angustia, depresión, especialmente a las personas que miran hacia atrás y comienzan a pensar en el “hubiera”. Ana explica que estos pensamientos son muy duros, pero son normales al acercarse a esta edad.
“El riesgo que corre una persona con crisis es que no ve que su vida puede ser mejor, pues pierde la esperanza y tiene miedo”.
En este caso, la mente puede dominar el cuerpo y las personas pueden dejar de tener actividad física, les cuesta levantarse de la cama y hasta dejan de bañarse. También la mente los traiciona empezando a imaginar escenarios negativos posibles. Esto frena a la persona y deja de hacer cosas.
¿Cuándo se manifiesta la acedia?
Marco Antonio Escudero Lores, licenciado en Filosofía Antropológica de la Universidad Gregoriana de Roma, explica que la crisis de la mediana edad puede relacionarse con la acedia, en relación a la pérdida del cuidado de la persona:
“La acedia no es simplemente una actitud de flojera, sino algo todavía más profundo: se da cuando la persona que sufre ha perdido un vínculo de amor”.
Esta “pérdida” del cuidado también se puede manifestar en el desinterés de hacia la pareja, la familia, la profesión y también la vocación.
¿Cómo afecta la crisis de los 40 la vida espiritual?
Durante esta crisis, la fe también puede verse afectada y cuestionar a Dios sobre cómo ha sido su vida.
“La persona cae en reclamaciones respecto a lo que ha vivido. En la crisis de la mediana edad te puedes escoger a ti mismo y ya no pensar en lo demás, incluyendo a Dios. Entonces, podría presentarse una separación”, explica Ana. “En la crisis nos inclinamos más a lo que sentimos y dejamos de hacer oración”.
La acedia, durante una crisis, nos toma vulnerables y corremos el riesgo de sufrir los vicios.
“El vicio es algo que en algún momento yo permití que entrara en mi vida y lo voy fomentando o lo puedo erradicar. El problema es que si lo voy fomentando, se va haciendo más grande y nos va invadiendo cada vez más”, explica Marco.
De acuerdo con el padre Alberto Medel, miembro del Colegio de Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México, la acedia comienza a manifestarse en un malestar que la gente identifica como cansancio que lleva al descuido, algo que en la teología moral se conoce como “error de juicio”.
”Es como ir en una carretera en la que poco a poco se va subiendo la velocidad a tal grado que el neumático se sobrecalienta, explota y ocurre un accidente”.
Entonces, la acedia ocurre cuando uno va perdiendo esta capacidad de juicio de poner límites, de saber hacia dónde me lleva el desorden, el descuido y no al poner atención en nuestra persona o hacia otros.
A mitad de la vida y de sucesos importantes: el “demonio meridiano”
Los primeros monjes describían la acedia como una tentación que aparecía cuando el sol estaba en lo más alto. Esta es una referencia al salmo 91, 5-6: “No temerás… el azote que devasta a mediodía”, que también se refiere al periodo de mayor calor en el desierto, de acuerdo con el filólogo y Doctor en Sagradas Escrituras, Fernando Rivas Rebaque.
“Esta es una analogía interesante porque no se trata del amanecer o el atardecer, sino del mediodía; es decir, en la plenitud de la luz, cuando todavía queda mucho camino. La acedia, o demonio del mediodía, se da en un momento en que el ser humano tiene todas sus capacidades y fuerza, pero es una trampa peligrosa donde dejamos que lo superficial tome prioridad y dejamos de mirar lo valioso y trascendente”, explica Marco.
Ana comparte que la crisis de los 40 es la más aguda, pues al sentir que se va a la mitad de la vida, entra una desesperación y se hace preguntas como “¿Qué estoy haciendo?”, “¿Por qué me hace falta ser más feliz?”, “¿Qué debo de dejar?” Esa es la angustia.
Además de la edad, Marco refiere a que la acedia también puede manifestarse, no sólo en una etapa de la edad, sino en diferentes aspectos, como proyectos en los que se presentan adversidades, una pareja que lleva varios años de matrimonio, incluso en la vocación religiosa.
“La acedia no es una tentación circunscrita solamente a la edad”, confirma el padre Medel. “Es una tentación que a la mitad del camino nos introduce hacia una especie de desaliento, de desánimo, por eso el apodo de de demonio del mediodía, porque puede ser a la mitad de la vida, a la mitad de un proyecto, a la mitad de una decisión en la vida”.
¿Cómo enfrentar la acedia en la crisis de los 40?
El Papa Francisco, en su Audiencia General del 14 de febrero de 2024, habló especialmente sobre la acedia, “cuando la fatiga está en su ápice y las horas que nos esperan nos parecen monótonas, imposibles de vivir”.
Compartió que el demonio, busca precisamente destruir la alegría “del aquí y el ahora” haciendo sentir a las personas que no vale la pena preocuparse por nada ni por nadie. Por eso invita a vencer la acedia a toda costa, una batalla de la que ni siquiera los santos se han librado.
1. El primer consejo que compartió fue el de tener “paciencia en la fe”, teniendo el valor de permanecer y acoger el “aquí y ahora”, tomando la situación tal como es en la presencia de Dios.
2. También recomienda tener una medida de compromiso más pequeña, “fijarse metas más al alcance de la mano”. El padre Medel recomienda reconocer los pequeños detalles. Por ejemplo, en las parejas, aquellos gestos de los que una vez se enamoraron, “darme cuenta de que la vida se construye de pequeñas decisiones”.
3. El padre también comparte que el secreto para vencer la acedia también está en la perseverancia, una virtud contraria a la acedia. “Jesús lo dice en el Evangelio. Él continuamente habla de que debemos perseverar cuando nos enseña a orar”.
Recuerda que tu vida tiene un propósito
4.Por su parte, Marco recomiendano perder el propósito de vida que nos ha dado Dios:
“Hemos sido creados para el amor y para la plenitud. Y eso solamente se da en el sentido o propósito de vida. Y eso es lo que mueve nuestra vida, tener la mirada puesta en ese horizonte”. Explica que el propósito de la vida no es algo que se construye, sino que se descubre. “Reconocer que Dios ha puesto en mi vida una vocación, un camino, y me ha dado libertad para seguirlo”.
TE RECOMENDAMOS:
La importancia de cuidar y acompañar una vocación sacerdotal
Hábitos para fortalecernos durante las crisis de la edad
Ana comparte hábitos cotidianos que pueden ayudar a fortalecernos y enfrentar las crisis.
- Cuida siempre la autoestima: acéptate como eres, evita compartarte y reconoce tus emociones.
- Cuida lo social, ten una red de apoyo. Busca con quién puedes hablar en determinado momento.
- Sé amable con los demás.
- Cuida tu fe, tu relación con Dios. Agradece por tu felicidad y ponte en sus manos.
- Cuídate desde ahora. No esperes a que una crisis sea más intensa y evita que golpee más fuerte.
La tradición cristiana enseña que el demonio del mediodía no aparece cuando todo está perdido, sino precisamente cuando todavía queda mucho camino por recorrer. Por eso, la respuesta a la acedia no es la desesperanza, sino la perseverancia.
Cada etapa de la vida trae nuevos desafíos, pero también nuevas oportunidades para crecer, amar y renovar la propia vocación. La crisis de la mediana edad puede convertirse así en una invitación a volver a lo esencial: cuidar la relación con Dios, con los demás y con uno mismo, descubriendo que el verdadero sentido de la vida no depende de la edad, sino de responder cada día al llamado que Dios hace a cada persona.







