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¿Cómo ser testigo del Evangelio en un mundo que vive de lo inmediato?

El llamado a ser testigos del Evangelio hoy es también una invitación a transformar el mundo desde el amor, la justicia y la esperanza.

29 junio, 2026
¿Cómo ser testigo del Evangelio en un mundo que vive de lo inmediato?
Ser testigo de Cristo hoy implica conversión, paciencia y amor: estas son las claves para lograrlo.
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Sara tiene 20 años y estudia Comunicación. Como muchos jóvenes, divide sus días entre clases, tareas, amigos y actividades. También forma parte del grupo juvenil de su parroquia y, aunque el ritmo cotidiano suele ser intenso, procura dedicar unos minutos para poner su día en manos de Dios.

Su fe no se vive solo dentro de la iglesia. Intenta reflejarla en lo cotidiano: siendo respetuosa con sus compañeros, paciente con su familia y servicial con quienes la rodean.

No siempre ha sido fácil. En más de una ocasión ha escuchado burlas o comentarios sobre la fe y, al principio, prefería guardar silencio para evitar discusiones. Con el tiempo, sin embargo, ha descubierto que puede expresar sus convicciones con respeto, sin imponerlas, pero también sin ocultarlas.

Para Sara, ser testigo del Evangelio no consiste en ganar debates, sino en dejar que la fe se refleje en la manera de vivir. Como ella misma resume: “No se trata de ser perfectos, sino de vivir con autenticidad y dejar que Dios se note en lo que haces”.

Como Sara, muchos jóvenes buscan vivir su fe con autenticidad en una sociedad marcada por la inmediatez, el individualismo y la búsqueda constante de satisfacciones pasajeras. En ese contexto surge una pregunta: ¿qué significa ser testigo del Evangelio hoy? ¿Cómo anunciar a Jesucristo sin imponer las propias creencias ni aislarse del mundo?

Para profundizar en este desafío, conversamos con el padre Carlos Rivas Gutiérrez, encargado de la Dimensión de Pastoral Juvenil Vocacional de la Arquidiócesis Primada de México y párroco de San Simón Ticomán. A partir de su experiencia acompañando a jóvenes, comparte algunas claves para vivir una fe coherente, afrontar los desafíos del mundo actual y anunciar el Evangelio con alegría.

El obstáculo principal para ser testigo del evangelio: la inmediatez

Al preguntarle cuál es la principal barrera para ser testigos del Evangelio en la actualidad, el padre Carlos Rivas señala que el gran desafío es haber perdido la capacidad de mirar más allá de lo inmediato.

“Hemos perdido la capacidad de abrir el corazón a lo que es eterno y nos hemos quedado en la inmediatez, en lo que genera una satisfacción efímera que se esfuma rápidamente”, afirma.

Para el sacerdote, esta desconexión con lo trascendente dificulta comprender el amor incondicional que propone Jesucristo. Por ello, explica que el primer paso para vivir el Evangelio es emprender un camino de conversión permanente.

“La conversión no es un hecho aislado, sino una transformación constante del corazón y de la mente que nos permite derribar las barreras que nos impiden vivir plenamente la fe”, señala.

La lucha entre el “yo” y el “Dios”

Vivimos en una cultura que exalta el individualismo y nos hace creer que somos el único criterio de verdad. Para el padre Carlos Rivas, esta forma de pensar entra en conflicto con una realidad profunda del ser humano: el deseo de trascendencia y de encontrarse con Dios.

El sacerdote explica que toda persona lleva en su interior el anhelo de una relación con Dios, pero ese deseo suele verse opacado por una cultura que promueve la autosuficiencia y el aislamiento. Sin embargo, recuerda que la respuesta a esa búsqueda no está en uno mismo, sino en Dios, que ama y sostiene a cada persona.

“Creer en alguien que está fuera de mí, cuando me han convencido de que yo soy el único criterio, se hace una empresa difícil. Pero al descubrir que no somos autosuficientes, sino que estamos en las manos de alguien que nos ama, se abre la experiencia de la fe auténtica.”

El padre Rivas subraya que ese camino comienza con una conversión permanente. Retoma la invitación de Jesucristo —”Conviértanse”— para recordar que la conversión no es un acontecimiento aislado, sino una actitud que acompaña toda la vida cristiana.

A través de ese proceso, explica, la persona reconoce aquello que la aleja de Dios, deja atrás el pecado y permite que Cristo transforme y sane su corazón.

Jóvenes, redes sociales y el anuncio de la verdad

Lejos de satanizar las plataformas digitales, el Padre Rivas hace un llamado a la acción: “Úsenlas mucho, por favor”. Para él, las redes son el escenario principal para anunciar el Evangelio hoy. La clave está en el uso: pasar de la “idolatría personal” a la comunicación de la alegría de haber sido encontrados por Dios.

Ante el miedo a la crítica o al ataque por mantener convicciones religiosas, su consejo es claro: “Tengan mucha paciencia y no tengan miedo”. Recordó que la persecución por la fe no es nueva, pero que el testimonio paciente y amoroso es la herramienta más poderosa para abrir, poco a poco, el corazón de los demás.

¿Cómo evangelizar sin imponer?

Para el padre Carlos Rivas, anunciar el Evangelio no significa convencer a otros mediante argumentos complejos ni ganar discusiones. La clave, afirma, está en mostrar el rostro misericordioso de Dios.

En ese sentido, recordó una enseñanza constante del Papa Francisco: la misericordia es el lenguaje universal.

“Se trata de ayudar a los otros a descubrir que podemos amar como Dios nos ama.”

El sacerdote explica que ese anuncio comienza con la vida cotidiana. Un gesto de cercanía, una palabra de aliento, la disposición para escuchar o incluso el buen humor pueden convertirse en un testimonio capaz de reflejar la presencia de Dios de manera sencilla y auténtica.

Cuando una persona experimenta ese amor, añade, se sabe acogida y valorada. Ese es el deseo de Jesucristo: salir al encuentro de cada persona para abrazarla, restaurarla y mostrarle que siempre hay un camino de esperanza.

Hacia un proyecto más grande: El Reino de Dios

Finalmente, el Padre Carlos nos recuerda que ser testigos no es una meta individual, sino una tarea compartida. Se trata de construir el Reino de Dios —un reino de justicia, paz y dignidad— que contraste con las estructuras de muerte que imperan en el mundo.

“Seamos constructores de puentes de paz, de justicia y de dignidad” concluye el sacerdote, recordándonos que el sentido pleno de la vida no se encuentra en el desgaste diario, sino en seguir al “hombre por excelencia”: Jesucristo.

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Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.