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Santa Catalina de Siena: la mística que influyó en el regreso del Papa a Roma

Entre cartas, visiones y misiones diplomáticas, Santa Catalina de Siena dejó una huella imborrable en la Iglesia y en la literatura espiritual. Su vida une contemplación y acción con una fuerza excepcional.

28 abril, 2021
Santa Catalina de Siena: la mística que influyó en el regreso del Papa a Roma
Santa Catalina de Siena fue una mujer cuya fe y determinación influyeron en el regreso del papado a Roma, marcando un antes y un después en la historia de la Iglesia.

Hay una santa en la Iglesia cuyo trabajo diplomático influyó de manera decisiva para que el papado regresara a Roma: su nombre es Santa Catalina de Siena.

En 1309, los pontífices se trasladaron a Aviñón, Francia, iniciando un periodo conocido como el “exilio de Aviñón”. Esto ocurrió cuando Clemente V, tras ser elegido sucesor de Pedro, decidió no enfrentar el clima de violencia e inestabilidad que se vivía en Roma.

Entre 1309 y 1377, varios papas residieron en Aviñón, entre ellos Juan XXII, Clemente VI, Inocencio VI, Urbano V y, finalmente, Gregorio XI, quien regresó a Roma influido, en gran parte, por Catalina de Siena, y donde moriría poco tiempo después. 

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¿Quién fue santa Catalina de Siena?

Catalina nació el 25 de marzo de 1347 con el nombre de Catalina Benincasa. Provenía de una familia de clase media: su padre, Jacobo Benincasa, era tintorero, y su madre, Lapa di Puccio di Piagente, era hija de un poeta local. Fue parte de una familia numerosa, con 22 hermanos.

Desde pequeña mostró una inclinación hacia la vida espiritual. Aunque no recibió educación formal, amaba la soledad y la oración. A los siete años hizo voto de castidad y, a los 18, ingresó a la Orden Tercera de los dominicos, donde practicó con rigor el ayuno y la penitencia.

Sus biógrafos señalan que, en 1370, tuvo profundas experiencias místicas, incluyendo visiones del infierno, el purgatorio y el cielo. A partir de entonces, sintió el llamado a salir a la vida pública, lo que la llevó a escribir numerosas cartas a personas de toda condición social, incluyendo autoridades civiles y eclesiásticas.

Entre sus destinatarios se encontraba el papa Gregorio XI, a quien exhortó a asumir su responsabilidad pastoral y a regresar a Roma. Además, en 1374, Catalina atendió a los enfermos durante una epidemia de peste, mostrando una profunda caridad. El 1 de abril de 1375 recibió los estigmas de manera interior, sufriendo sus efectos sin manifestaciones visibles en su cuerpo.

Misión diplomática, legado y canonización

En junio de 1376, Catalina fue enviada a Aviñón como embajadora de la República de Florencia, con la misión de promover la paz con los Estados Pontificios. Su intervención fue decisiva: logró reconciliar ciudades enemigas y contribuyó al regreso del Papa a Roma el 17 de enero de 1377, acompañándolo en este proceso.

Además de su labor diplomática, fue una destacada mística, predicadora y escritora. Su obra más conocida, Diálogo, es considerada un clásico de la literatura italiana por la profundidad espiritual y belleza de su lenguaje. Por ello, el papa Pablo VI la declaró Doctora de la Iglesia el 3 de octubre de 1970.

Santa Catalina de Siena falleció en Roma el 29 de abril de 1380. Fue canonizada en 1461 por el papa Pío II. Su fiesta litúrgica se celebra el 29 de abril y sus restos reposan en la iglesia de Santa María sobre Minerva, en Roma.

Su vida sigue siendo un testimonio de valentía, fe y compromiso con la Iglesia, capaz de influir incluso en el rumbo de la historia.



Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.