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24 de junio: Celebramos la Natividad de san Juan Bautista

La vida de san Juan Bautista fue un testimonio de humildad y fidelidad a Dios, resumida en sus célebres palabras: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”.

24 junio, 2026
24 de junio: Celebramos la Natividad de san Juan Bautista
San Juan Bautista es reconocido por la tradición cristiana como el precursor de Jesucristo y la voz que preparó el camino para la llegada del Mesías.
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Cada 24 de junio, la Iglesia católica celebra la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, uno de los santos más importantes del cristianismo y el único, junto con la Virgen María, cuya fecha de nacimiento se conmemora litúrgicamente.

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¿Quién fue San Juan Bautista?

Juan Bautista, primo de Jesús, ocupa un lugar privilegiado en la historia de la salvación. Su figura aparece en los cuatro Evangelios y también es mencionada por el historiador judío Flavio Josefo en su obra Antigüedades de los judíos. Este testimonio resulta especialmente significativo porque Josefo no era cristiano, sino un cronista vinculado al Imperio romano, por lo que su referencia constituye una valiosa confirmación histórica de la existencia e importancia del Bautista.

Sobre él, Flavio Josefo escribió:

“Algunos judíos creyeron que el ejército de Herodes había perecido por la ira de Dios, sufriendo el castigo por haber dado muerte a Juan, llamado el Bautista. Herodes lo hizo matar, a pesar de ser un hombre justo que predicaba la práctica de la virtud, exhortando a vivir con justicia mutua y con piedad hacia Dios para así poder recibir el bautismo”.

El historiador explica que la creciente influencia de Juan entre el pueblo despertó los temores de Herodes Antipas, quien veía en él una posible amenaza para la estabilidad de su gobierno. Por ello ordenó su encarcelamiento en la fortaleza de Maqueronte, donde finalmente fue ejecutado.

Gracias a los escritos de Flavio Josefo, los estudiosos han podido corroborar diversos detalles relacionados con los relatos evangélicos. Entre ellos destaca la identificación de Salomé como la joven que, instigada por su madre Herodías, pidió la cabeza de Juan Bautista.

El precursor del Mesías

La misión de Juan había sido anunciada siglos antes por los profetas. Textos de Isaías, Malaquías e incluso del libro del Éxodo aluden a un mensajero enviado por Dios para preparar el camino del Mesías. Por ello, la tradición cristiana lo reconoce como la “voz que clama en el desierto”.

Su presencia aparece desde los primeros capítulos del Evangelio. Hijo de los santos Zacarías e Isabel, Juan aún se encontraba en el vientre materno cuando ocurrió la Visitación. Según narra san Lucas, al escuchar el saludo de la Virgen María, el niño saltó de alegría en el seno de Isabel, quien entonces proclamó las palabras que forman parte del relato bíblico que precede al Magníficat.

Ya adulto, Juan desarrolló su ministerio a orillas del río Jordán, en la región que hoy corresponde al Reino de Jordania. Allí predicaba la conversión y administraba un bautismo de penitencia a quienes deseaban preparar su corazón para la llegada del Reino de Dios.

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El bautismo de Jesús

Los Evangelios narran que Jesús llegó desde Galilea hasta el Jordán para pedir a Juan que lo bautizara. Tras realizar el rito, el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de paloma y se escuchó una voz proveniente del cielo que proclamó:

“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

Este acontecimiento marcó el inicio de la vida pública de Cristo y constituyó una manifestación de la Santísima Trinidad.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en la zona del bautismo han permitido identificar antiguos restos cristianos, entre ellos los cimientos de una iglesia construida durante los primeros siglos del cristianismo, lo que refuerza la tradición que sitúa allí este acontecimiento fundamental para la fe cristiana.

Las reliquias de san Juan Bautista

A lo largo de los siglos, diversas iglesias y santuarios han afirmado custodiar reliquias de primer grado de san Juan Bautista. Entre las más conocidas se encuentran las conservadas en la iglesia de San Silvestro in Capite, en Roma; una reliquia venerada en el Palacio de Topkapi, en Estambul; otra custodiada en la Mezquita de los Omeyas, en Damasco; y una más en la Catedral de Amiens.

Más allá de las reliquias materiales, el legado de san Juan Bautista permanece vivo en la Iglesia como modelo de humildad, valentía y fidelidad a la verdad. Su vida estuvo enteramente orientada a señalar a Cristo, a quien presentó con las palabras que aún resuenan en la tradición cristiana: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”.

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Autor

Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la UNAM. Con 30 años de experiencia en periodismo, se ha especializado en la cobertura religiosa, trabajando en Televisa S.A. y Televisión Azteca. En 1997, recibió el Premio Nacional de Periodismo del Club de Periodistas de México. Ha realizado reportajes en cuatro continentes, incluyendo coberturas significativas como el Jubileo del año 2000 en Roma, los funerales de Juan Pablo II, el viaje de Juan Pablo II a Tierra Santa y el Encuentro Mundial de la Juventud en Sydney. Fue Jefe de Prensa durante el VI Encuentro Mundial de las Familias en México. Además, ha colaborado en publicaciones como Época, Última Moda e Impacto, donde mantiene columnas sobre cultura religiosa. Ha escrito varios libros, entre ellos "El Agua del destino" y "Popocatépetl: Mito, ciencia y cultura". También es comentarista en programas de radio.