Puentes de diálogo y seguridad

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Puentes de diálogo y seguridad

La Iglesia y la sociedad civil coinciden en una verdad profunda: la paz germina en lo local, en la mesa del hogar y en la cultura cívica de la denuncia

8 febrero, 2026

La paz empieza cuando el Estado es capaz de alinear resultados medibles con la experiencia cotidiana de las personas, y las víctimas están en el centro de la acción pública. Ese es el punto de inflexión del debate sobre seguridad y bienestar social.

Los datos recientes muestran avances innegables, pero la brecha entre la mejora estadística y la percepción ciudadana revela que la paz no se consolida solo con operativos ni con inteligencia policial, sino con confianza, justicia y presencia institucional sostenida en el territorio. De eso trata el esfuerzo articulado entre gobierno, Iglesia y sociedad civil: reconstruir la paz como un proceso colectivo, con raíces locales y responsabilidades claras.

Tras el Segundo Diálogo Nacional por la Paz en Guadalajara, la premisa fue la reconstrucción del bienestar social como tarea compartida por cada estrato de la comunidad. Estos encuentros, nacidos del dolor de las víctimas, buscan transformar el luto en puentes y los acuerdos en realidades territoriales.

Como señaló Monseñor Ramón Castro Castro: la paz “nos necesita a todos”, exigiendo que las víctimas sean siempre el centro de la acción y no un dato al margen.

En este esfuerzo colectivo es necesario reconocer que, aunque el camino es largo, existen señales alentadoras en la gestión pública. La estrategia de seguridad de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha arrojado resultados que invitan a la confianza: la reducción del 40 por ciento en homicidios dolosos entre finales de 2024 y 2025 marca el punto más bajo de violencia letal desde 2016. Este avance es resultado de una coordinación técnica y política que prioriza la inteligencia sobre la confrontación.

En la capital nacional, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha trazado una ruta integral alineada a la visión nacional. La proximidad policial y la atención a las causas sociales han permitido reducir los delitos de alto impacto en un 56 por ciento respecto a 2019. Es una política que entiende que la seguridad se siembra en la equidad.

Sin embargo, persiste un desafío pendiente: la brecha entre el dato estadístico y la percepción ciudadana. Esta distancia solo se acorta con transparencia y justicia. La Iglesia y la sociedad civil coinciden en una verdad profunda: la paz germina en lo local, en la mesa del hogar y en la cultura cívica de la denuncia.

Fortalecer la seguridad es, en esencia, fortalecer a la familia que cultiva el respeto y a la comunidad que recupera su sentido de pertenencia. La construcción de la paz es el compromiso indivisible de cuidar la dignidad humana; es, en última instancia, la política más alta a la que podemos aspirar.



Autor

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).