Los tiranos se abrazan como hermanos

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Los tiranos se abrazan como hermanos

En nombre de la patria, el nacionalismo, la soberanía y otras figuras retóricas, aplastan la diferencia, se creen con el derecho de bombardear a quienes no estén de acuerdo con sus falacias

20 mayo, 2026
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El título de esta columna me lo sugiere tanto la canción de Víctor Manuel y Ana Belén (‘La puerta de Alcalá’), como el actual estado de la situación mundial, liderado por los señores del poder de las naciones dizque “más poderosas del planeta”. Y digo dizque, porque el poder no viene –así lo enseña el pensamiento social de la Iglesia—de las armas ni del dinero, sino del servicio y el bien común.

Los que antes parecían diferentes, se han vuelto de una similitud asombrosa. En nombre de la patria, el nacionalismo, la soberanía y otras figuras retóricas, aplastan la diferencia, se creen con el derecho de bombardear a quienes no estén de acuerdo con sus falacias, se envuelven en una bandera ficticia, en un pasado dibujado por héroes de cartón y gobernado por malvados a los que no se les puede reconocer ningún mérito, salvo el que el tiranuelo o la tiranuela de turno considere “pertinente”.

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Hace pocos días descubrí un discurso del historiador Edmundo O ‘Gorman cuando fue galardonado con el premio nacional de letras, en 1974. Tenía a Echeverría frente a él. Estaba en el Museo de Antropología de CDMX.

Dos hitos: uno del tercermundismo y el museo del pasado indígena originario. Podría haber echado loas al señor de “Arriba y adelante” y a los adalides del “buen salvaje”. Pues don Edmundo (a quien le debo una dedicatoria cariñosa en su libro fundamental ‘La Invención de América’) no hizo ni lo uno ni lo otro.

Fue llevando las palabras delicadamente hasta el final donde dijo lo que quería decir: que, si no reconciliamos pasado indígena y español, si seguimos usando a la patria y a sus héroes como abstracciones, como si los hombres y mujeres no fueran humanos, estaremos perdidos en lo que Octavio Paz llamó “el laberinto de la soledad”.

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Pues bien, en ese laberinto estamos metidos hoy en México y en el mundo. El problema es que no hay un Teseo a la vista que nos vaya a sacar. Lo haremos los ciudadanos, dejando de creer en esas engañifas y pronunciando, con actos de amor a los demás, que hay vida sin el gobierno; que hay capacidad de acción sin el partido. Que somos mucho más los patriotas que los patrioteros.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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Autor

Periodista y director del periódico católico El Observador de la actualidad.