Las mentiras del gobierno no se pueden ocultar
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Después de que el gobierno de los Estados Unidos de América pidiera formalmente el pasado 28 de abril la extradición del Gobernador Rubén Rocha Moya y de otros 9 funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa debido a su vinculación directa con los delincuentes del narcotráfico ya no es posible seguir ocultando la evidente relación que se da entre el gobierno federal y muchos gobernadores del mismo sello político con el crimen organizado.
Queda claro ahora porque se hablaba desde el sexenio pasado que frente a los delincuentes se actuaba con “abrazos no balazos” y frente a los opositores con “amenazas y persecución”, tachándolos de traidores a la Patria, donde podían estar políticos, periodistas, organizaciones de la sociedad civil o religiosa y todos aquellos que no siguieran al pie de la letra los caprichos y ocurrencias del anterior presidente.
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Esa línea política, que hasta la fecha no ha cambiado, nos ha llevado a tener, según las mediciones internacionales y las observaciones de la ONU, 12 de las 25 ciudades más peligrosas del mundo, siendo Culiacán el epicentro del narcotráfico a nivel mundial. No basta atrapar a las figuras más relevantes de la delincuencia, mientras siga la organización territorial, el entramado financiero y el apoyo político. Por más que lo niegue el gobierno en sus discursos, la realidad se muestra en los hechos, quedando al
descubierto sus mentiras.
La primera reacción por parte de nuestra presidente ante esta denuncia del gobierno americano ha sido defender la soberanía de nuestra patria y pedir “pruebas contundentes” sobre las acusaciones. Estamos totalmente de acuerdo, necesitamos defender la soberanía de México, pero no ante ataques del exterior, sino ante la violencia que ejercen los criminales al interior de nuestro país. Hemos perdido la soberanía en más de la mitad de nuestro territorio nacional que ya está bajo el dominio del crimen organizado. Las pruebas contundentes que pide, todos las conocemos y las padecemos.
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Bien haría la presidente de México dejar de ser dirigente y defensora de un movimiento político corrupto para convertirse en una gobernante de todo el país buscando el bien común, que comienza con una verdadera justicia y sigue con el respeto a la ciudadanía procurando la seguridad, el desarrollo y la libertad.
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


