“Es un dolor que no se quita”: el testimonio que sacudió a la Iglesia en México

Leer más

“Es un dolor que no se quita”: el testimonio que sacudió a la Iglesia en México

El dolor por la desaparición de seres queridos marcó el cierre de un ciclo de conferencias en la Arquidiócesis de México.

28 marzo, 2026
“Es un dolor que no se quita”: el testimonio que sacudió a la Iglesia en México
Familias buscadoras rastrean en campo a sus seres queridos desaparecidos. Foto: Cuarto Oscuro

“Es un dolor que no se quita con nada”. Con estas palabras, familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos compartieron su realidad durante la charla “Narrativa de una vida suspendida en familia”, con la que concluyó el ciclo de conferencias del Mes de la Familia en la Arquidiócesis Primada de México, dejando un llamado urgente a la Iglesia a escuchar, acompañar y no ser indiferente.

“Queremos que toda la Iglesia escuche nuestro grito. Es un dolor que no se quita con nada”, expresa María Loza López, quien busca a su hijo Edmundo y a su nuera Patricia.

Como ella, miles de familias buscadoras viven la herida abierta de no saber si su ser querido está vivo, si come o si sufre. “La familia se quiebra”, comparte Irene Ramírez, quien busca a su hermano Germán Martínez. La desaparición no solo arrebata a una persona, sino que desestructura completamente la vida familiar.

Explica que las consecuencias son profundas: crisis económica, pérdida de empleo, insomnio, ansiedad constante y rupturas afectivas. A esto se suma el miedo, las amenazas y la revictimización.

El peso de la indiferencia y el juicio social

Además del dolor, muchas familias buscadoras enfrentan el estigma. “La sociedad trata de justificar la desaparición, como si nuestros familiares estuvieran en algo malo”, denuncia Dionicia Pelcastre, quien busca a su hijo Guillermo, desaparecido desde hace nueve años.

Este juicio social provoca aislamiento, pérdida de amistades y una sensación de abandono. “Nos da miedo hablar porque ya nos juzgaron”, explica. Añade que la desaparición es una de las formas más crueles de violencia y que normalizarla implica fallar como sociedad en la defensa de la dignidad humana.

También compartieron su testimonio Verónica Rosas, quien busca a su hijo Diego Maximiliano, desaparecido cuando tenía 16 años, y Claudia Sanromán, quien busca a su hija Reyna Karina, desaparecida hace 13 años, quienes coincidieron en la importancia de la prevención, la comunicación familiar y el acompañamiento.

La fe como sostén en medio de la incertidumbre

A pesar de todo, muchas familias encuentran en Dios una fuerza para seguir adelante. “En este dolor he aprendido a conocer a Dios”, comparte María Loza. La oración, dice, ha sido clave para no caer en la desesperación. “Es un milagro latente pensar que algún día regresen o podamos encontrarlos”, afirma Irene Ramírez.

La fe no elimina el dolor, pero lo sostiene. Se convierte en una esperanza que mantiene en pie a quienes viven esta tragedia, señala la hermana Paola Clericó Medina, parte de la Red del Eje de Iglesias y Espiritualidades, y quien acompaña a las familias buscadoras desde hace más de 10 años.

Así acompaña la Iglesia a las familias buscadoras

Frente a esta realidad, la Iglesia comienza a dar respuestas concretas. La hermana Paola Clericó, advierte que muchas de estas familias están en las parroquias, pero no se atreven a hablar.”Las parroquias deberían ser el primer lugar donde encuentren escucha y acogida”, señala.

Una de las iniciativas más significativas son los Buzones de Paz, espacios anónimos donde las personas pueden compartir información o dejar mensajes de esperanza. “No buscamos culpables, buscamos a nuestros seres queridos. Eso también genera paz”, explica.

Estos Buzones de Paz surgieron en 2016, durante la primera brigada nacional de búsqueda en Amatlán de los Reyes, Veracruz, cuando familias colocaron una caja en una iglesia para recibir información anónima sobre posibles paraderos de personas desaparecidas. Con el tiempo, y ante los riesgos que implicaba compartir datos, la iniciativa evolucionó: en 2019 se les dio el nombre de “Buzones de Paz” y se incorporaron también mensajes de esperanza, oraciones y salmos. Hoy, además de ser una herramienta que ha aportado pistas valiosas, se han convertido en un signo de cercanía de la Iglesia, donde quienes saben algo pueden hablar sin miedo y las familias reciben consuelo espiritual en medio de su dolor.

Estos buzones, presentes en diversas comunidades, permiten:

  • Recibir información que puede ayudar en la búsqueda
  • Ofrecer palabras de consuelo a las familias
  • Generar comunidad y cercanía

La Pastoral de las Familias buscadoras en la diócesis de Ecatepec

En este mismo camino, en la diócesis de Ecatepec ha comenzado a consolidarse una Pastoral de familias buscadoras, nacida del trabajo conjunto entre sacerdotes, agentes de pastoral y los propios colectivos. Esta pastoral no solo organiza encuentros y espacios de escucha, sino que también coordina visitas a parroquias para sensibilizar a las comunidades, impulsa iniciativas como los buzones y promueve signos de esperanza, como el “árbol de la esperanza” que colocan en Navidad con los rostros de sus seres queridos. Para muchas familias, este acompañamiento ha significado experimentar que Dios camina con ellas en medio del dolor y que la Iglesia puede ser un verdadero espacio de acogida y consuelo.

Las voces de las familias buscadoras no solo son un testimonio de dolor, sino también un llamado urgente. Por un lado, a la sociedad, para no normalizar la violencia; y por otro a la Iglesia, para ser verdaderamente casa, refugio y acompañamiento.



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.