¿Quién consuela al médico? La Iglesia busca acompañar a quienes cuidan la vida
Médicos también necesitan ser acompañados: la Iglesia impulsa apoyo espiritual en el Hospital General de La Villa.
En los pasillos del Hospital General de La Villa, donde todos los días se libran batallas por la vida, hay una pregunta que pocas veces se formula en voz alta: ¿quién consuela al médico?
Esa inquietud marcó el encuentro que sostuvo Mons. Javier Acero, obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, con médicos, enfermeras y personal del hospital. Más allá de una visita protocolaria, el objetivo fue claro: escuchar, comprender y acompañar a quienes enfrentan, día a día, el dolor humano desde la primera línea.
Durante la jornada, el obispo sostuvo un encuentro con jefes de distintas áreas del hospital, en el que pudo conocer de primera mano las condiciones, retos y tensiones que se viven en el sistema de salud, marcado por la alta exigencia, la escasez de recursos y la enorme responsabilidad que recae sobre el personal.
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“Solos no podemos”: la urgencia del acompañamiento
En el centro del diálogo surgió una pregunta clave: ¿quién consuela al médico? Mons. Acero respondió desde su experiencia personal y espiritual, señaló que el primer consuelo viene de Dios, en la oración cotidiana. Sin embargo, fue enfático en reconocer que la fe no excluye la necesidad de apoyo humano.
“Solos no podemos“, subrayó, al tiempo que animó a los profesionales de la salud a dejarse acompañar, ya sea mediante la dirección espiritual o incluso la ayuda psicológica, sin miedo ni prejuicios.
Como propuesta concreta, planteó la creación de “círculos de sanidad” dentro de los hospitales: espacios seguros, a puerta cerrada, donde los médicos puedan expresar lo que viven en su interior, compartir sus historias y procesar el impacto emocional de su trabajo. Este tipo de acompañamiento, explicó, puede contribuir incluso a disminuir tensiones y mejorar el ambiente laboral.
Una Iglesia que se hace presente en el dolor
Como parte de la visita, Mons. Javier Acero, acompañado por el Pbro. Joel Ortega Arellano, realizó un recorrido por distintas áreas del Hospital General de La Villa, donde pudo encontrarse directamente con pacientes y sus familias.
A lo largo del recorrido, se detuvieron junto a las camas para escuchar a los enfermos, tomar sus manos y ofrecer palabras de consuelo. En varios casos, también impartieron la bendición a los enfermos, en un gesto que llevó cercanía y esperanza en medio de la enfermedad.
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Formarse sin perder la humanidad: el desafío de los médicos residentes
Durante el encuentro con los médicos residentes, salió a la luz una de las etapas más exigentes, y muchas veces invisibilizadas, de la formación médica. Los jóvenes estudiantes compartieron las dificultades personales que enfrentan, como las largas jornadas, falta de tiempo para la vida familiar y la imposibilidad de estar presentes en momentos significativos, como celebraciones o incluso etapas importantes de su vida personal. A ello se suma el desgaste emocional, los casos de presión excesiva e incluso situaciones de bullying, así como la lucha constante por mantener la salud mental en medio de un ritmo de trabajo que pocas veces da tregua.
En el ámbito profesional, reconocieron la exigencia permanente de estudio y actualización, así como la presión de las guardias y la incertidumbre ante lo inesperado. Sin embargo, también se subrayó la importancia de no perder la humanidad en el ejercicio médico: cultivar la empatía, llamar a los pacientes por su nombre, respetar su dignidad y cuidar también a sus familias. Frente a la idea de que la residencia “debe sufrirse”, se planteó un cambio de perspectiva: formar especialistas competentes sin renunciar a la sensibilidad, la amabilidad y el sentido profundo de la vocación médica.
El consuelo también nace del encuentro humano
La reflexión no se limitó al ámbito espiritual, pues también se compartieron experiencias que revelan cómo, en medio del sufrimiento, los propios pacientes pueden convertirse en fuente de consuelo.
Uno de los participantes, el Dr. Martín Molina, dijo “Es importante atender al paciente, incluso darle consuelo, pero ¿quién consuela al médico? Ante ello, Mons. Acero respondió que desde su vivencia personal, el contacto humano es quien da consuelo. “Como cuando un paciente toma la mano del médico, o sentir la esperanza de quienes buscan a sus familiares desaparecidos; puede convertirse en un espacio de consuelo compartido”.
Humanizar la medicina: ver personas, no expedientes
Uno de los llamados más contundentes de Mons. Acero fue a recuperar la dimensión profundamente humana de la medicina. Criticó la tendencia a una aplicación rígida, y a veces selectiva, de los protocolos, que puede despersonalizar la atención. Frente a ello, insistió en la necesidad de ver al paciente como una persona con historia, familia y dignidad.
En este sentido, subrayó la importancia de permitir y fomentar la presencia familiar, incluso de niños, en momentos de enfermedad o duelo, y de educar a las nuevas generaciones en realidades fundamentales como el sufrimiento, la muerte, el fracaso y la frustración.
Advirtió que “no enseñar estas verdades, puede llevarnos a formar personas incapaces de enfrentar la vida”, en una crítica directa a una cultura que evade el dolor en lugar de integrarlo.
La Pastoral de la Salud: cuidar a quienes cuidan
En el encuentro también participó el p. Joel Ortega Arellano, responsable de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de México, quien impulsa diversas iniciativas orientadas a brindar una atención integral al personal médico del Hospital General de La Villa.
Entre ellas destaca el proyecto de “relación de ayuda”, implementado con médicos de ortopedia, que consiste en procesos de escucha activa donde la persona puede desahogarse, tomar conciencia de sí misma y encontrar caminos de cambio.
Asimismo, se busca reactivar el “consultorio espiritual”, un espacio de escucha y diálogo que no solo atiende a pacientes y familiares, sino también a médicos, enfermeras, psicólogos y trabajadores sociales.
De acuerdo con el P. Joel, el objetivo de este espacio es ofrecer un acompañamiento integral —psicológico, humano y espiritual— a toda la comunidad hospitalaria, tanto pacientes como personal de salud, reconociendo que el médico también puede enfermar y necesita ser cuidado.
Una Iglesia presente en medio de la crisis sanitaria
La visita también dejó claro uno de los propósitos pastorales centrales: hacer sentir al personal de salud que la Iglesia está cercana y atenta a las dificultades que enfrentan en un sistema marcado por carencias materiales, alta exigencia y una enorme responsabilidad social.
Escuchar cómo están, cómo se sienten y qué necesitan fue parte esencial del encuentro, que buscó, además, fortalecer la comunidad y el apoyo mutuo entre quienes comparten esta vocación.
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Formar médicos con mirada integral
Asimismo, durante el encuentro, la Pastoral de la Salud presentó la Asociación de Médicos Católicos, una iniciativa que busca fortalecer la dimensión humana y espiritual del ejercicio médico.
A través de programas de formación continua, se abordarán temas como el manejo de emociones, la relación médico-paciente, la comunicación de noticias difíciles y el papel de la familia en los procesos de cuidado.
También, esta asociación ayudará a impulsar una formación integral que incluye dimensiones humanas, espirituales, bioéticas y sociales, con el objetivo de que el personal de salud pueda integrar su fe en su práctica profesional y responder a los desafíos actuales de la medicina.
Un cambio de fondo: sanar también el corazón del médico
Las propuestas surgidas de este encuentro —como los círculos de sanidad y el fortalecimiento del acompañamiento pastoral— se perfilan como un programa piloto que podría extenderse a otros hospitales de la Arquidiócesis de México.
Mons. Acero concluyó que más allá de la atención clínica, el llamado es a una transformación más profunda: reconocer que detrás de cada bata blanca hay una persona que también sufre, se cansa y necesita ser sostenida.




