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¿Dormir basta para descansar? Lo que Jesús enseña sobre el verdadero descanso

Cuando el cansancio parece no terminar, Jesús recuerda que existe un descanso que ninguna noche de sueño puede ofrecer: el que nace de permanecer en comunión con el Padre.

8 julio, 2026
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Por: Dra. Bibiana Patricia Ruiz Sánchez, miembro de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de México.

Debo confesar que no sé descansar. El compromiso que siento con los pacientes y sus familiares, con los próximos médicos, mis alumnos, con mi familia, con mis propias expectativas y mis ganas de trascender me dan un sentido de responsabilidad que muchas veces hace parecer como si en esta actividad hallara el sentido de la vida. Qué cansado es sentir que, para ser, debo hacer. ¡Y no puedo parar! Pero de repente, en el cansancio, recuerdo las palabras que Dios dice con su infinito amor: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11, 28).

Y yo pregunto: ¿cómo sabe que este ritmo me agobia? La respuesta es aún más hermosa, porque Dios nos creó con el único propósito de vivir en Él y de descansar sabiendo reconocer que este mundo existía antes de que tú y yo existiéramos, y lo maravilloso es que cuando no estemos, Él seguirá aquí. “Nada nuevo hay bajo el sol” (Ecles 1, 9). Dios no nos necesita, pero nos ama y Él es quien tiene todo bajo control. Podemos descansar en ese acto de amor que solicita únicamente la confianza de saber entrar en la comunión de Amor que nos llama continuamente.

A veces, me siento tan Martha: corriendo, haciendo y reclamando por qué otros no hacen, mientras veo la imagen pacífica de María a sus pies enjugando, perfumando. La delicadeza de esa escena, donde ella, sentada, está disfrutando de la charla con Dios. “Sólo una cosa es necesaria, María ha elegido la mejor parte y nadie se la quitará” (Lc, 10, 42). Será acaso que descansar signifique encontrar un tiempo destinado para esta unión con el Creador[1] [2] .

En muchas ocasiones, el descanso se asocia a un tiempo de dormir o de sueño, y no dudo que, como a José, Dios pueda hablarnos en sueños. Pero aquí hay un error de concepto: descansar no sólo es dormir. Por definición, descansar es la acción de interrumpir una actividad para reducir el esfuerzo, reponer fuerzas y reestablecer el equilibrio físico, mental y emocional.

Curiosamente, este acto de apartarse a recuperar el equilibrio nos lo muestra Jesús una y otra vez después de obrar milagros, incluso en eventos masivos. Probablemente estaba cansado, fatigado (incluso, si me proyecto, hasta podría creer que pudo haberse sentido fastidiado) y se apartaba a lugares desiertos para orar. Estos son los momentos que nos muestran a un Jesús humano, cansado, con el que nos podemos relacionar, pero que reconoce que es uno con el Padre, que su misión es más grande y que, para mantenerse fiel a esta, requería una pausa. Un momento de gran sabiduría que lo eleva como Hijo de Dios al sostener la mirada hacia el Padre.

Uno de los Evangelios menciona que una mañana, después de curar a muchos enfermos y expulsar muchos demonios, “se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar” (Mc 1, 35). Qué apapacho sentir que Jesús me acompañó a las guardias, a esas intensas en las que todo mundo te grita, pero sales a esa mañana fresca que te hace inspirar el aire ligero y entiendes la belleza del momento en el que Jesús despertó con pocas horas de sueño y, para poder continuar con el día, para hacerle frente al cansancio, descansó en el Padre. Y es que el descanso de un sueño reparador no se compara con saberte sostenido en sus manos.

Y no me malentiendan: dormir es un acto reparador importante y no negociable para el cuerpo. La ciencia nos permite explicar que el exposoma —incluyendo el estilo de vida, las interacciones sociales y físicas, y la falta de sueño— es clave para comprender la salud poblacional y la economía sanitaria, ya que muchas enfermedades crónicas pueden originarse o agravarse por desajustes del ciclo circadiano (1). Dormir es bueno y necesario para la salud. Pero dormir no es sinónimo de descansar. Dormir puede ser incluso un enmascaramiento de las tristezas.

“Levántense y oren para que puedan enfrentar la prueba” (Lc 22, 46).Ese día en Getsemaní, Jesús nos lo pidió. La carga que estaba por aceptar como consecuencia del amor que aún siente el día de hoy por nosotros, le producía sufrimiento y dijo: “me muero de tristeza, quédense aquí y velen conmigo” (Mt 26, 38). La presencia es una forma de descanso, sabiendo que Él cargo la cruz por nosotros, sabiendo que lo hizo para darte descanso. Cuando sentimos agobio de la vida en el hospital, rodeados de tantas cruces, ¿no podemos acaso descansar en Él, amándolo, tal como nos lo pide? Un tiempo a solas con Él, despiertos, en comunión.

Pienso en el acompañamiento que podemos hacer a los enfermos que viven en soledad la experiencia de la enfermedad, con angustia, culpa y frustración de que la medicina no tenga todas las respuestas; en medio de la distanasia a la que muchas veces llevamos al paciente y a sus familiares. Frente a ello, el acto más amoroso que podemos hacer es el propio acto de acompañar, de la misma manera en que nos enseñó Jesús: en silencio, con presencia.

“Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” (Jn 15, 13). Orar es una parte de descansar; pero hay otra complementaria, que es servir. Descansar es también dar la vida en la cotidianeidad en la que, si nos dormimos, nos perdemos del encuentro. Enfoquemos nuestros días y descansemos dando la vida en el ejercicio de la profesión, sabiendo que habitamos en sus manos y que Él siempre está con nosotros todos los días y hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20)

Referencias

  1. Tahmasian, M., Küppers, V., Genon, S., Eickhoff, S. B., Golombek, D. A., & Ibanez, A. (2026). Elevating sleep to a global health priority: The One Sleep Health framework. Cell Reports Medicine, 7, 102828. https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2026.102828

La Dra. Bibiana Patricia Ruiz Sánchez es médica egresada de la Universidad Anáhuac México, donde hoy es coordinadora y profesora. Es doctora en ciencias en Inmunología y maestra en Bioética. Es miembro[Ui3] [JL4]  fundadora de la Asociación de Médicos Católicos de México.

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Autor

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