Recuperar la humanidad
Hoy el papa León XIV nos regala esta encíclica con un gesto de fondo escuchar sin prejuicios algo que nos está faltando en este momento de polarización
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 18 de noviembre de 2022. En 1993 se consagra como religioso agustino recoleto y realiza sus estudios de filosofía y teología; ordenado sacerdote el 31 de julio de 1999.
Hace unas semanas un periodista internacional contaba que “Meta” -la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp- anunció recientemente que está despidiendo al 10% de su personal, unas 8 mil personas, por su creciente uso de la Inteligencia Artificial (IA).
Oracle, la empresa de tecnología y software empresarial más grande del mundo, dijo que está despidiendo a unos 30 mil empleados, equivalente al 18% de su fuerza laboral, como parte de su plan de reemplazar tareas con IA. Añadía además que Microsoft, Walmart, KPMG y decenas de otras empresas han anunciado recortes parecidos. Según el banco de inversiones Goldman Sachs, la IA pondría reemplazar unos 300 millones de empleos en el mundo en los próximos 10 años.
La Inteligencia Artificial también creará muchos trabajos nuevos, pero la gran pregunta es si serán suficientes para compensar los que se perderán, dice el banco.
El 25 de mayo de este año el Papa León XIV presentó la encíclica “Magnifica Humanitas” sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. El Papa León nos insta a recuperar la humanidad, a centrarnos en la persona en medio de esta revolución tecnológica que vivimos actualmente, frente a la inteligencia artificial que está transformando nuestra forma de vida.
Las aportaciones, reflexiones y orientaciones de esta encíclica tienen una única raíz: «la escucha». La escucha de científicos e ingenieros que «trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar inmensos sufrimientos»; la escucha de «líderes políticos y funcionarios públicos que han buscado con perseverancia normas justas»; la escucha de «padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las nuevas generaciones». Escuchar a todos los actores que están involucrados en este tema es algo esencial para poder hacer una reflexión profunda. Y hoy el Papa León XIV nos regala esta encíclica con un gesto de fondo: escuchar sin prejuicios algo que nos está faltando en este momento de polarización en donde los intereses personales nublan las realidad de nuestra comunidad humana.
El mismo Papa León XIV el día de la presentación de esta encíclica señaló que, “me han llegado otras voces, muy inquietantes, sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera de todo control humano. Escucho relatos muy preocupantes sobre algoritmos que pueden impedir el acceso a la atención médica, al trabajo y a la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias”.
La revolución que vivimos nos da la oportunidad no solo para regular en las dimensiones políticas y sociales también para educarnos en el uso de la tecnología evitando que invada nuestro ámbito personal.
Por eso, leyendo esta encíclica me estoy llevando esta sensación de regresar a lo humano desde nuestra realidad. Mirar más rostros que pantallas sabiendo que cuando miro un rostro humano estoy respetando su historia real y no tanto lo que dice a través de sus redes sociales. Estar en la realidad nos transforma en personas que sirven a los demás, esta es la mejor forma de recuperar la humanidad y la capacidad de trascendencia, lo que nosotros llamamos espiritualidad, dejando una profunda huella en las relaciones con los demás.
Quisiera terminar con las palabras que dio el Papa el día de la presentación de esta encíclica: «Aprendamos a escucharnos unos a otros, a afrontar con valentía los desafíos del presente y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna». Sigamos insistiendo en la escucha sin prejuicios en nuestras comunidades parroquiales, religiosas, en nuestras obras sociales y estructuras arquidiocesanas. Este es el principio para recuperar la humanidad y descubrir como en medio de nosotros está Jesús ofreciéndonos la paz.




