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COLUMNA

La voz del Obispo

Violencia y polarización son siempre una derrota

En su mensaje a los miembros del parlamento español (8 de junio del 2026), dentro de su reciente viaje apostólico a España, el Papa León nos ha regalado una riqueza de pensamientos que pueden aplicarse también a nuestra Patria.

12 junio, 2026
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Con profunda consternación, y quizás lamentablemente ya sin sorprendernos, vemos cómo cada día se multiplican las manifestaciones de deterioro en el tejido social y conflictividad de las relaciones interpersonales en distintos niveles y núcleos de nuestra sociedad.

Diariamente los medios de comunicación nos dan cuenta de expresiones inenarrables  de una severa crisis antropológica y social: violencia, crimen organizado, ejecuciones, desapariciones forzadas, incontables atropellos a los derechos humanos, violencia intrafamiliar, abusos de diversa índole, crecimiento exponencial del estrés y del enojo social, etc.

Sin duda las causas de todos estos fenómenos son diversas y extremadamente complejas. No obstante, hay quienes buscan una “solución” en la violencia y en la polarización social. Sin embargo, ninguna de ambas cosas será nunca el camino hacia soluciones auténticas y duraderas. Por el contrario, violencia y polarización son siempre una derrota, un fracaso y un catalizador de más destrucción y desestabilización social.

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Por lo tanto, ante las numerosas expresiones de polarización, enfrentamiento y enojo social que vivimos en nuestra Patria, necesitamos entender que el camino para resolver los conflictos, defender los derechos  humanos y exigir justicia no está en el atropello de la vida, la integridad y los derechos de otras personas.

El camino hacia la justicia, la equidad y el bien común, no se construye con el odio fratricida, ni fomentando la división y el resentimiento social. Por el contrario, el camino hacia la auténtica paz social, radica en el respeto por los demás, en la capacidad de dialogar, buscando la unidad (la cual no significa uniformidad), la reconciliación y la suma de esfuerzos en bien de todos.

En su mensaje a los miembros del parlamento español (8 de junio del 2026), dentro de su reciente viaje apostólico a España, el Papa León nos ha regalado una riqueza de pensamientos que pueden aplicarse también a nuestra Patria:

El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia.

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[…] Asimismo, dentro de las propias sociedades es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos.

Pero la paz no es solamente una realidad política o institucional. Nace también en la conciencia, allí donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación. Por eso, se instaura y se protege también a través del lenguaje. Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro […].

Aquello que hoy nos preocupa de nuestro país: la violencia, la creciente crisis económica, la incertidumbre frente al futuro, la polarización social y política, la dictadura de algunas ideologías, diversos aspectos de la agenda política del país, la falta de respeto a las instituciones políticas y sociales, el nivel de desempleo, las condiciones desfavorables de muchos trabajadores, etc. no será resuelto únicamente por el gobierno, sea cual sea. Nos corresponde a todos los ciudadanos ser semillas de transformación y de progreso.

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Ante los diversos retos de la Nación, como ciudadanos y como católicos podemos situarnos de forma madura, responsable y comprometida, o bien refugiarnos en condenaciones genéricas y lamentos, responsabilizando a otros, pero sin involucrarnos nosotros mismos de forma creativa, productiva, contextualizada y realista, haciendo lo que nos corresponde y tratando de ser factores de transformación en donde estamos y con lo que hacemos.

Es mucho lo que los fieles católicos podemos aportar en favor de la reconstrucción del tejido social, de la paz y de la reconciliación en México. Hagámoslo desde los principios del evangelio, de forma creativa, comprometida y corresponsable, prescindiendo de todo sesgo de violencia, polarización y agresividad en el lenguaje.

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