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Navidad, familia y consumo

27 noviembre, 2023

Estamos comenzando nuestra preparación de las fiestas navideñas y me parece importante que, junto con la espiritualidad del Adviento, tomemos conciencia de que estos tiempos navideños no son solo tiempo para fiestas, comidas extraordinarias y posadas, sino sobre todo es tiempo para renovar nuestros lazos familiares. En Navidad que celebramos que ¡“Dios se hizo familia”! Por eso la Navidad es tiempo para agradecer y renovar nuestras familias.

Ha sido evidente como nuestras familias pasan por una grave crisis en México y en el mundo entero. La relativización de los valores hace más difícil la educación de los hijos hoy; la violencia genera división e incluso mucho dolor por las desapariciones o muertes de seres queridos en muchas familias; la crisis económica provocada por la pandemia sigue afectando a muchas familias; la falta de acceso a un sistema de salud seguro golpea a muchos enfermos. Sin duda, hay muchos problemas más en las familias que hay que enfrentar; pero quererlas enfrentar “sin Dios” lo hace mucho peor.

¿Por qué Dios hace una diferencia en nuestras familias cuando se cree en él y se le deja entrar? Sin duda, Dios no va a solucionar nuestros problemas como por arte de magia, sin embargo, si ayuda mucho celebrar su presencia en medio de nosotros; pues Él nos enseña antes que nada el valor que cada uno tenemos somos sus hijos muy amados; también nos muestra cómo hemos de tratarnos unos a los otros, como hermanos; también nos da la esperanza que saber que ni el mal, ni la violencia, ni el odio o la injusta pobreza tendrán la última palabra, quien tendrá la última palabra para quienes creen en Él, ¡es Dios!

Esta es la razón por la cual el Adviento y la Navidad son momentos para renovar nuestras familias, pues celebramos que Dios habita en nuestras familias y renovamos nuestra fe en que solo en Él está nuestra esperanza. ¿Seremos capaces como cristianos de celebrar con mayor fe que los que no creen estos tiempos de adviento y Navidad?



Si queremos superar los males que desgarran diariamente a las familias mexicanas, es indispensable valorar la misión que toda familia tiene como espacio íntimo y cierto donde se desarrollan las personas de manera integral y por ende donde se sanan los males de la sociedad. Aquí es dónde todo cristiano tiene su gran misión; todo bautizado es un núcleo de esperanza en su hogar; pero para que esta esperanza sea efectiva necesitamos acercarnos a Cristo, tomarnos de la mano de Nuestra Madre Santísimo, formar nuestras conciencias, esforzarnos por vivir fraternalmente y acompañarnos unos a otros para recuperar el espacio de cada hogar como lugar privilegiado para la formación de los valores cristianos y la construcción de una sociedad que ofrezca un espacio de desarrollo a todo ciudadano.

Este es el motivo de cada Navidad, renovar nuestra esperanza en la presencia de Dios en nuestras familias. No desperdiciemos este tiempo de preparación distrayéndonos con exceso de fiestas y compras, y celebramos con gozo que Dios se hizo familia y nos colmó con su esperanza.

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