La voz del Obispo
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La restauración de la paz desde el hogar

Es la familia verdadera escuela doméstica donde se aprende a querer a los demás.
La familia es la principal escuela. Foto: Dimitri Conejo/ Cathopic.
La familia es la principal escuela. Foto: Dimitri Conejo/ Cathopic.

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En la Arquidiócesis de México, para afrontar la pandemia se insistió en la primer semana en quedarse en casa; en la segunda semana organizar el tiempo a modo de rutinas que permitieran espacios de silencio, reflexión y una actitud de servicio en las actividades del hogar; la tercer semana se sugirió vivirla en contemplación del misterio pascual, como un retiro espiritual, puesto que coincidía con los días próximos a la Semana Santa; en la cuarta semana se promovió el ejercicio de la solidaridad con las personas más vulnerables.

A partir de la cuarta semana, comenzamos a ver, con suma tristeza, el aumento de personas contagiadas y muertas por causa del COVID-19 entre nuestros conocidos, amigos e incluso familiares y poco a poco, conforme a estadísticas, las autoridades civiles hacen referencia a retomar las actividades en la sociedad y con ello a vivir una “nueva normalidad”, expresión que, desde nuestra fe, podríamos enriquecer y darle un alma con la expresión “nueva espiritualidad”.

Ya urge la respuesta a la cuestión ¿cómo convertir este tiempo de encierro en oportunidad de crecimiento para volver a lo importante? ¿Cómo salir de está trágica experiencia orientados y guiados por la luz de la fe, con el espíritu bien nutrido de valores y con el corazón encendido de amor para el reinicio de la nueva etapa que habremos de afrontar? El Papa Francisco nos dijo “cuando salgamos de esta pandemia no podremos seguir haciendo lo que veníamos haciendo, y como lo veníamos haciendo. No, todo será distinto. De las grandes pruebas de la humanidad, y entre ellas la pandemia, se sale o mejor o peor. No se sale igual. ¿Cómo quieren salir ustedes? ¿Mejores o peores?”.

¿Realmente se dará algún cambio en nuestra vida, en nuestras familias, en la humanidad? Si intervenimos en la realidad, sí podemos generar estos cambios; si esperamos que los cambios se den en sí mismos, no habrá ningún cambio, pues la inercia nos hará pensar que es posible una realidad idéntica a la anterior, que de suyo esta caracterizada por una violencia in crescendo en los últimos años y ahora con los efectos de la pandemia se acentuarán las crisis sanitarias y económicas irreversibles que trastocan todo, produciendo nuevas pandemias como la de la pobreza y la de la codicia, creando personas más vulnerables e insatisfechas por la injusticia, así como un clima generalizado de violencia. Por otro lado, el confinamiento ha traído consigo también el aumento de la violencia intrafamiliar por estrés económico, violación, acoso sexual y simplemente por no saber convivir sanamente en el hogar.

¿Cómo restaurar la paz desde el hogar? La orientación y la guía de la Arquidiócesis de México en las primeras semanas son un faro potente para este reinicio, pues continua siendo válido para esta nueva etapa de restauración en la sociedad el cuidarnos unos a otros con la debida distancia y normas preventivas; organizar de modo disciplinado nuestras actividades cotidianas desde nuestros deberes de estado; orar contemplando el misterio pascual que nos enseña a dar la vida y ejercitándose en la caridad como fruto de nuestro deseo solidario con los más vulnerables.

Todo esto se puede llevar a cabo en los hogares, más aún, es involucrando a cada miembro de la familia en la restauración de la sociedad como mejor se llegará a la firme convicción de que la familia constituye la base de la sociedad. Es la familia verdadera escuela doméstica, la más completa de todas las escuelas, donde todos tenemos un rol, un servicio, una misión, donde se aprende a querer a los demás, a respetarlos, a ser misericordiosos y a ejercer el perdón. Es la familia quien puede comenzar a construir la paz en la sociedad porque, como escuela doméstica y como iglesia doméstica, es un canal privilegiado para la transmisión de valores religiosos y culturales que ayudan al ser humano a adquirir su propia identidad.

 

Mons. Carlos Enrique Samaniego es Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México. 

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