La paz es un don y una tarea

Anunciar a Cristo muerto y resucitado, testimoniar su alegría, compartir su amor, hacer presente su paz en medio de estos conflictos, es tarea de todo cristiano
La Biblia nos puede acompañar en nuestra vida diaria. Foto: Freepik
La Biblia nos puede acompañar en nuestra vida diaria. Foto: Freepik

“La paz esté con ustedes”. Con estas palabras se presentó Cristo resucitado en medio de sus discípulos. Lo que estaban viviendo aquellos hombres no era nada cercano a la paz; habían visto morir a su Maestro, al Mesías, a quien ellos habían visto hacer milagros y predicar como nadie lo había hecho; Él era la esperanza que colmaba sus corazones y parecía tener la fuerza que nadie podía imaginar. Sin embargo, las autoridades y los romanos lograron apresarlo, condenarlo y matarlo. ¿Qué esperanza y qué paz podían tener ellos después de esa tragedia?

En medio de esta experiencia de muerte y desilusión se hace presente Jesús resucitado y les ofrece la paz: “La paz esté con ustedes”.

Esta paz no cambiaba el pasado, pues no les dijo, “¡No pierdan la paz, en verdad no morí!”. El Resucitado muestra sus manos, sus pies y su costado para que comprendan que la paz que les ofrece no es porque el pasado haya cambiado. La paz que les ofrece tampoco es por lo que sucederá en un futuro, no les dijo: “La paz esté con ustedes porque cuando mueran estarán conmigo”. Jesús ofrece la paz a sus discípulos en medio de la tragedia, ¿cómo puede ser esto?

La presencia de Cristo muerto y resucitado es nuestra paz. Él les ofrece la paz a sus discípulos porque Él está vivo, ha vencido la muerte, ha vencido el pecado, y ahora puede ofrecerles la paz aún en medio de los conflictos. ¿Cómo nos enriquece este hecho hoy?

Hoy estamos viviendo situaciones muy difíciles que nos pudieran quitar nuestra paz: en nuestro país experimentamos unos niveles de violencia y de falta de estado de derecho que pensábamos habíamos superado; también contemplamos un ambiente político polarizado y colmado de violencia donde el diálogo por México es lo menos que importa; por otro lado, vemos a jóvenes alejados de Dios, de sus familias y de los valores que forjaron nuestra historia.

Hemos superado la pandemia, sin embargo, pareciera que no aprendimos nada de ella; la vida sigue siendo amenazada desde el vientre de las madres, la falta de medicamentos hace más difícil enfrentar las enfermedades y la educación de nuestros menores es desfigurada por luchas ideológicas. A nivel internacional la amenaza de una guerra nuclear se hace más cercana y la sombra de una crisis económica global nos amenaza a todos.

Y así, en medio de este panorama hoy se nos presenta Cristo y nos repite una vez más su oferta: “La paz esté con ustedes”. ¿Cómo se atreve Jesús a ofrecernos la paz en medio de tanto conflicto?

Cristo nos ofrece la paz, porque Él es la paz, su victoria sobre la muerte y el pecado, es la garantía de que quien crea en Él puede aspirar a vivir en paz, aún en medio de los peores momentos.

Cristo es nuestra paz ¿quién se atreverá a creerlo? ¿quién se atreverá a anunciarlo? Su presencia es un don inmerecido y una tarea urgente que lleva todo cristiano. Anunciar a Cristo muerto y resucitado, testimoniar su alegría, compartir su amor, hacer presente su paz en medio de estos conflictos, es tarea de todo cristiano. En estos momentos más que nunca urge que cumplamos nuestra tarea de ofrecer el don de Cristo al mundo.

 

 

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