La voz del Obispo
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La Megamisión 2020: “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8)

"Nuestra ciudad está necesitada de mujeres y hombres llenos de Dios, que le hablen de Dios y la lleven a Dios".
Foto: Cathopic
Foto: Cathopic

Participa cada lunes a las 21:00 horas (tiempo del centro de México) en La Voz del Obispo en Facebook Live.  Este lunes podrás conversar con el autor de este texto, Mons. Luis Manuel Pérez Raygoza, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México.

 

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Jn 3,36). Esta certeza alumbra y anima nuestro caminar como cristianos, convencidos de que solamente en Cristo hay salvación, luz, vida y esperanza.


Como bautizados, miembros vivos de la Iglesia, estamos llamados a ser testigos del amor de Dios manifestado en Jesús.

Así lo señala y enfatiza el Papa Paulo VI: “Evangelizar constituye […] la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (Evangelii nuntiandi, n. 14).

El Papa Francisco, por su parte, ha sido enfático al exhortarnos a ser “Iglesia en salida”, Iglesia misionera que se acerca y se compromete, en actitud samaritana, con quienes viven alguna situación de “periferia existencial”.

En esta tesitura, el año pasado el Papa invitó a todos los miembros de la Iglesia a celebrar un mes misionero extraordinario, y en respuesta, nuestro Arzobispo, el cardenal Carlos Aguiar Retes, nos convocó a una misión extraordinaria en la Arquidiócesis Primada de México: la “Megamisión”.

Puedes leer: Megamisión 2020, lo que debes saber 

Este año, marcado para toda la humanidad por las desafortunadas consecuencias generadas por la pandemia del COVID-19, el Papa nos ha dicho en su mensaje con ocasión del domingo mundial de las misiones: “La Iglesia, sacramento universal del amor de Dios para el mundo, continúa la misión de Jesús en la historia y nos envía por doquier para que, a través de nuestro testimonio de fe y el anuncio del Evangelio, Dios siga manifestando su amor y pueda tocar y transformar corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas, en todo lugar y tiempo”.

Por su parte, nuestro Arzobispo, el viernes 18 del presente, nos ha convocado una vez más para intensificar nuestra respuesta misionera a través de la Megamisión 2020.

Esta misión intensiva comenzará el 18 de octubre (Domingo mundial de las misiones) y concluirá el domingo 15 de noviembre con la “jornada mundial del pobre”.

En la carta de convocatoria que nos ha dirigido nuestro Arzobispo leemos: “En medio de esta nueva realidad que afrontamos, en la que muchos de nuestros hermanos viven situaciones difíciles de dolor, angustia y muerte, cada uno de nosotros, como bautizados, estamos llamados a dar una respuesta sensible y solidaria, mostrando el Rostro misericordioso de Cristo con los más necesitados”.

Tengamos presente que los católicos  de la Arquidiócesis de México, estamos llamados a testimoniar la resurrección de Cristo en una de las ciudades más grandes y desafiantes del mundo, junto a hombres y mujeres hambrientos de Dios, sedientos de luz y esperanza y necesitados de encontrarse con Cristo.

¿Cómo proclamar el mensaje de salvación, en una ciudad que, junto a sus grandes luces y a los signos de la presencia del Espíritu Santo en ella, vive convulsionada en la cultura de la muerte, vulnerada por estructuras opresoras y por corrupciones de la más diversa índole que frenan su desarrollo; azotada por el látigo de la violencia y de la inseguridad, lastimada por la deshumanización, el anonimato, la masificación, la injusticia institucionalizada y las consecuencias del COVID-19?

Nuestra ciudad Arquidiócesis está necesitada de discípulos y misioneros, de mujeres y hombres de fe, llenos de Dios que le hablen de Dios y la lleven a Dios, de testigos audaces de la resurrección capaces de anunciar con valentía y creatividad que Cristo es el único revelador del Padre y dador de vida eterna a través del Espíritu Santo.

Por eso necesitamos unirnos aún más a Jesucristo y dejarnos renovar por su luz pascual, sabernos y experimentarnos enviados, dejarnos conducir por el Espíritu de Dios y sabernos fortalecidos por Él.

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Desde Cristo, estamos llamados a comunicar vida, a irradiar la luz de Dios, a ser canales de la salvación y la esperanza que se nos regalan en Cristo.

¡Sigamos dando vida a lo mejor y a lo más noble que hay en nosotros! ¡Amemos a Cristo y a su Iglesia! ¡Luchemos con todas nuestras fuerzas para que nuestra Patria, nuestra ciudad, nuestra Iglesia, tengan vida y la tengan en abundancia!

Pero, dar testimonio de la resurrección requiere valentía y exige una enorme vitalidad espiritual, pues para ser enviado y ser un verdadero misionero, se debe correr el riesgo de la desinstalación, de la renuncia a sí mismo, del morir para resucitar después.

Que a todos, el Espíritu Santo nos llene de vigor misionero, nos entusiasme para ser signos visibles del amor de Dios en nuestra ciudad y nos ayude a vivir con intensidad la “Megamisión 2020” como oportunidad para salir de nosotros mismos y darnos a los demás siguiendo el ejemplo de Jesús.

Dispongámonos para el mes misionero extraordinario con la generosidad del profeta Isaías: “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8).

 

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