La voz del obispo

28 de Octubre: Santos Simón y Judas

Ya se acerca el 28 de octubre y nos preparamos para ser testigos y partícipes de una de las devociones más populares de nuestro país, la fiesta de San Judas Tadeo. Ese día, no es raro ver por toda la ciudad fieles que salen en peregrinación cargando con las imágenes del apóstol, en todos los tamaños que podamos imaginar; seguramente podremos apreciar gente caminando, en bicicleta, en el metro u otro transporte público, algunos con la intención de llegar al templo de San Hipólito, otros a sus parroquias o a la ermita del barrio, pero todos con la intención de celebrar, vivir y rendir tributo a San Juditas.

La Lumen Gentium, del Concilio Vaticano Segundo, dice que: La Iglesia, siempre creyó que los Apóstoles y mártires de Cristo, que habían dado con su sangre el supremo testimonio de fe y de amor, estaban más íntimamente unidos a nosotros en Cristo. Por eso los veneró con especial afecto junto con la Bienaventurada Virgen María y los santos ángeles, e imploró piadosamente la ayuda de su intercesión (LG 50). La devoción a San Judas Tadeo muchas veces se queda sólo en la parte de implorar su intercesión, incluso, popularmente es conocido como el ‘santo de los casos difíciles’, por eso me gustaría que conociéramos un poco más sobre este apóstol, y también sobre San Simón, otro de los apóstoles, que comparte fiesta el mismo días.

El nombre de Simón aparece en la lista de los apóstoles en el lugar número once, y lo único que se sabe de él es que era originario de Caná, por lo que Mateo y Marcos lo llaman Cananeo, en cambio Lucas le da el apodo de «Zelotes», quizá por haber pertenecido al partido judío de los celadores de la Ley. El Papa Benedicto XVI en la catequesis del 11 de octubre de 2006, menciona que en realidad ambos calificativos significan los mismo, ya que en hebreo el verbo ‘qanà’ significa «ser celoso, apasionado», que se puede aplicar al celo que Dios tiene por su pueblo, o al celo ardiente que un hombre puede tener por servir a Dios.

San Judas, conocido como Tadeo (el valiente o magnánimo), es considerado como autor de una de las epístolas católicas; es identificado por haber preguntado en la Última Cena: “Señor ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?”, a lo que Jesús respondió: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi padre lo amará y vendremos a él, y pondremos nuestra morada en él” (Jn 14,22-23). La carta de Judas tiene como preocupación central alertar a los cristianos que tomaban como excusa la gracia de Dios para justificar algunas costumbres contrarias a la vida de fe. Se deduce que en esa comunidad cristiana algunos hermanos estaba generando divisiones, introduciendo enseñanzas inaceptables, que ponían en peligro la fe cristiana, por lo que utiliza un lenguaje fuerte para reprender a los que estaban en esta situación, pero al mismo tiempo exhortando a los fieles a vivir la fe, orando en el Espíritu Santo, y a permanecer en la caridad de Dios.

El Papa Benedicto XVI en su catequesis, menciona que la sociedad actual, con todas las corrientes modernas, puede tener las mismas tentaciones que la comunidad de la carta, es decir, tratar de justificar cualquier cosa en función de la gracia de Dios, por lo que nos exhorta a conservar la identidad de nuestra fe, siguiendo los consejos que los apóstoles nos dejaron.

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*Los artículos de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

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