Momento de gracia: vuelve el precepto dominical

Recuperemos nuestras celebraciones y nuestra vida de Iglesia, sabiendo que en ellas nos encontramos con Cristo que se entrega por nosotros.
Si los hijos no quieren ir a Misa, podemos escuchar sus argumentos y explicar los nuestros. Foto: Alfredo Márquez
Si los hijos no quieren ir a Misa, podemos escuchar sus argumentos y explicar los nuestros. Foto: Alfredo Márquez

El pasado 14 de agosto, las arquidiócesis de México, Tlalnepantla y Toluca, de manera conjunta, hicieron un comunicado para informar que se retoma el precepto de la Santa Misa dominical y de las demás Solemnidades prescritas, y se da por terminada la dispensa que se había otorgado al inicio de la pandemia. Asimismo, se abre la opción de recibir nuevamente la Comunión en la boca, aunque permanece la posibilidad de recibirla en la mano si así lo desean los fieles; en ambas modalidades se exige profundo respeto a la Sagrada Eucaristía y la oportuna prudencia sanitaria.

 

Cuando el mundo se vio sorprendido por la pandemia, todos tuvimos que buscar maneras de seguir viviendo nuestra fe y los Sacramentos. Nos confinaron a todos por un tiempo, nos pidieron que permaneciéramos en nuestras casas lo más posible para evitar más contagios, nos restringieron el número de personas que podían estar en un supermercado, se cerraron cines, cafeterías, restaurantes, y por supuesto, también se vio afectada nuestra participación en la iglesia.

 

Muchas parroquias cerraron totalmente por un tiempo, otras permanecían abiertas con exposición del Santísimo para que la gente pudiera ir a rezar; algunos sacerdotes celebraban en privado con pequeños grupos, y la mayoría de los párrocos buscaron hacer uso de la tecnología para poder transmitir la celebración de la Misa, y que sus fieles tuvieran al menos una Palabra, y la Comunión espiritual, que les animara y les diera la fuerza para sobrellevar la calamidad que estábamos viviendo.

 

La Iglesia Católica tuvo que buscar métodos y estrategias para sostener la fe de sus fieles en las circunstancias concretas que estábamos viviendo, pero al mismo tiempo, parados en una realidad muy cruda: mucha gente se estaba enfermando y muriendo. Ante el panorama de incertidumbre y el estado de emergencia decretado por las autoridades, se vio oportuno conceder la dispensa del precepto dominical, y se pidió que de forma general, a los que participaran en una celebración eucarística, se les diera la Sagrada Comunión en la mano.

 

Sin embargo, la realidad actual es diferente, aunque no se ha dado por terminada la pandemia, se considera que la etapa más difícil ha pasado, por lo que muchas cosas han vuelto a la normalidad, sin dejar de lado los cuidados sanitarios indispensables. Así vemos que la gente regresó a los trabajos, los supermercados funcionan con normalidad, es decir, prácticamente hemos recuperado nuestras rutinas anteriores, pero con una perspectiva de vida diferente y cuidados que ya asumimos como parte de nuestra vida cotidiana. Por tal motivo, los Arzobispos y obispos de las tres provincias antes mencionadas, habiendo escuchado, meditado y valorado la opinión de sus fieles, anuncian que el precepto dominical y de las fiestas de guardar se restablece a partir del próximo 4 de septiembre, dejando la dispensa del precepto a las personas mayores y enfermos.

 

Es muy importante que esto no sea tomado como una carga. La verdad, la vida de fe en la Iglesia, no pretende ser un fardo pesado de llevar, sino un momento de gracia y alegría de la comunidad. En la Santa Misa no somos espectadores de lo que está haciendo el sacerdote, sino que participamos de un mismo espíritu, y comulgamos de un mismo pan.

 

El Papa Francisco termina su carta apostólica Desiderio desideravi invitándonos a meditar sobre el regalo que tenemos de celebrar la Eucaristía: El domingo, antes de ser un precepto, es un regalo que Dios hace a su pueblo… recuperemos nuestras celebraciones y nuestra vida de Iglesia, sabiendo que en ellas nos encontramos con Cristo que se entrega por nosotros.

 

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