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“Asta mostla”

Llegamos al acampado y la tarde nos sorprendió con un cielo entre azul marino y ultramar. Nos estacionamos en la acera a la entrada del pueblo, y el párroco de la misión ahí estaba en medio de su gente, dentro de un terreno baldío en forma de parque.

Al centro del mismo, un huizache y un mezquite. En eso cayó la noche, las bancas de madera, donadas por otra parroquia pobre, estaban acomodadas sobre la tierra y las piedras, y ahí se encontraban piadosamente sentados algunos y los más devotos de rodillas, entre ellos, niños, jóvenes y hermanos mayores. El padre de frente amplia y ceñido con su alba había estado confesando por espacio de una hora, y ahora concluía la predicación a su amado pueblo.

Respetuosamente se acercó al improvisado altar y con gesto solemne, les impartió la bendición con el santísimo. Una guitarra y dos voces, animaban el canto de adoración, la noche era la bóveda del templo, las estrellas, sus lámparas refulgentes, un humilde faro en el centro proyectaba su luz directamente a la custodia y, hacía que la hostia, sostenida por el viril, resplandeciera en el mundo entero.

Al terminar todos ayudaron a recoger sillas y ornamentos, y a llevarlos a una bodega móvil prestada. Una familia se despedía amablemente del párroco, y sus niños le decían alegremente en náhuatl: “Asta mostla”, a lo que el señor cura les respondía con una sonrisa, diciéndoles: Hasta mañana.

Esto ocurrió el jueves 1 de febrero 2024, vísperas de la fiesta de la Candelaria, en la Misión San Pedro y San Pablo, en Salinas Victoria, N.L.



FB:/MonsAlfonso

TW:@monsalfonso

*Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la Fe.





Autor

Es Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey. 

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