Del gol a buscar la solidaridad

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Del gol a buscar la solidaridad

El Tri no solo jugaba; nos unía, pero ¿por qué esa misma pasión se diluye cuando se trata de las heridas más profundas de nuestra sociedad?

7 julio, 2026
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Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación. 

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Pocas situaciones revelan tanto nuestra esencia colectiva como el fútbol, este deporte ha transformado a millones en una sola voz y durante el Mundial de 2026, México volvió a demostrarlo: calles abarrotadas, cantos que retumbaban, abrazos entre desconocidos que por unos instantes se volvieron familia y un orgullo nacional que trascendía rivalidades políticas, clases sociales o religiones. 

El Tri no solo jugaba; nos unía, pero ¿por qué esa misma pasión se diluye cuando se trata de las heridas más profundas de nuestra sociedad? Las madres buscadoras caminan kilómetros, cavan en fosas clandestinas, exigen respuestas sobre sus hijos desaparecidos y nadie parece apoyarlas sin embargo el país entero se paraliza por un penalti y estalla la euforia por un gol.

Esta reflexión no es un reproche, sino una invitación a canalizar esa energía hacia causas que exigen lo mejor de nosotros, y es que en México, de acuerdo con datos recientes, ya se superan las 135 mil personas desaparecidas registradas. Familias enteras viven en un limbo de incertidumbre y dolor, ¿por qué no gritamos con la misma intensidad contra esta injusticia?

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Gritamos por la selección, pero callamos ante la falta de medicamentos en hospitales donde pacientes oncológicos o con enfermedades crónicas esperan turnos eternos o improvisan con remedios caseros. Nos apasionamos por un partido, pero toleramos avenidas llenas de baches que provocan daños, lesiones y hasta cobran vidas, infraestructuras deficientes que colapsan con una lluvia fuerte y un metro y sistema de movilidad que, en las grandes ciudades, se convierten en sinónimo de frustración cotidiana.

¿Dónde está la solidaridad con los maestros que exigen mejores condiciones para educar a las nuevas generaciones? ¿Por qué la indignación colectiva no se organiza con la misma fuerza contra la corrupción, la violencia, el reclutamiento de niños por parte del crimen organizado o contra la indiferencia que normaliza el sufrimiento ajeno? Nuestras emociones parecen selectivas, vibran con facilidad en lo festivo, pero se adormecen ante el dolor y la injusticia.

El doctor José Antonio Lozano Díez, en sus reflexiones sobre la necesidad humana de celebrar y pertenecer, ha señalado con claridad: “Cuando las personas salen a las calles, se reúnen, cantan y se abrazan incluso sin conocerse, no están celebrando solamente un resultado deportivo: están buscando algo que todos necesitamos profundamente, sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos.” Esta frase nos invita a la reflexión, ¿por qué no unirnos con la misma pasión para apoyar a quien lo necesita, exigir presupuestos dignos para seguridad y salud, protocolos eficaces y cero impunidad?

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Imaginemos un México donde la marea humana que llenó los fans fests y estadios en el Mundial se volcase también en marchas por la verdad, en redes que amplifiquen las voces de aquellos que están sufriendo, en donativos para búsquedas, en presión ciudadana para que las autoridades cumplan con su responsabilidad.

Este Mundial nos enseñó que podemos unirnos para ver a la selección, pero también nos dejó una lección pendiente: deberíamos hacerlo, con mayor urgencia, para los temas sociales que definen nuestro presente y futuro. 

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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