¿El Mundial que soñamos?
¿Qué pasaría si lográramos llevar fuera de la cancha un poco de esa fraternidad que aparece dentro del estadio?
Invitación a leer El futbol como espacio de encuentro y tensión social
Hay algo profundamente humano en el futbol. Basta un gol para que desconocidos se abracen, para que miles de personas griten al mismo tiempo o para que, por unos segundos, parezca que las diferencias desaparecen.
Precisamente ahí comienza la reflexión que nos comparte José Castillo en su artículo: en esa capacidad extraordinaria que tiene el futbol para reunir a personas que probablemente nunca compartirían una conversación, una mesa o una historia de vida.
Pero el texto no se queda en la emoción. Nos invita a mirar más allá del estadio y preguntarnos qué significa realmente ese encuentro.
Una de las afirmaciones más sugerentes del autor es:
“El deporte propone una forma básica de convivencia.”
La frase parece sencilla, pero encierra una verdad importante. En la cancha, el rival no es un enemigo que debe ser eliminado; es alguien necesario para que el juego exista. Sin adversario no hay partido, sin reglas no hay competencia y sin respeto mutuo no hay futbol.
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Quizá por eso el deporte sigue siendo una de las pocas experiencias capaces de reunir a personas de distintas edades, culturas, creencias y condiciones sociales alrededor de una misma emoción.
Sin embargo, el artículo también nos recuerda que toda forma de comunidad lleva consigo una tensión.
“Lo que une también puede excluir.”
Y aquí la reflexión se vuelve particularmente actual.
Mientras vivimos este Mundial 2026, hemos visto cómo el futbol convive con debates que van mucho más allá del deporte: migración, fronteras, discriminación, nacionalismos, intereses económicos y políticas que afectan directamente a las personas que viajarán, trabajarán o participarán en este gran evento.
Resulta inevitable pensar en algunas de las decisiones, discursos y actitudes que, en los últimos años, han generado preocupación respecto al trato hacia migrantes o visitantes en Estados Unidos. Sin entrar en la confrontación política, el problema de fondo permanece: ¿de qué sirve organizar una gran fiesta mundialista si hay personas que no son bienvenidas?
El propio artículo apunta hacia esta paradoja cuando afirma:
“El deporte puede construir puentes donde otras esferas de la vida social solo levantan muros.”
Tal vez esa sea una de las cuestiones más importantes que nos deja este Mundial compartido entre México, Estados Unidos y Canadá: no solamente si será un éxito deportivo o económico, sino si será capaz de generar experiencias reales de encuentro entre pueblos, culturas y personas que habitualmente viven separadas por fronteras físicas y simbólicas.
El texto también plantea preguntas que vale la pena hacernos como aficionados:
- ¿El futbol nos está ayudando a encontrarnos o solo a consumir espectáculo?
- ¿Qué ocurre cuando la identidad deportiva se transforma en exclusión o agresión hacia quien piensa diferente?
- ¿Cómo evitar que la pasión se convierta en xenofobia, violencia o desprecio por el otro?
- ¿Qué podemos aprender del “nosotros” que surge en un estadio para fortalecer nuestras comunidades fuera de él?
Quizá la reflexión más valiosa aparece hacia el final. José Castillo reconoce que el futbol no resolverá por sí solo nuestras divisiones, pero sí puede recordarnos algo esencial: que es posible coincidir incluso cuando somos diferentes.
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Esa capacidad de reconocernos como parte de algo común no es poca cosa.
Por eso, más que preguntarnos quién levantará la copa en 2026, este artículo nos invita a formular una pregunta más profunda:
¿Qué pasaría si lográramos llevar fuera de la cancha un poco de esa fraternidad que aparece dentro del estadio?
Te invitamos a leer el artículo completo, “El futbol como espacio de encuentro y tensión social”, de José Castillo Mayagoitia, en la Revista Signo de los Tiempos:
Porque quizá el verdadero legado de un Mundial no se encuentre únicamente en los estadios o en los récords deportivos, sino en nuestra capacidad para transformar un momento de encuentro en una oportunidad para construir una sociedad más humana.


