Dentro del plan del evangelio de San Lucas tenemos este relato del envío de setenta y dos discípulos. El primer aspecto interesante es que los demás evangelios no cuentan con esta narración. A San Lucas, por lo tanto, parece interesarle la multiplicación de los enviados.
Todos los evangelios, incluso san Lucas, narran el envío de doce discípulos (cfr. Mt 10,1-14; Mc 6,7-13; Lc 9,1-6). Es probable que este segundo envío resulte importante en vista a la multiplicación de apóstoles que el mismo san Lucas nos narra en el Libro de los Hechos de los apóstoles (Hch 13,1-3).
El envío de los doce, que fue el primero, coincide con este segundo envío de los setenta y dos, en la predicación de la buena nueva de la cercanía del Reino de los cielos, acompañada de la imposición de manos a los enfermos y el don de la paz. El regreso de la primera misión no nos dice el estado anímico de los discípulos, en cambio el regreso de los setenta y dos, sí nos lo reporta.
Ellos regresaron eufóricos, porque hasta los demonios se les sometían. Es aquí donde Jesús introduce un cambio de óptica con respecto a lo que debe ser causa de alegría. El Señor propone como punto de referencia no el éxito momentáneo sobre el demonio, sino el éxito definitivo de la vida eterna. Por ello, menciona “alégrense más bien de que sus nombres estén inscritos en el cielo”. La máxima alegría de los discípulos y misioneros no se reduce a lo que pase en esta vida, sino en el más allá.
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