Opinión

El Bautismo del Señor, festividad con que concluye el Tiempo de Navidad

Lectura del Santo Evangelio según san Marcos (1, 7-11)  

En aquel tiempo, Juan predicaba diciendo: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.  

Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias”.  


El Bautismo del Señor y el Tiempo de Navidad

Este domingo celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor Jesucristo. El tiempo de la Navidad está marcado por tres festividades: la del 25 de diciembre en que celebramos el Nacimiento del Señor; la fiesta de la Epifanía, en que celebramos su manifestación a los Magos de Oriente y el Bautismo del Señor.  

De las tres festividades es sólo ésta última la que aparece en todos los evangelios. El Nacimiento del Señor nos lo reporta solamente el evangelista san Lucas (Lc 2,1-20) y la visita de los magos solamente san Mateo (Mt 2,1-12). Es muy probable que esto sea así porque los primeros relatos evangelizadores se centraran en el acontecimiento de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.  

Los grupos de personas que se adherían a esta Buena Noticia poco a poco iniciaban en el conocimiento más profundo del Señor. Los relatos pusieron el Bautismo por Juan Bautista en el río Jordán como el inicio de la vida y la enseñanza de Jesús, hasta cierto tiempo después fue necesario completar estos conocimientos con una noticia sobre cómo había nacido, cuál había sido su familia más cercana y dónde se había desarrollado.  

El Tiempo de Navidad es muy importante porque nos lleva a celebrar la encarnación del Hijo de Dios entre nosotros. Nuestra fe no se basa en doctrinas o desarrollos filosóficos, se basa más bien en la adhesión a la persona de Jesucristo, un hombre que, como el resto de la humanidad, nació, creció y se dio a conocer en un momento determinado de la historia.  

Junto con la celebración de la Pascua cristiana, es decir la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección, la Navidad hace el compendio de los tiempos fuertes del año litúrgico.  

A lo largo de los primeros siglos, la comunidad cristiana debió soportar los embates de corrientes que intentaron negar la humanidad del Señor, sobre todo en el marco de la cultura griega, puesto que para los filósofos griegos la corporeidad era una realidad tan cambiante que implicaba una degradación metafísica impensable en Dios.  

Sin embargo, la Iglesia fue venciendo todas las interpretaciones erróneas sobre la humanidad de Cristo y continúa afirmando que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre en sentido pleno de las palabras.  

La etapa de la historia que nos toca afrontar pretende despersonalizar completamente el sentido de este tiempo. Dejar a un lado que celebramos el nacimiento de Dios entre nosotros para dejarnos solamente los valores teóricos de la bondad, la ternura, la solidaridad, entre otros que se consideran positivos y deseables. 

 

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