¿Las iglesias locales deben dialogar con grupos del crimen organizado?
Para entablar ese diálogo, que imponen las circunstancias en ciertas regiones del país, es indispensable que los sacerdotes cuenten con elementos, conceptuales y prácticos
Los sacerdotes a cargo de parroquias, del trabajo pastoral y social en las comunidades ubicada en territorios del país bajo control de los grupos del crimen organizado, que ahora, según los estudiosos del tema, se extiende al 30 %, necesariamente, no tienen otra posibilidad, deben dialogar y acordar con los grupos del crimen organizado, para poder desarrollar sus actividades.
Para entablar ese diálogo, que imponen las circunstancias en ciertas regiones del país, es indispensable que los sacerdotes cuenten con elementos, conceptuales y prácticos, para hacerlo y no solo dependan de su sentido común y criterio personal.
El pasado julio la Universidad Pontificia de México, organizó el Taller para el fortalecimiento de capacidades de negociación en sacerdotes y agentes, al que asistieron 40 sacerdotes y 30 laicos, agentes de pastoral, de las diócesis de Matamoros, Acapulco, Morelia, Guadalajara y Ciudad de México.
Este ejercicio académico se propuso como objetivo, ofrecer elementos para que los participantes, sin ingenuidad, sepan como acercarse y dialogar con los grupos del crimen organizado, para poder trabajar, reducir la violencia y mejorar las condiciones de la población y reducir su nivel de vulnerabilidad.
Entre los materiales que se vieron en el curso están: Negociando con grupos criminales violentos: Lecciones y recomendaciones de la práctica global (2021); La construcción de paz horizontal: un nuevo concepto desde la experiencia de Colombia (2023) y Banco de experiencias para la construcción de la paz en México (2022).
En los próximos años, los grupos del crimen organizado seguirán en control de los territorios hoy en su poder y muy probablemente van a ampliar el espacio que ahora dominan, donde ellos son realmente el gobierno, y en esa realidad las parroquias de las diócesis ubicadas en esas regiones van a continuar ofreciendo sus servicios pastorales y sociales.
Los sacerdotes que trabajan en esos territorios, donde no hay presencia del gobierno de México y sí del crimen organizado, para conservar la vida y sus espacios de acción, están necesariamente obligados a dialogar con los grupos del crimen organizado, y no hacerlo resultaría irresponsable y suicida.
El curso del pasado julio en el Universidad Pontificia de México, no debería ser una experiencia aislada y única, y en la formación de los teólogos de las diócesis ubicadas en territorio bajo control de los grupos del crimen organizado, deber contemplarse como parte de su formación.
Amigos jesuitas muy queridos, que llevan décadas de trabajar en la Sierra Tarahumara, con los rarámuris, me han platicado de los diálogos que han sostenido con dirigentes locales de los grupos del crimen organizado, para garantizar, sin peligro de ser asesinados, la movilización en la región para poder
realizar su trabajo. Y también como esa posibilidad les ha permitido salvar vidas.