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COLUMNA

Comentario al Evangelio

Lecturas de la Misa y Evangelio del 1 de febrero del 2026

El Señor nos quiere dichosos. Pero no escatimándonos la dificultad. Justo la cruz del Señor es el referente definitivo de nuestros combates.

30 enero, 2026
Lecturas de la Misa y Evangelio del 1 de febrero del 2026
Jesús con sus discípulos.

Lecturas y Evangelio del 1 de febrero de 2026

  • Primera Lectura: Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13
  • Salmo: Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10
  • Segunda Lectura: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31
  • Evangelio del día: Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a
  • Comentario al Evangelio

Primera lectura

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor los humildes de la tierra,
los que practican su derecho,
buscad la justicia, buscad la humildad,
quizá podáis resguardaros
el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.

Palabra de Dios.

Salmo

/R/ Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. /R/

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. /R/

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. /R/

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Palabra de Dios.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio

Dichosos

Una página conmovedora y revolucionaria del Evangelio la encontramos en el Sermón de la Montaña, que se abre con las bienaventuranzas. Una serie de paradojas se presentan, desde la condición caída del ser humano, mostrando, sin embargo, un horizonte de plenitud no a pesar de la situación presente, sino a través de ella. Todos conocemos situaciones semejantes: la pobreza, el llanto, el sufrimiento padecido, la justicia escondida, el anhelo de consuelo. Y también se marcan situaciones que pueden parecer propias de la debilidad, y que, en realidad, significan la condición para la plenitud: la limpieza de corazón, el compromiso con la paz, la persecución.

El Señor promete a través de esas condiciones presentes una plenitud futura. Pero ese futuro no debe entenderse como un estoicismo que aguanta la dificultad a más no poder, esperando que en algún momento ésta desaparezca. Es una enseñanza para asumir positivamente esas situaciones penosas, con la certeza de que Dios nunca nos abandona. La convicción de su cercanía es, al mismo tiempo, la encomienda de limpiar el corazón y trabajar por su obra, para ir realizando, en medio de los avatares del tiempo, el Reino de los cielos.

Las penas nos dan miedo. Quisiéramos evitarlas. Y esto es bueno. Pero el Señor no nos deja sucumbir a la situación dolorosa. Nos garantiza un triunfo ulterior, que de cualquier manera se puede vivir ya en el presente, precisamente al reconocer en medio de la cruz la participación en el sacrificio de Cristo. El Señor nos invita a una plenitud que no es solo probidad moral y obediencia a las normas. Es sobre todo una confianza a toda prueba, capaz de transformar la mirada sobre las dificultades, encontrando en ellas el cauce de la salvación.

En este horizonte, el Señor nos anuncia francamente que nuestro destino es la felicidad. No invita a soportar la adversidad con heroísmo. Muestra que hay algo más grande que la misma tormenta atravesada, y que en medio de ella se va tejiendo justamente la historia de salvación, que es plenitud que Dios nos ofrece, sentido que trasciende el dolor, victoria que se adelanta ya en la misma lucha.

El Señor nos quiere dichosos. Pero no escatimándonos la dificultad. Justo la cruz del Señor es el referente definitivo de nuestros combates. Y en ellos ya está contenido el anuncio de la resurrección, aunque mientras tanto la situación nos duela y nos fatigue.