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COLUMNA

Comentario al Evangelio

Lecturas de la Misa y Evangelio del 4 de enero del 2026

No todos levantan los ojos para descubrir la estrella. No todos aceptan el desafío del salir de las propias instalaciones y ponerse en camino, más allá de los rumbos acostumbrados.

2 enero, 2026

Lecturas y Evangelio del 4 de enero de 2026

  • Primera Lectura: Del libro del profeta Isaías: 60, 1-6
  • Salmo: Salmo 71
  • Segunda Lectura: De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6
  • Evangelio del día: Del santo Evangelio según san Mateo: 2, 1-12
  • Comentario al Evangelio

Primera lectura

Del libro del profeta Isaías: 60, 1-6

Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará, cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.

Salmo

/R/ Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Comunica, Señor, al rey tu juicio, 
y tu justicia al que es hijo de reyes; 
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres 
y regirá a tu pueblo justamente. /R/ 

Florecerá en sus días la justicia 
y reinará la paz, era tras era. 
De mar a mar se extenderá su reino 
y de un extremo al otro de la tierra. /R/ 

Los reyes de occidente y de las islas 
le ofrecerán sus dones. 
Ante él se postrarán todos los reyes 
y todas las naciones. /R/ 

Al débil librará del poderoso 
y ayudará al que se encuentra sin amparo; 
se apiadará del desvalido y pobre 
y salvará la vida al desdichado. /R/

Segunda lectura

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este designio secreto, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo.

Palabra de Dios.

Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo: 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio

¿Dónde está?

En la búsqueda de los magos de Oriente está la tensión de toda la humanidad. Pero no todos levantan los ojos para descubrir la estrella. No todos aceptan el desafío del salir de las propias instalaciones y ponerse en camino, más allá de los rumbos acostumbrados. Menos aún son quienes superan las adversidades y perseveran en el objetivo. Pero la pureza de su esfuerzo, en el que se recapitula lo mejor de las disposiciones humanas, recibe como recompensa el poder entrar en la casa y adorar al Niño, al Rey que ha nacido.

Su pregunta era válida y lo sigue siendo. ¿Dónde está? Porque, aunque nos pongamos en camino, no siempre resulta claro hacia dónde con precisión se deben dirigir los pasos. A veces la Providencia dispone estrellas que nos iluminen. Pero también los signos del horizonte pueden resultar engañosos. Inquirir, dirigirse a los sabios puede ser una buena idea. Aunque, para sorpresa de los investigadores, puede ocurrir que quienes deberían conocer la respuesta no la tengan, o quienes la tengan guarden su reserva a la hora de dirigirse al destino. También hoy la búsqueda del sentido de la vida parece enfrentar contradicciones. El rostro del Niño, por más que nos parezca conocido, se pierde en el vaivén de actividades. ¿Dónde está? Necesitamos detenernos, atender, escuchar, y poco a poco el Espíritu mismo, si somos dóciles a la Palabra, nos mostrará el significado de los indicios.

La narración del evangelista descansa en el encuentro: finalmente la estrella misma, bajo las orientaciones recibidas, los llevó a la casa donde estaba. La alegría y la paz de ese momento sintetiza las certezas de la fe. El gesto de los Magos es acertado: ofrecer sus dones. Dones proféticos, que recogían antiguas tradiciones y adelantaban el mesianismo del pequeño. Intercambio ajeno a todo lo comercial, pues contiene, más bien, el designio mismo de Dios operado entre los hombres.

Al final, una encomienda. El encuentro despierta la necesidad de compartirlo. Pero no a todos. Porque siempre hay trampas, incluso de parte de quienes han asegurado querer adorarlo. Ante la perversión, distancia. La ruta deberá ser otra: dirigirse a los pequeños, a los sinceramente inquietos, a los que pueden experimentar en el corazón el calor de la esperanza infinita. ¿Dónde está Jesús? Y hacia Él se dirigirán, para hacer su propia ofrenda.

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