Opinión

¿La tragedia nos alcanza por ser más pecadores que otros?

Evangelio del día

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: “¿Piensan ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Yo les digo que no; y, si no se convierten, todos perecerán lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no; y, si no se convierten, todos perecerán de la misma manera”.

Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?’. Pero el viñador contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas’”. Lucas (13,1-9)

III Domingo de Cuaresma 2022

El evangelio del III domingo de cuaresma, nos presenta a Jesús que ha hecho el largo recorrido a pie, desde Galilea hasta Jerusalén, unos 142 Km, y se pone a predicar ante una muchedumbre seguramente cerca del Templo, que se reunía incluso a comentar los últimos acontecimientos que a todos habían asombrado, entre ellos: que Pilatos había mandado matar a otros Galileos, mezclando su sangre con la misma de los sacrificios que estaban ofreciendo, seguramente unos judíos radicales (tal vez del grupo de los Zelotes). Noticia que aprovecha Jesús para decir, que aquellos Galileos no son diferentes de los que están escuchando. Nuevamente se presenta otra noticia escandalosa más: se ha derrumbado una Torre (en Siloé) y mató a 18 personas, nuevamente Jesús aprovecha para sostener que no eran personas diferentes a su auditorio; con todo esto, el capítulo 13 de San Lucas, se convierte en una imperante y urgente necesidad de conversión, que utilizando las noticias más recientes, dramáticas, son propuestas como una oportunidad de mencionar que hemos de estar preparados, todos por igual, ya que las personas que sufrieron la tragedia y terminaron muertos, no son diferentes a nosotros, son como nosotros que estamos escuchando estas palabras de Jesús.




Si pudiéramos hacer un ejercicio similar al que Jesús realizó en aquél lugar hace dos milenios, se me ocurre mencionar que las personas que sufrieron esa tragedia en el Estadio La Corregidora en Querétaro, apenas en el primer domingo de esta Cuaresma, no son distintas a nosotros, es decir, familias como las nuestras, hombres, mujeres y niños, que no por pecadores fueron golpeados o ultrajados, sino que a cualquiera de nosotros le pudo haber sucedido, por ello, la misma indicación: es necesario y urgente convertirse a Jesús y al Reino predicado por Él.

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Y aquellas familias que suman ya más de un millón de personas que han dejado sus hogares en Ucrania, no son diferentes a nuestras familias, son como nosotros, y han sufrido esas inclemencias de la guerra no por ser mejores o peores que nosotros; por eso, la necesidad urgente de convertirse.

Me gustó mucho el documento de Aparecida, así conocido por la reflexión de los Obispos de América Latina y el Caribe, quienes en el año 2007 en Brasil, comenzaban su disertación sobre la necesidad de esta iglesia particular, de renovarse desde las estructuras más altas, son los mismos obispos quienes hablan de la necesidad de “conversión”: “nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos…”.  (Documento de Aparecida no. 13).

Es así, que estamos todos llamados urgentemente a la necesaria conversión de nuestra vida hacia Jesús y quienes estamos más cerca de la actividad y comunidad parroquial, somos desafiados a revitalizar nuestra fe, como los Obispos nos invitaron en esta Cuaresma en la Arquidiócesis de México, ya que aquellos que han sufrido las más recientes calamidades, no ha sido por pecadores o injustos, sino que todos por igual debemos de estar preparados para el momento de nuestro encuentro final con Cristo, que por cierto renovaremos especialmente en la próxima fiesta de la Pascua de Resurrección, meta del ejercicio Cuaresmal y preparación de la Pascua eterna, donde por fin podremos contemplar su rostro glorioso.