Opinión

Roma, merecidas nominaciones

Desde  2000, en que El Tigre y el Dragón obtuvo 10 nominaciones al Óscar, ninguna película extranjera había vuelto a lograr tal hazaña; este año lo hizo Roma, del mexicano Alfonso Cuarón. Así que hoy el país estará atento a ver cuántas se cristalizarán en premios.

La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha quedado muy atraída por la belleza de esta película, cuya historia muestra el estilo de vida de inicios de los años 70, en una colonia representativa de la Ciudad de México y a partir de la situación sentimental de una empleada doméstica de extracción indígena. Pero también retrata las miserias de la periferia, y parte de la vida provincial, mediante paisajes equiparables a las pinturas de José María Velasco o a las fotografías de Juan Rulfo.

De una manera realista y sin evadir la diferencia de clases, Roma describe el tipo de relación entre una familia y su empleada, en una época en que la persona de servicio no sólo hacía la labor doméstica, sino también era cocinera, nana, confidente, apoyo moral y, sobre todo, parte de la familia en muchos casos, un valor que ha ido palideciendo.

Criticada en gran medida por su lentitud, la película de Cuarón para mí tiene en esto una gran virtud: el ojo curioso de una cámara que se detiene en los detalles cotidianos de un hogar, de una familia, de una sociedad, algo poco apto para muchos espectadores de una época absorbida por las prisas y lo práctico.

Desde luego, la Academia quedó convencida de las actuaciones de Yalitza Aparicio (Cleo) y Marina de Tavira (Sofía), que a mi consideración no ganarán, pero nadie les quitará esa nominación.

*Crítico de cine, miembro de SIGNIS y doctor en Teología.

Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión, y no necesariamente representa el punto de vista de Desde la fe