Cultura de Vida

Mirar al Corazón de Jesús

Junio es el mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y de nuevo se nos presenta la oportunidad, durante este mes en especial, de adentrarnos en el gran misterio de su amor reflejado en su Corazón traspasado. Siempre me he preguntado ¿qué habrá dentro de su Corazón?, ¿cómo es?, ¿cómo puedo amarlo más y dejarme amar por Él?

Aquellas personas que pudieron estar cerca de Jesús, mientras vivió en la tierra, tuvieron la oportunidad de conocer su corazón. Juan, su discípulo amado, pudo recargar su cabeza en el pecho del Maestro y escuchar los latidos de su corazón. Fueron muchos que al encontrarse con el Corazón de Jesús tuvieron una transformación profunda en su vida, pues ante tanto amor, no hay corazón que pueda permanecer igual.

¿Y nosotros, cómo podemos hacerlo? Sabemos que Jesús nos espera en el Sagrario con ese mismo corazón deseoso de amarnos, en la Eucaristía, donde vuelve a ofrecerse al Padre como sacrificio por nuestra salvación, en la Confesión para brindarnos su perdón y gracia para poder amar más y de una mejor manera. Pero, Jesús también nos espera en el día a día de nuestra propia vocación. Ahí donde fuimos llamados: en el matrimonio, en la vida consagrada, en la soltería, en la vida misionera, al ser padres.

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Es por esto que hoy quiero compartirles una manera de poder encontrarnos con Jesús a través de las situaciones cotidianas que solemos vivir en el matrimonio.  El otro día escuchaba una plática que se llamaba “sus calcetines sucios eran un mini Tabernáculo”.  He de confesarles que el título me atrapó pues nunca hubiera pensado que cosas tan ordinarias pudieran convertirse en una oportunidad para estar cerca de Jesús y ser transformados por su amor.

El matrimonio explicaba que muchas veces en el día a día de su vida se presentan cruces, dificultades, pruebas y situaciones en las que cuesta trabajo servir, perdonar, amar. Por ejemplo, cuando ella encontraba continuamente calcetines sucios de su esposo por toda la casa, era una de las muchas situaciones que hacían que le costara trabajo ser paciente, compasiva, amorosa, pero también una gran oportunidad para encontrarse con Jesús y pedirle que hiciera su corazón más grande para poder amar más profundamente, así como cuando lo vamos a visitar al Sagrario.

Jesús puede transformar nuestros corazones y enseñarlos a amar como Él ama, pero para poder hacerlo lo primero que necesitamos es acercarnos a Él, mostrarle nuestros corazones, así como estén: alegres, débiles, tristes, anhelantes, pobres, jubilosos, expectantes, temerosos, inquietos, felices, insatisfechos.

Pensemos, por ejemplo, en los novios de la boda de Caná, donde el vino se acabó y las tinajas se vaciaron, así puede estar nuestro corazón que quizá se llenó con un “primer vino” que no duró, con un amor exhausto que se acabó, pero fue ahí donde Jesús hizo el milagro y transformó el agua en vino, un vino nuevo y mejor que el primero.

Hoy podemos presentarnos ante Él con nuestros corazones como estén, pues Él no desprecia ningún corazón sincero, no tengamos miedo de encontrarnos corazón con Corazón, ya sea en el silencio del Sagrario o en el bullicio de nuestra vocación, y dejemos que el fuego de su Amor transforme nuestro corazón en un corazón de carne que ame cada día más y mejor.

Sagrado Corazón de Jesús, En Ti confío.

 

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