Milpa de apuntes

El joven de los tacos

No me refiero al taquero o al que atiende las mesas en la taquería, sino a un hecho ocurrido a un joven que comía tacos con su papá hace un par de semanas en la Ciudad de México.

Hicieron lo que todos: llegaron, escogieron mesa y pidieron sus tacos. Comenzaron a platicar, a mirar las pantallas que estaban a su alrededor, cuando súbitamente se interrumpió la comida, ¡un individuo había entrado con una piedra golpeando al joven en la cabeza!

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Inmediatamente fueron al hospital para que lo atendieran. Gracias a Dios, el joven ya está en su casa, aunque sin gusto ni olfato. Oremos para que se recupere pronto y bien.

¿Quién podría anticipar un hecho así?, ¿qué tan vulnerables estamos ante situaciones tan caóticas y tan poco previsibles?, ¿cuántas personas han terminado en el hospital o dentro de una caja en un funeral por haber estado esperando el cambio de luces y un camión les embistió por haberse quedado sin frenos?

Lo altamente improbable puede suceder (para bien y para mal) en cualquier momento, una mezcla de posibilidades y probabilidades que incrementan o disminuyen el riesgo de que algún evento suceda.

Esto depende de las acciones derivadas de la libertad de las personas, de la intencionalidad, de la aleatoriedad y de la suma de los factores que pueden llevar a la tormenta perfecta.

No obstante lo anterior, el kairós, ese tiempo oportuno de Dios, se da como una suma de factores que se van tejiendo en el tiempo, que involucran la voluntad de las personas, la atención a la inspiración y a la gracia del Señor.

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Entonces, ¿por qué pasó la agresión en los tacos?, ¿acaso Dios permitió el ataque? La respuesta viene de la libertad del agresor, quien estaba alterado por el consumo de drogas. ¿Se pudo haber evitado este ataque? Desde luego, algo pasó en la vida del agresor que lo llevó a las drogas, y de allí se detonó una serie de sucesos hasta llegar a ese momento.

¿Pudieron ser peores las consecuencias del golpe? Como la muerte, afectación del movimiento, del habla, etc. ¿Habrá intervenido el Señor? Yo no tengo duda aunque siempre quedará en el ámbito del misterio de la acción de Dios. El Señor camina junto a nosotros, descubrir su presencia es tarea de todos los días.

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