Opinión

Comentario a la reflexión sobre el Itinerio Catecumenal para la vida matrimonial

Reflexión sobre el Itinerario Catecumenal para la vida matrimonial[1]

Del Prefacio del documento, escrito por el Papa Francisco, destaco y elaboro la idea siguiente: son igualmente hijos, los que se preparan a una vocación consagrada: presbítero, religiosa o religioso; como los que se preparan a la vida matrimonial, por lo que corresponderá una igual intensidad en la preparación y la formación de los mismos; aunque lo sabemos, de la preparación de los primeros, se deriva una aceptación o no, por parte de los formadores, a entrar en la vida sacerdotal o religiosa, en los seminarios o en los conventos, en las órdenes sagradas o en la impartición de los votos perpetuos; no así en cambio, con los novios, que de cualquier manera, ellos entrarán en la vida de pareja, ya sea, con sacramento o sin el, con contrato civil o sin él; y muy probablemente engendrarán hijos; y seguirán siendo hijos de Dios; muchos de ellos seguirán llamándose católicos, y en ningún caso, por nuestra parte, habremos de excluirlos de nuestra acción y atención pastoral, toda vez, que tendremos que atenderlos y acercarnos a ellos, en la condición en que se encuentren[2], ya sea que se acerquen, o salgamos, como es debido, a buscarlos.

Pronto, como menciona el mismo Papa Francisco, habrá también un documento, para los divorciados y no sacramentados, que constituyen un elevado porcentaje en nuestra sociedad; ya que son igualmente hijos, de nuestra madre Iglesia, a quienes también corresponde una atención de igual intensidad; porque los divorciados y todos los no sacramentados forman parte de nuestra tarea pastoral. Y quizá de manera especial, por ser los alejados. Y habrán de ser atendidos con igual urgencia, dado, especialmente, el número tan grande que existe de ellos.

Pensar en, más que aumentar el ya de por sí grande número de momentos, que, como sacerdotes, estamos con las familias, se trataría de mejorar la calidad de los mismos… Bautismo, Catequesis, Confirmación, Presentación, 1a Comunión, XV Años, Boda, aniversarios, enfermedad, defunción, entre otros.

Sobresale el carácter iluminador e inspirador del Itinerario para cada diócesis, asi como, la reiteración de la participación activa de laicos, matrimonios expertos, o maduros, en el acompañamiento de los novios y recién casados, junto con los sacerdotes.

Este trabajo, habrá de hacerse de manera conjunta, sin duda, entre todas las pastorales, infantil, catequética, adolescentes, juvenil, litúrgica, social, etc; de otra manera, seguirá siendo poco efectiva y no estará a la altura de la exigencia pastoral de nuestros tiempos.

Llevar a cabo la idea, de elaborar un Itinerario para todo el país, comprendería una investigación de lo que ya tiene cada una de las diócesis y eparquías en nuestro territorio, y partiendo de ahí, ofrecer luces y criterios para el amplio acompañamiento pastoral familiar, en base a un modelo catecumenal, como lo propone el documento Vaticano.

Un imperativo que señalo, es el de no dejar de hacer un concienzudo análisis de la realidad, para hacer un adecuado diagnóstico, y actuar en base a ello. Y tener el conocimiento, de cuántos matrimonios, hombre mujer, casados por el civil, una o varias veces; cuántas parejas sin enlace civil, cuántas con vínculo religioso, cuántos católicos, cuántos de otras religiones; cuántas familias en condición monoparental, divorciados, separados, madres solteras, familias extendidas, ampliadas, etc.

Ignorar esta realidad, sería desconocer su existencia, y sería negarnos a palpar las heridas de nuestros hermanos, y renunciar a darles la medicina necesaria.

Termino invitándoles a sembrar, desde la catequesis infantil y familiar, con la intensidad y pasión del Dios campesino, la belleza, la alegría y la plenitud del matrimonio, contrarrestando el ataque agresivo (mediático y de políticas antifamiliares nacionales e internacionales) que sufre la familia.

[1] https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2022/06/15/0459/00940.html

[2] Como lo indica el Papa Francisco, en el mensaje de inicio del X Encuentro Mundial de las Familias, 22 de junio 2022.

 

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