La generación ansiosa y el poder invisible de los algoritmos de redes sociales

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COLUMNA

Columna invitada

La generación ansiosa y el poder invisible de los algoritmos de redes sociales

Las redes y videojuegos no son malos. El error es permitir que se conviertan en sustitutos de acompañamiento.

12 marzo, 2026
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Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 18 de noviembre de 2022. En 1993 se consagra como religioso agustino recoleto y realiza sus estudios de filosofía y teología; ordenado sacerdote el 31 de julio de 1999. 

Jonathan Haidt, profesor de psicología social por la Universidad de Nueva York y autor del best-seller “La Generación Ansiosa”, declaró en una entrevista que las redes sociales afectan al mundo de la adolescencia de manera profunda.

Un adolescente inseguro si en sus redes sociales nadie le envía un “me gusta” a la foto de Instagram llega a deprimirse, y si añadimos las burlas que provoca esto a nivel grupal, las consecuencias son peores.

Según el Pew Resarch Center (encuesta 2025), el 45% de los adolescentes dice que pasa demasiado tiempo en las redes sociales, frente al 36% en 2022. El mismo centro afirma que  aproximadamente uno de cada cinco adolescentes afirma que las redes sociales perjudican su salud mental (19%) o sus calificaciones (22%) la mayor parte afirma que estas plataformas tienen un impacto neutral en su salud mental (50%) y sus calificaciones (51%).

Un porcentaje similar de adolescentes afirma que las redes sociales mejoran (19%) o perjudican (15%) su confianza y casi la mitad (46%) afirma que estas plataformas no las perjudican ni las ayudan.

Las amistades son el único aspecto de la vida adolescente sobre el que afirman que las redes sociales las benefician en lugar de perjudicarlas (30 % frente a 7 %). De nuevo, un porcentaje considerable de adolescentes (43 %) describe el impacto de las redes sociales de forma neutral.

Ante este panorama de una aparente indiferencia ya están iniciando demandas por parte de un grupo de abogados de Estados Unidos contra las grandes empresas que están detrás de las redes sociales para que las reglas en internet sean totalmente diferentes.

Los algoritmos que están creando las redes sociales generan adicción en las pantallas, un problema mental conocido por los diseñadores y que afecta el problema de salud mental que originan en los niños, niñas y adolescentes.

De hecho, los demandantes son personas de edad juvenil que sufren ansiedad y depresión, y familias de jóvenes que se suicidaron. Las demandas presentadas acusan a estas grandes empresas de crear productos adictivos a propósito para ganar dinero.

La aparición de las redes sociales y de la Inteligencia Artificial nos hace reflexionar sobre el tiempo y las emociones. Los grados de percepción de la realidad y la capacidad de concentración son esenciales para interiorizar los principios prácticos del tiempo y la experiencia, para el aprendizaje humano desde la experiencia a la reflexión y también para las relaciones humanas.

Así por ejemplo, quien no tiene una vinculación con el tiempo, como la IA, no puede realmente conversar ni establecer relaciones genuinas, sino solamente simularlas. La vinculación con el tiempo es esencial en esta relación, y la inmediatez que ofrecen herramientas algunas aplicaciones de IA no sustituye el proceso de aprendizaje y la construcción de relaciones humanas. Recordemos que la IA procesa datos de información rápida, pero nuestras limitaciones humanas necesitan respetar el propio ritmo de cada persona para lograr un desarrollo y aprendizaje adecuado a su edad.

En este cambio de época necesitamos promover el equilibrio digital y desarrollar habilidades digitales y también crear entornos seguros en línea además de señalar espacios sin tecnología. Estas dos tareas implican abordar el acoso cibernético, la discriminación en línea y proporcionar recursos para la salud mental online. Además de educar en casa con la designación en algunos lugares donde no haya estos dispositivos.

El miedo a perderse de algo o quedarse fuera, con las siglas inglesas (FOMO) ha existido por mucho más tiempo que las redes sociales. Los sitios como Facebook e Instagram parecen exacerbar los sentimientos de que otros se divierten más o viven mejor que otro conocido.

La idea de que se está perdiendo ciertos eventos puede afectar la autoestima, desencadenar ansiedad e impulsar un uso aún mayor de las redes sociales, de forma muy parecida a una adicción.

El FOMO puede obligar a tomar el dispositivo móvil cada pocos minutos para revisar actualizaciones o responder compulsivamente a todas y cada una de las alertas, incluso se corren riesgos como perder el sueño por la noche o priorizar la interacción en las redes sociales sobre las relaciones en el mundo real.

Por eso desde la evangelización digital y como misioneros digitales debemos promover más el enfoque hacia las relaciones sanas presenciales y actividades fuera de Internet haciendo el esfuerzo consciente por pasar menos tiempo en las redes sociales, protegiendo la vida de los más vulnerables.

Educar para la tecnología es un deber y un derecho especialmente para todos los niños, niñas y adolescentes y los adultos somos los primeros en educar y comprometerse a la limitación de la tecnología.


Autor

Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 18 de noviembre de 2022. En 1993 se consagra como religioso agustino recoleto y realiza sus estudios de filosofía y teología; ordenado sacerdote el 31 de julio de 1999.