¿Por qué sabemos que Dios es Padre, y no Madre?

Dios Padre no tiene cuerpo, no es hombre ni mujer, pero siempre que se ha revelado al ser humano, se ha referido a Sí mismo usando términos masculinos.
Representación de Dios Padre del pintor Raúl Berzosa.
Representación de Dios Padre del pintor Raúl Berzosa.

Este domingo celebramos el ‘día del padre’, y nos sentimos agradecidos por nuestro papá, pero nuestra gratitud no debe parar en nuestro padre terrenal. Viene a la mente ese bellísimo texto de la Carta de san Pablo a los Efesios que se proclamó en Misa hace unos días: “Me arrodillo ante el Padre, de quien procede toda paternidad en el Cielo y en la Tierra.” (Ef 3, 14-15). 

Al que primero debemos agradecer es a nuestro Padre celestial, Padre bueno, amoroso, generoso, providente, que nos da todo y a quien debemos cuanto somos y tenemos. 

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Hablando con algunos alumnos acerca de la paternidad de Dios, alguien planteó una pregunta que le surgió a raíz de ciertos mensajes y videos que andan circulando por allí, y como tal vez haya algún lector los haya visto y también se la plantea, cabe aprovechar este espacio para responderla.

¿Dios es Madre?

Pulula en redes una ‘versión’ del Padre Nuestro en femenino: ‘Madre nuestra’. Quienes la inventaron han llevado la pretendida igualdad de género al delirio. 

En primer lugar debe quedar claro que Dios Padre no tiene cuerpo, así que no es hombre ni mujer, pero como sabe que necesitamos relacionarlo con lo que conocemos, siempre que se ha revelado al ser humano, se ha referido a Sí mismo usando términos masculinos, nunca femeninos. Cuando anunció que un descendiente del rey David ocuparía un trono eterno, dijo “Yo seré para él un Padre, y él será para Mí un hijo” (2Sam 7, 14). Y en diversos textos a lo largo del Nuevo Testamento, consta que tanto el pueblo judío como Dios se referían a Él como Padre (ver por ejemplo: Is 63, 16; Jer 3, 19).

Algo fundamental para nosotros es que Jesús nunca le llamó: ‘Madre’ (claro, Su Madre era María), y en cambio siempre se refirió y se dirigió a Él como Padre (ver Mt 11,27; Lc 10, 21-24; Jn 17); nos enseñó a decirle: “Padre Nuestro…” (Mt 5,9-15; Lc 11, 2-4), y en los momentos de mayor sufrimiento, en el Huerto de los Olivos y en la cruz, clamó desde lo más hondo de Su corazón llamándole Padre (ver Mc 14, 36; Lc 23, 46).

Quienes defienden la idea de ‘Dios Madre’ suelen usar dos argumentos insostenibles:

Por una parte, citan un texto del profeta Isaías en el que Dios compara Su amor con el de una madre (ver Is 49, 14), pero allí sólo dice que aunque hubiera una madre que se olvidara de su hijo, Él no se olvidaría de Su pueblo. Eso no significa que esté afirmando que es madre, es más, se está deslindando de lo que podría hacer esa madre. 

Por otra parte, dicen que Jesús se refirió a Dios como Padre porque estaba influido por la ‘cultura machista’ de Su tiempo. Nada más lejos de la realidad. Jesús demostró, en muchas ocasiones, que no compartía el modo de pensar de los que discriminaban a mujeres, pecadores, leprosos, etc. Y lo probó: hablaba con ellos, acudía a sus casas, y eligió a mujeres para ser las primeras en descubrir y anunciar que resucitó (ver Mt 28, 1-8).

Basten estos ejemplos para dejar claro que esos intentos de convertir el Padre Nuestro en ‘Madre Nuestra’, y también de corregir los textos litúrgicos de la Misa para que se dirijan a Dios como ‘Madre-Padre’, son no sólo ridículos sino mal intencionados, pues buscan confundir a los fieles en su fe y socavar la doctrina de la Iglesia. 

Cabe mencionar en la Biblia a quien se suele identificar en femenino es al pueblo de Israel, con frecuencia comparado con una esposa (ver Is 62, 25). Y en el Nuevo Testamento, también Jesús se identifica como el esposo, con relación a la comunidad cristiana, la Iglesia (ver Mt 9, 15; Ap 19, 7; 21, 2.9.17). 

Pero eso no es todo. Para los católicos, la más sublime representación de lo femenino es María. Y cuando Jesús estaba en la cruz, nos la dio como Madre (ver Jn 19, 25-27). Eso significa que tenemos como Madre a María y a la Iglesia, ¡con esa doble bendición basta y sobra!

Así pues, no sólo el día del padre, sino siempre, vivamos gozosos y agradecidos de saber que Dios es Padre, y, por nuestro Bautismo, nosotros somos Sus amadísimos hijos adoptivos.

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