Déjate interrumpir
Estas buenas interrupciones nos permiten mantener lo que propone el hermano Lorenzo, autor de uno de los libros favoritos del Papa León: mantener la conciencia de la presencia divina en nuestra vida, y vivir lo ordinario de modo extraordinario.
Es escritora católica y creadora del sitio web Ediciones 72, colaboradora de Desde La Fe por más de 25 años.
Hay interrupciones que resultan muy molestas. Estás justo en la mitad de algo que te interesa mucho y a lo que quieres dedicar toda tu atención, y suena el teléfono o el timbre. Y puede ser que elijas dejar que suene, pues sospechas que puede ser alguien que te va a quitar mucho tiempo y no te dejará nada bueno, o quizá atiendes y, demasiado tarde, confirmas tus sospechas.
Pero hay interrupciones que nos hacen mucho bien, aunque de momento nos agarren a la mitad de algo que no quisiéramos pausar, pues nos permiten seguir el consejo de san Pablo que nos invita a no poner la mirada en las cosas de la tierra, sino en las del Cielo (ver Col 3,2), y también el consejo de san Francisco de Sales que nos pide que a lo largo de la jornada, paremos un instante para decir algo lindo a Dios o a María.
Puedes leer: Oración a la Virgen María para pedir protección por la mañana
Estas buenas interrupciones nos permiten mantener lo que propone el hermano Lorenzo, autor de uno de los libros favoritos del Papa León: mantener la conciencia de la presencia divina en nuestra vida, y vivir lo ordinario de modo extraordinario.
He aquí una propuesta concreta para iniciar: Programa una alarma en tu celular para que suene al mediodía y a las 6 de la tarde, y al oírla reza el Ángelus (te toma un minuto). Programa otra a las 3 de la tarde, para rezar la Coronilla de la Divina Misericordia (te toma 5 minutos).
Tal vez no siempre podrás dejar lo que estés haciendo al sonar la alarma, pero si te dejas interrumpir, ello beneficiará mucho tu vida espiritual, aumentará tu dominio propio, lo que te ayudará en tu lucha para vencer las tentaciones, y estrechará tu cercanía con Dios y con María.

