4 respuestas a 4 pretextos para no leer la Biblia

El sentido de leer la Biblia no es informarte ni entretenerte, sino acercarte a Dios, conocerlo y descubrir cuánto te ama.

Imagínate que vas por un camino y te topas con una caseta telefónica.

Hoy en día estos artefactos son especie en extinción, pero todavía hay. Imagínate, pues, que te acercas a una y ves que el teléfono está descolgado, y hay un letrero que dice: “Toma el auricular, Dios te quiere hablar”.

¿Cómo crees que reaccionarías?


Sigue estos consejos para leer la Biblia.

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¿Saldrías corriendo? Tal vez te daría pánico que Dios te dijera algo que no querrías oír, por ejemplo que perdonaras a alguien o que te desprendieras de algo a lo que te has apegado, o tendrías terror que te mandara a misionar a Timbuctú.

¿Colgarías el teléfono? Si lo hicieras, cortarías la llamada. Ni la aprovecharías ni dejarías que nadie la aprovechara.

¿Tomarías el teléfono, pero no para oír, sino para hablar? Tal vez se te ocurriría que ésta era tu oportunidad para pedirle a Dios todo lo que necesitaras o reclamarle todo lo que no te ha concedido, o encomendarle a tus seres queridos.

¿O te atreverías a tomar el auricular y esperar en silencio para escuchar a Dios?

La posibilidad pone chinita la piel, pero no es descabellada, no importa que ya casi no haya casetas telefónicas, puedes escuchar a Dios a través de tu Biblia. Tal vez la tienes empolvándose en un estante, desde que te la regalaron en tu Primera Comunión, tal vez la bajaste en una app a tu celular, pero se te ha olvidado abrirla.

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Pues éste es un buen momento para leerla, porque está por iniciar septiembre, mes que la Iglesia dedica a la Biblia (porque el primer ejemplar se imprimió un septiembre, y porque el día 30 se celebra a san Jerónimo, traductor de la Biblia y patrono de quienes la leen y estudian).

Y si tienes intención de poner alguno de tus acostumbrados pretextos para no leerla, antes considera estas respuestas:

1. No tengo tiempo

Sabes que te das tiempo para lo que quieres, por ejemplo para estar con quien amas. Leer la Biblia no es leer un libro cualquiera, es pasar tiempo con Dios, que te ha escrito una carta de amor y quiere leértela al oído. ¿Cuántas veces aunque tengas prisa te pones a chatear y sin darte cuenta se te fue media hora mandando mensajes tontos? Ese ratito bien lo puedes dedicar a escuchar el mensaje más relevante que alguien te pueda enviar.

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2. No le entiendo

Claro que no, si no es cualquier cosa y no está hecha para ser leída como novela. Necesitas leerla con ayuda de un buen comentario católico que te la vaya explicando, y pedir ayuda al Espíritu Santo, y entonces podrás comprenderla y disfrutarla.

Te recomiendo la Biblia de Navarra, que trae un excelente comentario sobre cada capítulo de cada libro bíblico. También me atrevo a recomendarte mis cursos bíblicos gratuitos, sobre el Evangelio de san Marcos, de san Mateo, de Hechos de los Apóstoles, y el que estoy elaborando sobre el Evangelio de san Lucas (www.ediciones72.com)

Y mi libro: “¡Desempolva tu Biblia! Guía práctica para empezar a leerla y disfrutarla”

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3. Está muy gorda

Esa razón la dijo alguien que temía tener que leer demasiado y no acabar nunca, prefería ‘libros flaquitos’. Cabe responder que cuando se lee la Biblia, no se trata de acabarla pronto. Son textos inspirados por Dios que vale la pena leer despacito, reflexionándolos, dejando que bajen de los ojos al corazón y lo iluminen, dejando que sean lámpara para nuestros pasos. Y si lees un poco cada día, cuando menos pienses la habrás leído toda.

Si hablas inglés te recomiendo los podcasts y videos del padre Mike Schmitz: es excelente su breve comentario diario para leer la Biblia (The Bible in a year).

4. Es aburrida

Lo es para si sólo la hojeas de vez en cuando sin entenderla, pero si lees uno de sus libros, con la ayuda recomendada, descubrirás una realidad fascinante. Te sucederá que no podrás esperar al otro día para ver qué sigue.

Y sobre todo considera que el sentido de leer la Biblia no es informarte ni entretenerte, sino acercarte a Dios, conocerlo, descubrir cuánto te ama, cómo puedes relacionarte con Él y cómo aprovechar cuanto lo que desde Su misericordiosa providencia te quiere regalar.

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