¿Le daríamos posada a Dios hoy?
En “Les pido posada”, Dios mismo —en la voz de San José— nos pide abrir el corazón y acoger al otro, justo cuando más lo necesitamos.
EN EL NOMBRE DEL CIELO, es decir, de Dios mismo, es que hacemos hablar y cantar a José, el hombre justo que Dios dio por esposo a la Virgen María; y nada más con poner tres nanogramos de atención a estas palabras, yo mismo me quedo ojicuadrado, patidifuso, boquiabierto, maniestallado (si, en efecto, esta última palabra NO existe, pero ¿qué quieres?, siempre puede haber caminos nuevos y buenos, que si siendo nuevos resultan malos, ni te atrevas a andarlos)…
LES PIDO POSADA, sí: albergue, acogida, recepción, hospedaje, cobijo, refugio, sitio seguro, ambiente familiar, corazón abierto, hogar y amparo, cariño y piedad; ¡ah!, ¡cuántas veces negamos lo que nosotros mismo más necesitamos!; no quisiera seguir escribiendo sin sentirme yo mismo cuestionado porque –al igual que tú (no te hagas)- más de una vez he negado lo mismo que llego a suplicar…
EN LA BOCA DE JOSÉ Dios mismo está pidiendo lo que primeramente nos ha dado: unos brazos solidarios, una palabra saludable, un oído atento, un corazón cálido, una mirada paternal, o maternal, o fraternal, que aquí el efecto casi es el mismo, pues habla de nuestra humanidad que nos ha de asemejar a Dios…
PUES NO PUEDE ANDAR mi Esposa Amada, ¡y apuesto que ya estás cantando lo que aprendiste desde tu infancia!; sí, repítelo pero con un sentido mayor y profundo, constatando tu propia necesidad e indigencia, suplicando no sólo para ti, más bien por aquellos que están bajo tu responsabilidad; y repito que no quiero seguir escribiendo sin aplicarme estas mismas palabras…
TÚ Y YO, Y TODOS, TENEMOS a alguien bajo nuestro cuidado, ya en línea descendiente (hijos o nietos), ya en línea ascendente (padres o abuelos, tíos o suegros), ya en cualquier otra dirección (amigos, vecinos, compañeros de trabajo, transeúntes, peregrinos, clientes, lectores, simpatizantes, alumnos, colaboradores): así que pide posada también para ellos y así te parecerás a José…
FALTAN TRES DÍAS para la Nochebuena, y te suplico -¿quién soy para pedírtelo?- que no dejes estos festejos en mera tradición o adorno, que no te gane lo exterior y pasajero, que vayas más allá de la lucecita y el pino, que hagas de tu corazón un pesebre y que busques estar lo más cerca (como burro o como buey) de Jesús que nace…
ABRE BIEN LOS OJOS, y considera que un jumento siempre ha sido animal de trabajo, listo para las cargas y los caminos, fuerte y recio ante climas adversos, haciendo ruido sólo si es necesario; por su parte, los vacunos fueron aptos para el sacrificio del templo, para el cultivo de los campos, siempre aprovechados en la provisión de leche, carne y piel para beneficio del hombre; no hay pierde: siendo como ellos la llevaremos de gane…
NO VEO QUE APAREZCA ni un burro ni un buey en los relatos evangélicos del nacimiento de Jesús, y lo señalo porque ya surgirá quién se ponga de quisquilloso y quiera corregir lo que la tradición, la devoción y el sentido común han puesto en las representaciones gráficas que iniciaron desde hace casi 17 siglos, y que San Francisco puso en vivo y a todo color allá en Greccio, en 1223…
Y YA CUANDO LLEGUE la Navidad, pues estírala y prolóngala lo más que puedas, y que para tal efecto sirvan las vacaciones que suelen tomar los que trabajan todo el año, porque quienes sólo trabajamos en estos días no siempre nos alcanza para vacacionar todo el año (bueno, es un decir, porque tú sabes que cuando no hacemos ladrillos, pues andamos haciendo adobes)…
TANTO LA PASCUA como la Navidad, son celebraciones que litúrgicamente se extienden por ocho días (de ahí que se le llama “la Octava”), como si el gozo y la fiesta no cupieran en una jornada de 24 horas, como para que el festejo quisiera arañar algo la eternidad, como si el corazón supiera que ante Dios no debe quedarse chiquito…
VUELVE MI PENSAMIENTO con San José, y un día de estos le quitaré la seriedad conque lo pintan, pues ya me lo imagino –ante el gran misterio del nacimiento del Salvador- ojicuadrado, patidifuso, boquicerrado (¡no dijo nada!, solo obedeció) y “maniestallado”: ¡gracias, San José!…
P. Eduardo Lozano

