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COLUMNA

Ángelus Dominical

El negocio de la política

La política debería ser el negocio más noble cuando busca el bien común. Cuando se convierte en ambición e impunidad, toda la sociedad termina pagando el costo.

1 marzo, 2026
El negocio de la política
El riesgo de convertir la política en negocio: acuerdos de poder que olvidan el bien común. Foto: IA DLF

SI EL NEGOCIO ES AUTÉNTICO todos ganan: el que vende y el que compra, el que produce y el que consume, el que ofrece un servicio y el que lo recibe; el concepto “auténtico” incluye bondad, honestidad y respeto; si no es auténtico se convierte en abuso, estafa, y finalmente en injusticia… NEGAR EL OCIO –y trabajar- es el origen de la palabra negocio; es el trabajo la proyección de capacidades humanas para transformar el entorno, aprovechar con orden los recursos, ganar el sustento cotidiano, desarrollar el potencial humano y embellecer la naturaleza; dicho en palabras del Génesis: “labrar y cuidar el jardín” (2,15) en el que Dios puso al hombre… DE MODO SUPERFICIAL y egoísta, se dice que el negocio “está bueno” cuando la ganancia o beneficio es unilateral, pero se abusa de la necesidad y urgencia del cliente, se pierde el equilibrio entre servicio y beneficio, nos vence la ambición y somos capaces de despachar kilos de 800 gramos o damos gato por liebre: todo eso es robo, abuso, injusticia… EN EL MAL NEGOCIO todos perdemos: el trabajo resultó inútil o deficiente, la mercancía es de cuarta o está caduca, el servicio no tiene calidad ni calidez, la producción o el consumo están viciados, dañan, contaminan, orillan al vicio, nos llevan a perder identidad, sentido de la vida, devalúan los más bellos ideales… EL MÁS EXCELSO NEGOCIO, el más limpio y aplaudido, el mejor reconocido y que da a ganar por todos lados, debería ser el negocio de la política; en efecto, si el ejercicio de la política lograra su ideal, ya tendríamos oportunidades de trabajo honestas y estables, ya los campesinos estarían bien pagados y las llamadas “fuerzas del orden” cumplirían su objetivo sin riesgos lamentables, ya los servicios de salud y educación formarían buenos ciudadanos y el ocio –honesto y justo- sería oportunidad para todos… BELLO HUBIERA SIDO que nadie muriera en los acontecimientos del domingo pasado -22 de febrero del 2026-, y mejor aún no haber llegado a esa situación, abonada por años con políticas erradas, crecidas al amparo de complicidades, maquillas por palabrería sedante, escondidas con gruesos mantos de impunidad: mal negocio dejar la política sólo a politiquillos o politiqueznos (cierto: no existe esa palabra, y ellos tampoco deberían estar ahí)…