Dios es la razón
No es consuelo fácil. Es elegir creer —a pesar de todo— que la historia no termina en el caos, sino en Dios.
LOS ACONTECIMIENTOS RECIENTES me han dejado sorprendido, sí, pero es una sorpresa perecedera, como tantas otras que hemos provocado o que han sucedido por nuestro descuido, ambición, imprudencia, ignorancia o por cualquier otro motivo; quiero quedarme con la sorpresa como cuando subo un escalón: me preparo para el siguiente…
UNA Y OTRA VEZ ACUDEN a este servidor -y a tantos otros- los feligreses y no feligreses en busca de un consuelo, una orientación, un punto de vista, una queja (¡uf!, y doble ¡uf!) y no me gustaría que se fueran sin alentarlos en la esperanza; acaso no les doy respuesta a su duda ni soy capaz de qué súper consejo, acaso también lloro con ellos y desearía tener solución a su problema y constato mi pequeñez, pero…
LA ESPERANZA NO ES un sueño de ilusos, ni el anhelo de qué bien anhelado llevado hasta el extremo, ni quedarse cruzados de brazos y dejar que pase el tiempo en espera de porvenir menos aciago, no…
DIOS SABE CUMPLIR su voluntad salvadora y ahí está corazón de mi esperanza: no tiene la última palabra el mal ni el odio, menos la guerra o la división, tampoco el pecado o la muerte; Dios es Dios de vivos, Dios es Luz, Dios está al inicio y por encima de todo, Dios es el culmen de todas nuestros anhelos, Dios es la razón primera y última de cuanto existe, Dios es Dios y Jesús Resucitado nos abierto el camino hasta Él…
QUE SIGA DANDO vueltas el mundo, que sigamos inventando qué modas o problemas, que aparezca lo imprevisto por el hombre y que los montes se precipiten sobre el mar (así dice el salmo 46, léelo por favor) no podemos dejar de confiar en Dios (Creador-Redentor-Santificador), de tener puesta nuestra esperanza en Él…
EN EL PUNTO TOTALMENTE opuesto a la esperanza está lo que llamamos “infierno” y que Dante advirtió en “La Divina Comedia” con toda precisión cuando puso en su entrada aquel anuncio tan tremendo: “los que entren aquí, dejen atrás toda esperanza”; por eso, cuando nos alegramos con la resurrección de Jesús, nos damos cuenta que el horizonte de la esperanza se hace más grande, más bello, más Divino…
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