Vístete de primavera

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COLUMNA

Ángelus Dominical

Vístete de primavera

La llegada de la primavera no elimina el frío del corazón. A través de la sencillez de un niño y la sabiduría del Evangelio, este texto invita a dejar atrás el “invierno interior”.

22 marzo, 2026


RECIÉN ESTRENADA LA PRIMAVERA no esperaríamos ya frío alguno; no obstante, hay que recordar que el clima no tiene palabra de honor, y menos cuando hemos sido negligentes en el respeto a la creación; así que ni te extrañe por ahí algún “regaño” de la madre naturaleza…

DE UNA MADRE esperamos apapacho y caricia, alimento y protección, enseñanza y salud; pero si hemos cometido alguna travesura, si nos amarramos a un berrinche, si desobedecimos o fuimos irrespetuosos, la buena madre nos dará un regaño bien merecido…

LA INOCENCIA E INTELIGENCIA de Leonel (apenas cumplió siete años) me sorprendió cuando le pregunté si le gustaba que su mamá lo regañara: “Sí -respondió con aplomo y los ojos bien abiertos-, porque con el regaño me ayuda a corregirme y a quitarme lo travieso”; no tuve más remedio que asentir y felicitarlo por tanta claridad y seriedad de sus palabras…

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¡CUÁNTA FALTA NOS HACE la transparencia y sencillez de Leonel!, y de tantos pequeños que en su primavera existencial anhelan crecer y conocer, capacitarse y adquirir habilidades, sentirse responsables y útiles; conocer y escuchar a Leonel me ha puesto a revisar y a replantearme el invierno casi permanente en el que luego nos encerramos los adultos…

UNA PRIMAVERA PERMANENTE –en cuestión de mero clima- es imposible: los ciclos estacionales se suceden y así es como funciona este mundo y somos parte de él; ¡ojalá pudiéramos permanecer en una actitud abierta y generosa como los pequeños, siempre abiertos a lo bueno, a lo nuevo, a lo útil, a la felicidad!…

“LES ASEGURO QUE si no se hacen como niños no entrarán en el Reino de los cielos” (Mt 18,3), son palabras de Jesús a sus discípulos avejentados por querer ser los primeros y más importantes, anquilosados por privilegios fatuos, escleróticos por pretender bajar “fuego del cielo” para castigar a los que les hicieron el feo, aferrados a lo que fue, amarrados a tradiciones pesadas y pasadas, entumidos en su soberbia, añejados en sus rencores, con invierno “in sécula seculorum”…

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AQUEL REFRÁN NOS ADVIERTE: o te mueves o te empiojas; así que mueve tu pensamiento con un buen libro, renueva tu sonrisa honesta y libre poniendo los pies en el suelo y la mirada en el cielo, restaura los ideales de un mundo mejor (¡los tuviste!), abre los ojos que lo mejor siempre está por venir, ¡vístete de primavera para que luzcas como Pascua!…

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.