¡Que viva mi Cristo! ¡Que viva mi Rey!

Leer más
COLUMNA

Ángelus Dominical

¡Que viva mi Cristo! ¡Que viva mi Rey!

Este Domingo de Ramos invita a confrontar la memoria olvidada de la persecución en México, reconocer errores y asumir con valentía un testimonio de fe auténtico hoy.

29 marzo, 2026

ALGO IMPORTANTE NOS HACE falta en este año 2026, y caigo en la cuenta porque hoy –Domingo de Ramos- estamos cantando por doquier uno de los himnos que nos vinculan genéticamente al pasado pero luego no nos damos cuenta por qué…

¡QUE VIVA MI CRISTO!, ¡Que viva mi Rey!, ¡que impere doquiera, triunfante, su ley!; yo aprendí este canto desde chamaco y sigo estremeciéndome cuando su tonada aglutina nuestro fervor religioso; sí, me gustaría morir con la claridad del grito que animó a tantos mártires de hace un siglo…

CON PENA Y VERGÜENZA veo que estamos haciendo poco por rescatar las páginas difíciles de nuestra historia, donde el dolor y la gloria se mezclaron para resistir la persecución y la injusticia, gestionadas por un gobierno como muchos, que no toleran la crítica (menos la que viene de los curas) y pretenden esconder sus tropelías reiteradas…

QUIERO SORPRENDERME con algún documento firmado por el Episcopado mexicano, con actividades en parroquias y grupos de iglesia, con eventos que nos lleven a conocer, evaluar y mejorar nuestro acontecer histórico, y que aborden el centenario de la persecución religiosa en México…

EN LA HISTORIA OFICIAL, que a la postre resulta más “oficial” que “historia”, prácticamente se ha borrado todo rastro de aquellos acontecimientos y se entiende el por qué: si llegaran a reconocer los abusos de poder del pasado, estarían obligados a reconocer los abusos del presente, y dicho en palabras muy populares: no hay animal que se pise la cola…

HAY QUE DECIRLO con seriedad y madurez: conocer los acontecimientos debería conducirnos a evitar los errores pasados y a plantear con mayor responsabilidad el futuro, así de fácil; y sí, entiendo muy bien que ni siquiera como Iglesia estamos a punto de hablar reconociendo las propias culpas y cobardías, pues hubo quienes prefirieron salvar el pellejo antes que mao rncharse la sotana y las manos con la sangre del pueblo…

ESTOY A PUNTO de vivir este Domingo de la Pasión del Señor (ese es el nombre litúrgico) y creo que sentiré vergüenza de no reflejar con mayor claridad a Cristo Rey en mi propia persona, en mi testimonio sacerdotal, en mi servicio al pueblo de Dios siguiendo muy de cerca a Jesús, hasta su pasión y muerte en la cruz…

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.