Opinión

Ángelus dominical: Los aguaceros de mayo

“LOS AGUACEROS DE MAYO /tuvieron la culpa /de mi cruel dolor”, así termina una de las tantas y tantas canciones del inolvidable Chava Flores, y justo con las lluvias que se han cernido sobre el Valle de México en días recientes, es que vuelve la tal canción a la memoria…

Y ME AUTOFELICITO por dos cosas: 1) por haber escuchado en mi infancia algunos temas de la prolija obra que -en su espíritu muy popular- sabían cuajar el ingenio de Salvador Flores Rivera, que lo mismo utilizaba el doble sentido, el juego de palabras, la jerga, vocablos de postín y hasta el albur elegante (yo no recuerdo ninguna crasa vulgaridad suya), y 2) por tener -aunque ya no tanta- buena memoria…

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AQUEL ENAMORADO que le echaba la culpa a los aguaceros de mayo tal vez no veía las gratas ventajas de toda lluvia (¡cuéntalas!): refresca el ambiente, limpia la atmósfera, nutre bosques y jardines, baña pájaros y todo animal silvestre, lava asfaltos, desempolva techos (de concreto, de teja, de lámina, de policarbonato y hasta de cartón -todavía-) desazolva caños, moja lonas y toldos, renueva mantos acuíferos, rellena presas, despierta arroyos, reaviva ríos…

SI LA LLUVIA PROVOCA algunos inconvenientes (y solo mencionaré tres que son recurrentes), ciertamente se originan por nuestro descuido o negligencia y no precisamente por la lluvia misma: inundaciones y fango en vialidades o lugares públicos, goteras y escurrimientos en edificaciones de todo tipo, y que la ropa tendida taaaaan tarde se vuelva a mojar…

HACE COMO 15 AÑOS escuché en la televisión a un señor muy tonto -se hacía pasar por comunicador y ¡pobrecito! a lo mucho sólo tenía dinero- que dijo: “Tenemos malas noticias: habrá lluvia en casi todo el país”; yo no soy campesino (poseen mucho sentido común), ni pescador (tienen mucha habilidad), ni granjero (crecen mucho en su sentido práctico), ni guardabosques (cuánto amor a la naturaleza), ni nada parecido, pero siempre agradezco la lluvia como bello don de Dios…

EN CADA LUGAR a donde he sido enviado como responsable o colaborador -sin excepción- me ha tocado enfrentar las consecuencias de la negligencia o la irresponsabilidad en lo que se refiere a lluvias: o caños tapados o goteras y escurrimientos donde definitivamente no deberían darse; ¡ah!, pero no me he quejado jamás de la lluvia…

NOÉ RECIBIÓ UNA MISIÓN y se dispuso para construir el arca para enfrentar el diluvio (Gén 6 al 9) que renovaría la faz de la tierra; el hombre prudente construyó su casa sobre la roca y no tuvo miedo de la lluvia y las crecientes (Mt 7,24); y así como bajan la lluvia y la nieve para hacer germinar la tierra y dar sustento al hombre (Is 55, 10-11), así podríamos seguir buscando y decir que todo lo que viene del cielo siempre será bendición (bueno, los restos del cohete chino que cayó cerca de las Islas Maldivas no llegó precisamente “del cielo”)…

INTERRUMPO LO QUE DISCURRO porque estoy haciendo un descubrimiento que me toca algunas fibras emocionales: resulta que allá por 1988 me regalaron un casete con música de Jacques Brel, cantautor nacido en Bélgica, francófono, cuyas canciones -algunas- conocí con avidez propia de adolescente; y pues me estoy enterando que suya es una canción titulada “La quête” (que se puede traducir por búsqueda, misión o ideal) y que es parte casi central de la obra musical “El Hombre de la Mancha”; estoy hablando de lo que muchos conocen como “Sueño Imposible”…

ASÍ COMO LA LLUVIA es cada melodía y cada edificio hechos con ganas e ingenio, como la lluvia cada palabra y cada silencio que acoge con el corazón a su interlocutor, como lluvia la plegaria en la Santa Misa y como lluvia el llanto que sana heridas y fecunda ideales, como lluvia también cada invento y descubrimiento que enaltece al ser humano, que como lluvia -al menos un chipichipi- sea también cada acción que tú o yo hagamos en bien de los demás, sencillamente porque nos decidimos a hacerlo de todo corazón…

EN LOS SUELOS de mi pobre experiencia musical -me disculparás que así lo diga, casi con desparpajo- llueven lo mismo chubascos chilangos como Chava Flores, aguaceros valones como Jacques Brel o Stromae, lloviznas toscanas como Andrea Bocelli o Toto Cutugno, tormentas sudamericanas como Violeta Parra (Chile), Lucha Reyes (Perú), Mercedes Sosa y Alberto Cortez (argentinos), Roberto Carlos (brasileño), también rocíos ibéricos como Madredeus, Serrat, Mecano o Mocedades, y hasta chaparrones de otros lares como Cesaria Evora (Cabo Verde), Abbá (Suecia), Nana Mouskouri (Grecia) y Enya (Irlanda); y conste que no hablé de ciclones de siglos que no viví…

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NO TE ACOSTUMBRES a vivir en sequías de ningún tipo: ni económicas, ni políticas, ni espirituales, ni afectivas, ni laborales, ni sanitarias, ni culturales, ni lingüísticas, ni musicales, ni poéticas, ni gastronómicas, ni científicas, ni educativas, ni (…en este paréntesis añade otros cinco tipos de sequías); y mira bien: si le pides a Dios que mande su lluvia, Él terminará por enviarnos al Espíritu Santo, como lluvia que todo renueva, que todo fecunda, que siempre da vida…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México. 

 

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