¿Quién era el “Abogado del Diablo” en el Vaticano y cuál era su función?

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¿Quién era el “Abogado del Diablo” en el Vaticano y cuál era su función?

El abogado del diablo fue clave en los procesos de canonización del Vaticano. Cuestionaba milagros y virtudes para garantizar que la santidad se declarara solo con pruebas sólidas.

20 enero, 2026
¿Quién era el “Abogado del Diablo” en el Vaticano y cuál era su función?
El Diablo presentando a san Agustín el Libro de los Vicios, obra de Michael Pacher (siglo XV). La escena simboliza al diablo como acusador, una imagen que ayuda a comprender el origen y sentido del llamado “Abogado del Diablo” en la Iglesia. Foto: meisterdrucke.es

Durante siglos, la Iglesia católica contó con una figura clave, y frecuentemente malinterpretada, en los procesos de canonización, el llamado “Abogado del Diablo”, cuyo verdadero nombre era Promotor Fidei. Lejos de oponerse a la santidad, su misión era defender la verdad y evitar que alguien fuera proclamado santo sin pruebas sólidas.

¿Quién es el abogado del diablo?

El “abogado del diablo”, conocido en latín como advocatus diaboli, era el nombre popular del Promotor de la fe, un funcionario encargado de impugnar, objetar o poner en duda los argumentos presentados a favor de un candidato a los altares.

De acuerdo con la Real Academia Española, el Promotor Fidei es el “funcionario que en los procesos de canonización se encarga de impugnar, objetar o desmentir los argumentos a favor de aquel que se pretende santificar. Antiguamente llamado abogado del diablo”.

Aunque su sobrenombre pueda parecer negativo, su labor era esencial: garantizar que la santidad se proclamara únicamente con pruebas irrefutables, sin exageraciones ni presiones devocionales.

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¿Cuándo surgió este cargo en el Vaticano?

Si bien funciones similares existían desde la Edad Media, el cargo quedó formalmente institucionalizado en el siglo XVI. Diversos estudios coinciden en que el “abogado del diablo” entra en escena en 1587 durante el pontificado de Sixto V, cuando se reorganizan los procesos canónicos para dotarlos de mayor rigor jurídico, de acuerdo con un artículo de Eduardo Luis Feher (2025), Director de la Revista de la Facultad de Derecho de México.

Posteriormente, el Papa Clemente XI creó oficialmente el cargo en 1708, asignándolo a la entonces Sagrada Congregación de Ritos. Antes de ello, estas funciones recaían en el Promotor Fiscalis o en abogados consistoriales.

En el cine, el “abogado del diablo” suele asociarse con el mal, aunque en la Iglesia su función era buscar la verdad. Foto: Reddit

¿Qué formación tenía el Abogado del Diablo?

El abogado del diablo no era un personaje improvisado ni un simple contradictor. Generalmente se trataba de un clérigo con doctorado en Derecho Canónico, con sólida formación teológica, jurídica e histórica. Los estudios coinciden en que su perfil exigía conocimiento profundo de la doctrina católica, del procedimiento canónico y de las ciencias humanas, especialmente para evaluar testimonios, detectar contradicciones documentales y proponer explicaciones racionales a supuestos milagros.

¿Cuál era su función dentro del Vaticano?

El papel del abogado del diablo era comparable al de un fiscal dentro de un proceso judicial. Su misión consistía en someter a examen minucioso los milagros, virtudes heroicas, testimonios y documentos presentados en las causas de beatificación y canonización.

De acuerdo con el texto de la Revista de la UNAM, su tarea no era oponerse a la santidad en sí, sino “objetar, exigir pruebas y descubrir errores en toda la documentación aportada para demostrar los méritos del presunto candidato a los altares”.

Por ello, debía cuestionar la autenticidad de los milagros, proponer explicaciones naturales o médicas a hechos extraordinarios, interrogar testigos y detectar contradicciones, así como examinar si las virtudes heroicas podían atribuirse a motivos humanos o incluso egoístas.

Debía estar capacitado para “objetar, exigir pruebas y descubrir errores en toda la documentación aportada para demostrar los méritos del candidato”, actuando no como opositor ideológico, sino como garante de la autenticidad de la santidad que la Iglesia propondría como modelo universal.

¿Cómo se desarrollaba su trabajo?

Durante el proceso, el Promotor de la fe revisaba todos los documentos y, si encontraba inconsistencias o dudas razonables, debía exponerlas formalmente ante la Congregación correspondiente.

En muchos casos se entablaba una dialéctica escrita entre el abogado defensor de la causa y el abogado del diablo. Este intercambio podía repetirse varias veces y prolongarse durante años, hasta que todas las objeciones quedaran resueltas.

Como señalan los estudios históricos, “no se trataba de oponerse al candidato, como se piensa por lo general, sino de defender la autenticidad de las virtudes del que sería propuesto como modelo a imitar por la grey católica”, de acuerdo el libro La racionalización de los milagros de Paolo Parigi.

Precisamente de ahí proviene su apodo: al antagonizar los hechos, virtudes y milagros, asumía simbólicamente el papel del “oponente”.

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San Maximiliano María Kolbe fue canonizado en 1982, bajo el antiguo proceso que incluía la intervención del abogado del diablo. Foto: Especial

¿Cuándo y por qué desapareció el abogado del diablo?

La figura del abogado del diablo fue suprimida en 1983 por san Juan Pablo II, como parte de una reforma al proceso de canonización. El objetivo fue agilizar las causas, sin eliminar el análisis crítico.

Desde entonces, su función no desapareció del todo, sino que se distribuyó entre diversos expertos, como teólogos, historiadores, médicos y canonistas, bajo la figura del promotor de justicia (promotor iusticiae).

¿Existe hoy el abogado del diablo?

No con ese nombre ni con el mismo peso institucional. Sin embargo, el Vaticano continúa solicitando opiniones críticas en causas complejas. Un ejemplo conocido fue el testimonio del escritor ateo Christopher Hitchens durante el proceso de canonización de la Madre Teresa, quien cuestionó públicamente la autenticidad de algunos milagros, de acuerdo con un artículo de bigthink.com.

Aunque su sobrenombre pueda sonar peyorativo, el abogado del diablo desempeñó durante siglos una labor fundamental. Como coinciden los estudiosos, “qué mejor forma de llegar a la verdad que cuestionándola”. Su existencia recuerda que, para la Iglesia, la santidad no es fruto del entusiasmo popular, sino de una búsqueda rigurosa, prudente y responsable de la verdad.

Esto confirma que el espíritu del abogado del diablo, el de cuestionar para llegar a la verdad, sigue vigente.

Fuentes: Revista de la Facultad de Derecho de México, bigthink.com, La racionalización de los milagros de Paolo Parigi,



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.