¿Qué significa realmente “cargar con la cruz” y qué NO significa?
Al comparar nuestro sufrimiento con el de Cristo, ¿buscamos unirnos verdaderamenre a su dolor?
La vida está llena de embates que nos hacen tropezar y caer. Son experiencias que nos conducen a un sufrimiento profundo y que, desde nuestra fragilidad humana, sentimos imposibles de sobrellevar en soledad.
La enfermedad, las carencias, los conflictos familiares u otras dificultades pueden convertirse en cargas pesadas, tan difíciles de afrontar que llegamos a comparar nuestro dolor con el que Jesucristo experimentó al cargar su cruz.
Pero ¿qué ocurre cuando decimos que nuestra vida “es un calvario” o que cierta situación “es una cruz”, usando estas expresiones de manera cotidiana? ¿Realmente nos estamos uniendo al sufrimiento de Jesús cuando pronunciamos estas palabras? Conozcamos la diferencia.
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“Cargar con la cruz”, acompañados de Cristo: un alivio para nuestro sufrimiento
Jesús es el mayor ejemplo de cómo vivir el sufrimiento. Él no solo cargó con nuestros pecados; en su cruz llevó las tribulaciones de toda la humanidad. Y, además, no nos dejó solos: camina con nosotros en medio de nuestras propias desdichas.
En el Evangelio según san Mateo (11, 28-30), el Señor nos dice:
“Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Y:
“Si alguno quiere venir detrás de mí, cargue con su cruz, y me siga” (Mt 16,22).
Hacer alusión a la cruz en medio del sufrimiento no significa resignación pasiva, sino reconocer que el peso que cargamos puede acercarnos a la misericordia de Dios. Él no siempre elimina nuestras penas, pero sí las hace más llevaderas. A la vez, implica aceptar aquello que Dios ha permitido, abrazándolo con amor y paciencia, tal como Jesús abrazó su cruz hasta el Calvario. Él camina con nosotros y nos lleva a la meta, nos da el sentido del sufrimiento, como una parte del ser, para alcanzar el Reino de Dios, que siempre exige la libre respuesta del discípulo.
Unir nuestras tribulaciones a Cristo es una manera concreta de “cargar con la cruz”: no solos, sino sostenidos por Él, permitiendo que el dolor se transforme en esperanza.
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Cuando “cargar con la cruz” se convierte solo en una frase
Vivimos rodeados de expresiones que repetimos sin reflexionar profundamente sobre su significado. Una de ellas es “cargar con la cruz”, que a veces utilizamos para referirnos a situaciones que simplemente nos incomodan o nos resultan molestas, pero que no necesariamente nos unen al sufrimiento redentor de Jesús. Nos quedamos en el “no queda de otra”, tinte fatalista y de “resignación”; Dios no quiere eso de sus hijos amados.
¿En cuántas ocasiones hemos dicho que “alguien hace de nuestra vida un calvario” solo porque no nos agrada, o que “qué pesada es esta cruz” al hablar de algo que no deseamos enfrentar?
Este uso superficial, lejos de acercarnos a la misericordia de Dios, puede llevarnos a la exageración e incluso a una actitud de autosuficiencia o victimismo. En lugar de abrirnos al amor de Dios, nos encierra en una visión distorsionada del sufrimiento.
Caer en este error no solo nos priva de experimentar su consuelo, sino que también nos impide ver con claridad posibles soluciones o asumir las dificultades con una actitud más humilde y constructiva; todo de la mano de Dios, dueño y sostén de nuestro caminar.
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¿Cómo puedo cargar la cruz de Cristo en mi vida?
Cargar con la cruz de Cristo requiere un ejercicio honesto de introspección. Implica revisar la manera en que enfrentamos las dificultades cotidianas y discernir si verdaderamente estamos permitiendo que Jesús camine con nosotros. Dejar que el nos ilumine y nos fortalezca en el “arduo” caminar a su encuentro en plenitud.
Para unir tu dolor al de Cristo y permitir que Él alivie tus cargas, pregúntate:
- ¿Con qué actitud enfrento las situaciones negativas que vivo día con día?
- ¿Estas situaciones tienen solución o pueden abordarse de una manera distinta?
- ¿Pido consejo a Dios cuando enfrento un problema?
- ¿Suelo exagerar el sufrimiento que estoy viviendo? ¿Con qué frecuencia lo hago?
- Además de mi propio dolor, ¿soy capaz de reconocer el dolor de los demás?
- Cuando veo a alguien sufrir, ¿me acerco para ofrecer apoyo y consuelo?
- En los momentos difíciles, ¿busco el consuelo de Dios o solo el consuelo del mundo?
- Si alguien me ofrece ayuda, ¿la acepto con humildad o prefiero cargar solo con mi dolor?
- ¿Agradezco a Dios cuando una situación negativa se resuelve en mi vida?
- ¿Me siento unido a Dios en toda circunstancia, tanto en la alegría como en la dificultad?
Cargar con la cruz no es glorificar el dolor ni resignarse a sufrir sin sentido. Es aprender a caminar con Cristo en medio de nuestras pruebas, permitiendo que su amor transforme aquello que pesa en una oportunidad de crecimiento, fe y esperanza. Cuando el sufrimiento se vive unido a Él, deja de ser una carga solitaria y se convierte en un caino de encuentro con Dios y con los demás.
Esta nota fue realizada con la revisión y aportaciones del padre Salvador Barba, liturgista y director de la Dimensión de Bienes Culturales de la Arquidiócesis Primada de México.

