¿Por qué los católicos no pueden confesarse solo con Dios?
La Iglesia enseña que sólo el sacerdote, en nombre de Cristo, puede absolver los pecados. Conoce la razón por la que no basta confesarse solo con Dios.
Existen personas que señalan que debido a que Dios es omnipotente y omnipresente prefieren confesarse directamente ante Él, antes que hacerlo con un sacerdote, pero qué dice la Iglesia al respecto, ¿es válido este argumento?
La enseñanza católica afirma que el perdón de los pecados se recibe mediante el sacramento de la Penitencia o confesión, celebrado habitualmente ante un sacerdote, ya que no se trata de una preferencia litúrgica ni de una mera costumbre, sino que es la forma en que, según la Iglesia, Cristo confiere la reconciliación con Dios y con la comunidad eclesial.
Así, aunque toda persona puede, y debe, pedir perdón directamente a Dios en su oración, la Iglesia afirma que, como norma establecida por Jesús y fundada en la naturaleza misma del sacramento, la reconciliación sacramental se celebra confesando los pecados a un sacerdote que imparte la absolución en nombre de Cristo y de la Iglesia.
Por lo tanto, cuando un católico dice que prefiere “confesarse solo con Dios” está reconociendo legítimamente la necesidad de dirigirse a Él; sin embargo, esa práctica tiene fundamentos bíblicos, doctrinales, canónicos y pastorales, por lo que la confesión sacramental no es una mera tradición humana, sino la forma concreta por la cual la gracia del perdón es comunicada por Cristo a su Iglesia y a sus ministros.
La confesión siempre es ante Dios, los sacerdotes son intermediarios
Monseñor Martín Muñoz López, Canónigo Penitenciario de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, aseguró que cuando un católico se confiesa siempre lo hace ante Dios, pero para que se alcance su perdón en necesario que esté presente un sacerdote porque éste actúa como su intermediario, pero además es la persona a la que otorgó el poder para perdonar los pecados.
“La confesión a un sacerdote es necesaria porque Dios ha querido actuar a través de intermediarios o mediadores para manifestar su gracia y misericordia. Aunque la confesión siempre se hace con Dios, a quien se le pide el perdón directamente, no se debe olvidar que Dios actúa a través de estas mediaciones”, señaló.
En entrevista con Desde la fe, el canónigo indicó que cuando se peca no sólo se ofende a Dios, sino también a un hermano o hermana, por lo que es más fácil que alguien en nombre de esos hermanos diga que los pecados están perdonados, en lugar de ir de persona en persona pidiendo perdón.
“La mediación concentra la misericordia de Dios en alguien a quien Él mismo ha destinado para ella, brindando la certeza absoluta de que Dios perdona directamente. En el sacramento de la confesión, el sacerdote pronuncia la fórmula de la absolución en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, lo que significa que el perdón no viene del sacerdote, sino de Dios a través de él”, explicó monseñor Muñoz López.
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Cristo confirió a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados
De acuerdo con lo establecido en el Nuevo Testamento, el día de la Resurrección, Jesús “respiró sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos’” (Jn 20,22–23).
Este pasaje de los Evangelios es interpretado como la institución por parte de Nuestro Señor Jesucristo del ministerio apostólico de perdonar los pecados en la Iglesia a los Apóstoles, transmitido luego mediante la ordenación sacerdotal, una misión que realizan sacramentalmente los obispos y sacerdotes.
“Luego entonces, el perdón no viene de nosotros. El perdón va hacia el hermano por mediación de un sacerdote, pero es Dios quien directamente perdona nuestros pecados, ¿por qué? Porque de alguna manera también el sacerdote tiene que estar consciente y seguro de que no solamente hay un arrepentimiento por parte de aquel que confiesa, sino también un propósito de enmienda”, subrayó el Canónigo Penitenciario.
¿Rezar “a solas con Dios” no sirve para confesar mi pecado?
Monseñor, respecto a los caso de aquellas personas que dicen “Yo le rezo a Dios y le digo mis pecados”, ¿tiene valor ese acercamiento espiritual personal? -se le cuestionó.
“¡Claro que lo tiene! Pero para tener la certeza del perdón de nuestros pecados existe sobre todo el Sacramento de la Penitencia en el que incluso es el sacerdote quien en el nombre de Dios puede asegurar que eso que estamos confesando ha quedado perdonado. Así que claro que tiene valor nuestro acercamiento con Dios y lo tiene muchísimo. Pero para reafirmarlo es importante que a la brevedad lleve a cabo la confesión con un sacerdote”, afirmó.
En este tenor, recordó que durante la pandemia de Covid 19, cuando había la imposibilidad de acercarse para realizar el Sacramento de la Reconciliación, el Papa Francisco pedía y sugería que los católicos hicieran la contrición perfecta.
“¿A qué se refería con esta situación de contrición perfecta? Que si existía en el corazón y en la disposición del ser humano no volver a pecar en aquello que le estábamos pidiendo perdón a Dios se confesara ante Él, pero también decía que en cuanto hubiera la oportunidad se acercaran e hicieran el Sacramento de la Reconciliación”, indicó monseñor Martín Muñoz.
¿Cuándo se puede recurrir a la contricción perfecta?
El sacerdote de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe indicó que la contrición perfecta es una alternativa aceptable a la confesión sacramental en circunstancias de imposibilidad de acceder al Sacramento de la Penitencia, como por razones de enfermedad o distancia, pero con la urgencia y la necesidad de experimentar el perdón de Dios.
Sin embargo, advirtió, “la condición para que se recurra a la contricción perfecta es que exista un deseo absoluto y total de no volver a pecar en aquello por lo que se pide perdón a Dios, así como la plena y sincera intención de acercarse al sacramento en cuanto sea posible”.
¿Qué dijo el Papa Francisco a quienes afirman que solo se confiesan con Dios?
El Papa Francisco respondió el 19 de febrero de 2014 a todos aquellos que recurren a la frase “yo me confieso sólo con Dios” y les aseguró que, aunque se puede y debe pedir perdón directamente a Dios, nuestros pecados no sólo lastiman la relación con Dios sino también la comunión con los hermanos y con la Iglesia, por ello el sacramento implica la confesión ante el sacerdote.
“Uno puede decir: yo me confieso sólo con Dios. Sí, tú puedes decir a Dios ‘perdóname’, y decir tus pecados, pero nuestros pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia, a los hermanos, en la persona del sacerdote”, aseveró durante la Audiencia General que se llevó a cabo en la Plaza de San Pedro.
En este sentido, el Pontífice argentino subrayó que el perdón de nuestros pecados “no es algo que podamos darnos nosotros mismos”, sino que se pide a otro “y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús”, por lo que el perdón “es un regalo, es un don del Espíritu Santo, que nos llena de la purificación de misericordia y de gracia que brota incesantemente del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y resucitado”.
“Sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en la paz…, porque no basta pedir perdón al Señor en la propia mente y en el propio corazón, sino que es necesario confesar humilde y confiadamente los propios pecados al ministro de la Iglesia. En la celebración de este sacramento, el sacerdote no representa sólo a Dios, sino a toda la comunidad”, puntualizó el Papa Francisco.
La enseñanza de la Iglesia sobre la confesión
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que Cristo instituyó el Sacramento de la Penitencia para los fieles que, después del Bautismo, han caído en pecado grave y les ofrece “la posibilidad de convertir y recuperar la gracia de la justificación”, además de que subraya que la confesión al sacerdote es un elemento esencial del sacramento.
Por su parte, el Código de Derecho Canónico establece jurídicamente que, en el Sacramento de la Penitencia, los fieles “que se confiesan a un ministro legítimo… obtienen de Dios, por la absolución impartida por ese mismo ministro, el perdón de los pecados” (cán. 959) y que solo un sacerdote es el ministro del sacramento (cán. 965).}
De la misma manera, subraya que para que la absolución de los pecados de una persona sea válida se requiere, además del poder sacerdotal, la facultad (jurisdicción) para ejercerla según las normas establecidas (cán. 966).
Asimismo, la tradición (por ejemplo, las definiciones del Concilio de Trento) también afirma que Cristo confirió a la Iglesia, a través del sacramento del Orden, la potestad de perdonar los pecados, potestad que ejercen los sacerdotes como ministros y en nombre de Cristo.
¿Cómo puedo confesar mis pecados?
La Iglesia católica distingue dos acciones o maneras en las que los católicos pueden llevar a cabo la confesión:
- Contricción perfecta: Oración y arrepentimiento personal. Pedir perdón a Dios en oración es siempre bueno y necesario porque la contrición sincera (el arrepentimiento) es una condición moral para alcanzar el perdón.
En este sentido, el Catecismo explica la figura de la contrición perfecta: si alguien tiene un arrepentimiento verdadero por amor a Dios, ese acto puede conseguir el perdón de los pecados mortales en determinadas condiciones —pero siempre con la firme resolución de recurrir a la confesión sacramental lo antes posible.
Debe quedar claro que la contrición perfecta no suple de modo ordinario la necesidad del sacramento. - El Sacramento de la Penitencia: Es la forma establecida por Cristo para recibir el perdón sacramental, que reconcilia al pecador con Dios y con la Iglesia, debido a que la comunidad también fue herida por el pecado.
En la confesión sacramental hay no sólo el encuentro personal con Dios, sino también la acción visible de la Iglesia que sana y acoge.
El rito incluye: contrición, confesión de los pecados al sacerdote, satisfacción (cumplimiento de la penitencia) y absolución sacerdotal.

