¿Qué dice la Biblia sobre el deporte?

En el contexto de los Juegos Olímpicos, hablemos sobre cuatro citas bíblicas que relacionan el deporte y la fe
En la Biblia podemos encontrar analogías entre la práctica deportiva y la fe. Foto: Love to Know
En la Biblia podemos encontrar analogías entre la práctica deportiva y la fe. Foto: Love to Know

¿Qué dice la Biblia sobre el deporte?, esa es una pregunta que algunos usuarios de internet se hacen.

Evidentemente, la Biblia no habla específicamente sobre el deporte, lo que le interesa comunicar es el mensaje de la salvación de Dios para la humanidad.  Sin embargo, sí que podemos encontrar analogías entre la práctica deportiva y la vida espiritual del cristiano.

Puedes leer: Las 2 claves del Papa Francisco para triunfar en el deporte


Veamos algunos textos bíblicos al respecto:

2 Timoteo 2,5: Y también el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas.

Absolutamente todo en la vida conlleva el acatamiento de ciertas reglas que hacen posible el éxito en la empresa acometida. No es una excepción la vida espiritual, el discipulado cristiano tiene sus exigencias. Así como el deportista se somete a una serie de rutinas y a una disciplina para competir con éxito, en la vida espiritual es necesario asumir las “reglas” de Jesús, sus opciones y valores si se desea gozar de las mieles de la comunión con Dios y la vida de la gracia.

1 Corintios 9,25-27: Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos [lo hacen] para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta […]

Todo deportista, al competir, busca alcanzar una meta y para ello, debe renunciar a ciertas cosas que le impedirían lograr esa meta. Por ejemplo, renuncia a cierto número de horas de sueño, a consumir comida chatarra, a desvelarse por ir a una fiesta, etc. Lo primero que hace es fijarse una meta (romper su propio récord, lograr un mayor volumen muscular, etc.) y después traza un itinerario de preparación (que incluye la renuncia a determinados obstáculos). Así, el cristiano, con tal de lograr una intimidad y comunión con Dios (la corona incorruptible), renuncia a ciertos vicios, actitudes y hábitos que son contrarios al Evangelio.

1 Corintios 9:24: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corran de tal modo que ganen.

El atleta que compite en una justa deportiva tiene como objetivo ganar, vencer a sus adversarios en buena lid. Para ello se ha preparado, ha renunciado a determinadas cosas y se ha disciplinado, mental y físicamente para lograr su meta. Del mismo modo, el cristiano no se conforma con competir: quiere ganar, quiere ser santo, quiere vivir como auténtico hijo de Dios. Para ello, acude al alimento de la Palabra, celebra los Sacramentos, ora en el silencio y la soledad para escuchar a su Padre que está en lo secreto, sale al mundo para vivir como otro Cristo, amando a todos y comunicando la Buena Nueva del Evangelio liberador. ¡Así, corre para ganar la vida en plenitud al lado de su Amado!

 2 Timoteo 4:7: He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.

El sueño del discípulo es que, después de la jornada (y al final de su vida terrena), pueda exclamar con gozo ene l corazón… ¡He peleado la buena batalla, he guardado la fe!

 

* Jorge Arévalo Nájera es Director de la Dimensión de Biblia y Extensión Formativa de la Arquidiócesis Primada de México.

 

Puedes leer: 5 reflexiones del Papa Francisco sobre el deporte

Comentarios