Sabías que

Por qué la avaricia te lleva a no disfrutar de la vida

Hay quienes, por no gastar, hasta dejan de comer, y al final se quedan sin disfrutar de la vida.
La avaricia es un deseo desordenado de poseer bienes.
La avaricia es un deseo desordenado de poseer bienes.

El origen del pecado, en opinión del padre Francisco Crisanto, director de la Fundación San Felipe de Jesús I.A.P., no es otro que el de la naturaleza humana. “Somos frágiles ante nuestras debilidades, que se pueden ubicar en tres grupos: poder, placer y tener, en el último de los cuales se encuentra la avaricia, un deseo desordenado de poseer bienes”.

El avaro –dice– halla placer en acumular riquezas. “Pero en el fondo lo que tiene es miedo a quedarse sin cosas para cuando las necesite; quiere asegurar su bienestar para no depender de nada ni de nadie. Es decir, tiene un impulso contrario a la fe”.

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Un temor tiene el padre Crisanto: volver a confiar en el dinero antes que en Dios. “La peor etapa de mi vida –cuenta–, fue cuando procuré fondos para Cáritas; comencé a confiar más en los beneficiarios que en Dios, a tratar de quedar bien con ellos, y terminé sintiéndome vacío. Un día dejé de corretear recursos, volví a servir a los pobres, y todo cambió. El dinero comenzó a llegar por añadidura”.

Explica que hay avaros extremos, quienes por no gastar dejan hasta de comer, y al final les pasa lo que al rey Midas: se quedan sin disfrutar de la vida porque no tienen más que oro. “Para transformar eso, deben empezar por dar algo de lo que tienen a quien lo necesita, con la actitud generosa de ‘dar hasta que duela’, como decía la Madre Teresa, y entender que la única seguridad que podrán tener en esta vida es la misericordia de Dios”.

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Para el padre Crisanto la avaricia no sólo está relacionada con lo material: “Podemos ser mezquinos con nuestro tiempo, compañía, escucha y otras cosas. Como decía Miguel de Unamuno: ‘Es detestable esa avaricia espiritual de los que, sabiendo algo, no procuran la trasmisión de esos conocimientos”.