La oración cristiana es trinitaria: ¿por qué toda plegaria pasa por Cristo?

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La oración cristiana es trinitaria: ¿por qué toda plegaria pasa por Cristo?

Toda oración cristiana es trinitaria y cristocéntrica, incluso cuando no se menciona a Cristo explícitamente, porque es a través de Él que el creyente se dirige al Padre en el Espíritu Santo.

POR  Jorge Reyes
26 enero, 2026
La oración cristiana es trinitaria: ¿por qué toda plegaria pasa por Cristo?
La santa humanidad de Jesús es el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre. Foto Especial.

Aunque muchos católicos oran dirigiéndose a Dios Padre, al Espíritu Santo o incluso a la Virgen María, toda oración auténticamente cristiana es, por naturaleza trinitaria, porque pone al creyente en relación con Dios Uno y Trino que habita en el alma del bautizado: “La vida de oración es estar habitualmente en la presencia de Dios, tres veces santo y en comunión con Él” (Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2565).

Por el bautismo la Santísima Trinidad nos otorga un nuevo modo de existir, marcado por la comunión de conocimiento y amor con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, de modo que la Trinidad habita en nosotros y a ese misterio inefable la teología católica le llama “inhabitación trinitaria”.

Esta presencia y comunicación de Dios en su unidad trinitaria tiene como consecuencia que el misterio de la Santísima Trinidad actúa salvíficamente configurando la interioridad de la persona y la historia de la humanidad: Dios Padre traza el plan de creación y restauración; lo realiza en el Verbo encarnado centro de la creación; y por el Espíritu Santo anticipa la herencia prometida y la lleva a plenitud de gloria.

Una relación distinta con cada una de las Personas Divinas

Ahora bien, aunque la oración cristiana se dirige a Dios Trino y Uno, las relaciones que se tienen con cada Persona de la Trinidad son diferentes, pues  el bautizado es hijo del Padre, configurado con el Hijo, por la acción interior del Espíritu Santo.

Así pues, en la vida espiritual y, por lo tanto, también en la oración, establecemos relaciones personales distintas con cada una de las personas de la Santísima Trinidad. Por lo tanto, nuestra oración es filial, (por la relación con el Padre), cristológica (por la relación con Cristo) y pneumatológica (por la relación con el Espíritu Santo).

De este modo, la oración cristiana puede dirigirse al Padre, al Hijo o al Espíritu Santo, pero siempre participa del dinamismo trinitario: es el Espíritu quien mueve al creyente a unirse a Cristo para dirigirse al Padre.

Dimensión cristológica de la oración cristiana

Una oración cristocéntrica es aquella cuya referencia, explícita o implícita, es Cristo. Es cristocéntrica no solo porque mencione el nombre de Jesús, sino porque se orienta hacia Él, participa de su relación con el Padre y se realiza en su Espíritu.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda la dimensión cristológica de la oración afirmando que “Esta comunión de vida [con Dios Trino y Uno] es posible siempre, porque mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2565). 

Los Padres de la Iglesia también subrayaron este punto. Por ejemplo, San Agustín enseñaba que “nadie ora bien al Padre si no ora en el nombre del Hijo” (Enarrationes in Psalmos 85,1), y San Cipriano recordaba que “nuestra oración tiene valor porque Cristo ora en nosotros y por nosotros” (De oratione dominica, 3).

Por tanto, cuando un creyente reza el Padre Nuestro, el Santo Rosario, el Ángelus o incluso una jaculatoria sencilla como “Dios mío, ayúdame”, su oración, en el fondo, tiene un carácter cristológico, porque “La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo” (Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2563).

Jesús es el centro de la oración cristiana

“Sólo en [Cristo], único mediador [entre Dios y los hombres] tenemos acceso al Padre y podemos establecer una relación real y personal con Él; sólo en Cristo, Palabra definitiva […] de la entera revelación, llega al hombre la llamada al encuentro personal con Dios; sólo con Él, en Él y por Él el hombre puede responder auténticamente a Dios y, consiguientemente, introducirse eficazmente en aquel diálogo de amor filial con el Padre que es la oración cristiana. Ella –la oración– es participación de la oración eterna de Cristo que ahora, muerto y resucitado, «siempre vivo para interceder por nosotros» (Hb 7,25) dirige al Padre” (M. Costa, “La dimensione cristologica, pneumatologica, trinitaria ed ecclesiologia della preghiera”, en Enciclopedia della preghiera, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2007, p. 206).

“Además, el hecho de que la auténtica oración comporte una conformación a Cristo, único orante, y sea una participación de su única oración eterna al Padre, [ayuda al cristiano] a captar que es a través de la oración como el hombre es introducido en el misterio de la relación personal del Hijo con el Padre y, por lo tanto, en la misma vida trinitaria” (Idem).

En ese sentido, se puede aseverar que la oración cristiana se realiza por Cristo, con Cristo y en Cristo, incluso si no lo mencionamos expresamente, porque es a través de su mediación que toda plegaria se convierte en diálogo filial con el Padre, por la fuerza del Espíritu Santo. Así lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2664:

No hay otro camino de oración cristiana que Cristo. Sea comunitaria o individual, vocal o interior, nuestra oración no tiene acceso al Padre más que si oramos “en el Nombre” de Jesús. La santa humanidad de Jesús, es pues, el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre”.

Diferencia entre oración cristocéntrica y oración cristológica

Aunque ambos términos se relacionan estrechamente, no son idénticos:

  • La oración cristocéntrica es la que se dirige al Padre en Cristo, o que reconoce en Cristo el mediador de toda súplica y al Espíritu Santo como quien la impulsa. Es una categoría espiritual y existencial: el centro de la oración es Cristo, incluso si no se le nombra.
  • La oración cristológica, en cambio, es aquella que reflexiona o contempla directamente el misterio de Cristo: su persona, su vida, sus palabras, su pasión, muerte y resurrección. Tiene un contenido explícitamente doctrinal o meditativo sobre Cristo.
    Por ejemplo, una oración cristológica sería una meditación sobre el Sagrado Corazón de Jesús o una plegaria que contemple el misterio de la Encarnación. En cambio, una oración cristocéntrica podría ser el rezo del Padre Nuestro o un Salmo rezado por un cristiano, en el cual, aunque no se mencione a Jesús, el corazón del orante está unido a Él.

** La realización de esta nota contó con la colaboración y revisión de Mons. Luis Manuel Pérez Raygoza, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México.



Autor

Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, con una trayectoria de más de 30 años como periodista en medios como Reforma, El Centro y Notimex, así como funcionario de comunicación social en dependencias de gobierno y legislativas. Actualmente trabaja como periodista especializado en temas de religión.