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Guía para rezar el Rosario: Misterios Dolorosos

Los Misterios Dolorosos del Santo Rosario se rezan los días martes y viernes.
Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor. Ilustración: Martín Cuéllar.
Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor. Ilustración: Martín Cuéllar.

Dispongámonos en oración para rezar el Santo Rosario. Este día (martes y viernes) meditaremos los Misterios Dolorosos:

Por la señal de la santa cruz,
de nuestros enemigos,
líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.  Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.  Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

La Oración de Jesús en el Huerto. Ilustración: Martín Cuéllar.

La Oración de Jesús en el Huerto. Ilustración: Martín Cuéllar.

Primer Misterio Doloroso: la oración en el Huerto

Meditación: «Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: “Sentaos aquí mientras voy a orar”. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo”. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como Yo quiero, sino como quieras Tú”» (Mt 26, 36-39).

Toma un minuto para reflexionar el texto bíblico. Relaciónalo con lo que estás viviendo y dialoga sobre ello con Jesús y con María.

A continuación, se reza un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

Padre Nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (Se repite 10 veces).

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

María, Madre de gracia, Madre de misericordia: En la vida y en la muerte, ampáranos, gran Señora.

Oh Jesús mío: Perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

La flagelación del Señor. Ilustración: Martín Cuéllar.

La flagelación del Señor. Ilustración: Martín Cuéllar.

Segundo Misterio Doloroso: La flagelación del Señor

Meditación: «Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle» (Jn 19,1-3).

Toma un minuto para reflexionar el texto bíblico. Relaciónalo con lo que estás viviendo y dialoga sobre ello con Jesús y con María.

A continuación, se reza un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

María, Madre de gracia, Madre de misericordia: En la vida y en la muerte, ampáranos, gran Señora.

Oh Jesús mío: Perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Jesús es coronado con espinas. Ilustración: Martín Cuéllar.

Jesús es coronado con espinas. Ilustración: Martín Cuéllar.

Tercer Misterio Doloroso: La coronación de espinas

Meditación: «Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de Él, le hacían burla diciendo: “Salve, Rey de los judíos”». (Mt 27, 27-29)

Toma un minuto para reflexionar el texto bíblico. Relaciónalo con lo que estás viviendo y dialoga sobre ello con Jesús y con María.

A continuación, se reza un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

María, Madre de gracia, Madre de misericordia: En la vida y en la muerte, ampáranos, gran Señora.

Oh Jesús mío: Perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Jesús carga la cruz camino del Calvario. Ilustración: Martín Cuéllar.

Jesús carga la cruz camino del Calvario. Ilustración: Martín Cuéllar.

Cuarto Misterio Doloroso: Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario

Meditación: «Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucifiquen, y ellos se lo llevaron. Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”». (Jn 19, 16-17).

Toma un minuto para reflexionar el texto bíblico. Relaciónalo con lo que estás viviendo y dialoga sobre ello con Jesús y con María.

A continuación, se reza un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

María, Madre de gracia, Madre de misericordia: En la vida y en la muerte, ampáranos, gran Señora.

Oh Jesús mío: Perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor. Ilustración: Martín Cuéllar.

Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor. Ilustración: Martín Cuéllar.

Quinto Misterio Doloroso: La crucifixión y muerte de Jesús

Meditación: «Llegados al lugar llamado “La Calavera”, le crucificaron allí a Él y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”… Era ya eso de mediodía cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la media tarde. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” y, dicho esto, expiró» (Lc  23, 33-46).

Toma un minuto para reflexionar el texto bíblico. Relaciónalo con lo que estás viviendo y dialoga sobre ello con Jesús y con María.

A continuación, se reza un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.

María, Madre de gracia, Madre de misericordia: En la vida y en la muerte, ampáranos, gran Señora.

Oh Jesús mío: Perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Oraciones finales

Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima antes del parto, en tus manos ponemos nuestra fe para que la ilumines. Llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima en el parto, en tus manos ponemos nuestra esperanza para que la alientes. Llena eres de gracia…

Santa María…

Dios te salve, María Santísima, esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima después del parto, en tus manos ponemos nuestra caridad para que la inflames. Llena eres de gracia…

Santa María…

Dios te salve, María Santísima, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen concebida sin la culpa original.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

A continuación, se rezan las Letanías Lauretanas, que puedes encontrar en esta liga.

Con información de Vatican.va

 

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